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Sergio Caniuqueo: “No es fácil matar al racista que llevamos dentro”

En esta oportunidad conversamos con Sergio Caniuqueo, uno de los historiadores mapuche contemporáneos con profunda pertinencia territorial, quien ha destacado a nivel nacional por la agudeza de sus análisis en relación al conflicto del Estado de Chile con el pueblo mapuche. En esta entrevista nos entrega una serie de claves con las que podemos entender mucho mejor el problema que aqueja no tan sólo al pueblo mapuche, sino que a toda la sociedad chilena en dimensiones tales como la violencia, os espacios en que se reproduce el racismo, los Derechos Humanos, una crítica a la institucionalidad, el rol de los medios de comunicación y la posibilidad de crear instancias para una mejor convivencia entre los pueblos de chile y el pueblo mapuche, en este territorio compartido que es La Araucanía, el Wallmapu.

¿Qué vinculación puedes hacer tu de la visita del ministro del interior Victor Pérez a la región con la intervención de civiles chilenos en el desalojo de la municipalidad de Curacautín?

Una primera cosa que me llama mucho la atención es cómo Victor Pérez suprime el diálogo cuando señala que no va a dialogar con violentistas y él establece una situación de negación hacia un posible interlocutor, porque a partir de ahí se abre la posibilidad a solucionar esto de otra forma, o sea, a partir de la fuerza. Cuando tu niegas la posibilidad de diálogo estás diciendo que el camino o cualquiera otro de los caminos no pasa por la paz, sino que pasa por imponer fuerza y lamento que haya tomado esa postura en esa visita, previa a los hechos, porque esto está muy vinculado a los hechos posteriores. Creo que la gente, al sentir que no se le está dando solución a las tomas de municipalidades, sienten que quedan en la indefensión y al caer en la indefensión, ellos asumen que tienen que resolver esa situación ¿Y cómo la resuelven? Como lo vimos en Curacautín, o sea, por las de ellos: tomando la justicia en sus manos, entonces, por lo tanto, un gobierno democrático no puede, por ningún motivo, aunque no concuerde con las posturas de los otros sujetos, negar la posibilidad de interlocución. Es necesario transparentar los diálogos y establecer un debate sobre lo que se está dialogando. Un gobierno democrático debe ir en esa senda, o sea que la ciudadanía, la gente común y corriente, entienda cuál es la discusión de fondo y porqué y no suprimir la discusión y tratar de ocultarla para que la gente después actúe como mejor le parezca.

¿Cuáles son las diferencias y similitudes entre los civiles que participaron en dictadura y los civiles que participaron en las acciones que se pudieron observar este fin de semana recién pasado en Curacautín?

Yo creo que en los 70’ hay dos visiones que se encadenan. Una es el fascismo. No el fascismo como categoría despectiva y banalizada como se utiliza hoy en día, sino que el fascismo entendido como una ideología gremial que plantea un cierto tipo de orden de sociedad e inclusive un tipo de Estado dentro de la sociedad. El fascismo es una ideología conservadora que le da un papel al Estado, un papel a los gremios y por lo tanto quienes son la amenaza para el fascismo es básicamente la izquierda, el comunismo, el marxismo y la violencia que ocupan los terratenientes, los cuales incluso facilitaron sus fundos para torturar y apresar gente, en ellos primaba más el hecho de que el indígena se había polarizado hacia la izquierda, o por lo menos quienes reivindicaban justicias sociales estaban más hacia la izquierda, por lo tanto ellos estaban combatiendo en ese momento directamente al comunismo. Ahora si hay una situación racista en los 70’, así uno lo podría percibir, pero no es de la misma forma como lo percibimos el fin de semana.

El fin de semana, si bien hay similitudes en términos de creer que existe un enemigo interno y que ese enemigo interno son delincuentes y esos delincuentes tienen que ser ajusticiados, el fascismo lo planteaba en primera instancia así, pero éstos eran sujetos corporados. Patria y Libertad era un sujeto corporado y, en el caso de lo ocurrido en Curacautín –y aquí está la diferencia- son sujetos que estallan, o sea estamos ante sujetos que explosionan a diferencia de cómo lo hicieron los terratenientes en la época de los 70’ -y con esto no quiero negar que se concitaron: que pensaron esto, que lo hicieron de manera conciente. Hay un estallido de un sector popular -no olvidemos eso- que son sujetos comunes y corrientes; o sea son hijos de vecinos. No estamos hablando de inquilinos o mandados por sus patrones. Son personas que tienen una imagen racista y esa imagen del racismo la cruzan con la delincuencia; o sea, aquí no se está combatiendo el comunismo. Bajo la lógica de estos sujetos racistas se está combatiendo la delincuencia y esa delincuencia está encarnada en el mapuche, entonces el mapuche pasa a ser el delincuente y el terrorista, entonces hay una diferencia, pero si pudiéramos mencionar sus similitudes, ambos creen en un enemigo interno que hay que doblegar. En el caso del mundo fascista era el comunismo, el marxismo; y en este caso, hoy en día, es el mapuche terrorista y es por eso que mucha gente ha opinado que no era racismo, sino que era en contra de la delincuencia y no. Acá, cuando se grita “el que no salta es mapuche” se aduce que las motivaciones principales son de orden racial y secundadas por este enemigo interno que debería ser la delincuencia y que las personas creen y sienten en su fuero interno que deben combatirlo. Aquí hay personas que tienen una firme convicción de que esto hay que combatirlo. Son personas que no solamente lo creen, sino que también lo sienten. Ojo con esta palabra: lo sienten, lo sienten del alma, por decirlo así. Hay algunas diferencias y algunas similitudes, pero hacer una similitud tan a secas, también sería entrar en una caricatura y por eso mismo hay que hacer la diferenciación.

¿Cuáles son las instituciones, lugares, discursos que juegan en contra de la convivencia del pueblo mapuche con el pueblo de Chile? O, dicho de otro modo ¿En qué espacios se cultiva el prejuicio racial en el pueblo de chile contra el pueblo mapuche o los pueblos originarios en general?

Una de las características que posee el racismo, es que el racismo es un fenómeno transversal a las instituciones. Se da en todos los espacios en mayor o menor grado. En cada espacio hay una configuración de mayor o menor intensidad. Es posible que exista una posición pasiva frente al racismo, en la cual no se hable sobre el racismo y se haga caso omiso al racismo, y hay instituciones que lo promueven de alguna manera. Generalmente se piensa que donde más se incuba el racismo es en las escuelas o en las instituciones de carácter público porque son las que tenemos a primera vista, pero la mayoría del racismo se cultiva en una institución que es la familia, independiente del tipo de familia. Hay familias que no condenan el racismo y por lo tanto tienen una pasividad frente al racismo, lo cual también es peligroso y hay personas que reflexionan, pero que son las menos. Entonces, este fenómeno, forma configuraciones. En un momento uno puede llegar a pensar que está suprimido el racismo en la esfera pública y creemos que no existe racismo y sin embargo el racismo sigue manteniéndose solapado en la institución de la familia.

Por poner un solo caso: cuando llega el hispano a Chile, o llega el hispano al continente ya tenía una visión a priori de con quién se iba a encontrar y qué es lo que necesitaba de ese sujeto y lo que necesitaba era conquistar sus riquezas y conquistar al sujeto para el trabajo, sujeto que iba a ser utilizado en los procesos de producción y este tipo de racismo se mantuvo durante la colonia pero, cuando comienza la república, y esto es lo que habla Jorge Pinto como el periodo de la inclusión. Nosotros podemos ver que en el escudo de la patria vieja hay dos mapuche, podemos ver que hay cierto guiño al pueblo mapuche en “Las cartas pehuenches” de Egaña, o podemos ver esta idea cercana a lo mapuche de O’Higgins, por ejemplo, y creemos aparentemente que el racismo desapareció, pero contrario a eso en un par de décadas más aparece el racismo reformulado por Vicuña Mackenna o Amunátegui, historiadores del periodo, que comienzan con un discurso extremadamente virulento y el racismo vuelve al discurso público, entonces eso hace que el racismo sea funcional por ejemplo racializando el trabajo. Poe ejemplo, por muchos años la mujer no podía ser otra cosa que empleada doméstica. En el caso del hombre mapuche entraba a la construcción, entraba de panadero, como jardinero, entonces el racismo, incluso, se lleva a la esfera del trabajo, por eso yo mencionaba que es una situación global, no es una situación parcelada. Lo que si ocurre en cierto momento es que las instituciones suprimen, por decirlo de alguna manera, su racismo en la esfera pública, pero en otras no tienen problema en realzarlo, como lo que ocurrió desde el 2000 en adelante. Por ejemplo, la criminalización del pueblo mapuche llevó a dos situaciones concretas: uno, establecer que una demanda social podía ser judicializable y criminalizada y esto lo hizo en términos de la operación de un solo sujeto que es el sujeto mapuche, o sea ya hay una visión racial en esta operación; y la segunda tiene que ver con los medios de prensa, principalmente de los medios de prensa perteneciente a las grandes corporaciones en los cuales se crea un imaginario, porque este imaginario también termina por ser rentable en términos del tonelaje e las noticias, en términos de que la noticia vende. Vende la noticia de un mapuche terrorista, de un mapuche que prácticamente coloca en jaque todo el tiempo al Estado, de que poco se puede hacer y genera una situación dialéctica entre los medios de comunicación y el Estado que es aprovechada por ambos y esto va formando en la imagen del ciudadano común y corriente una situación de injusticia, de que el sistema no funciona y por lo tanto los mapuche aparentemente  hacen lo que quieren, o sea, son delincuentes que actúan en total libertad y, por lo  tanto, de ahí, a que estaarticulación de las organizaciones, lleva  finalmente a tomar decisiones como la que tomó la gente en Curacautín. Cuando todas las instituciones no quieren enfrentar esto, nosotros lo enfrentamos, pero las personas no se dan cuenta que han absorbido una visión del racismo y lo han incorporado en su inconciente. Esto es bastante complejo, porque en el fondo, pese a que el Estado chileno señala que no promueve el racismo, en términos de prácticas sociales sí lo hace. Cuando criminalizo una demanda de un pueblo indígena y señalo que los que en ese pueblo indígena reclaman son terroristas, son delincuentes, yo estoy haciendo una operación racista, estoy racializando una situación concreta en términos negativos y eso es lo que está operando todos los días y la gente está todos los días viendo en las noticias esta forma de operar, esta forma de práctica.

Esta ideología no es una ideología que entra mediante un discurso intencionado políticamente, sino que es una ideología que se va incorporando a través de una práctica y el sujeto va desarrollando una serie de emociones relacionadas a esas prácticas y eso es lo que hace más compleja esta situación y es por eso que las instituciones no han querido enfrenar al racismo. Lo que han hecho es callarse sobre el racismo, pero no enfrentarlo.

¿Cuál ha sido el rol de los medios de comunicación en este conflicto?

Yo creo que hay dos tipos de medios de comunicación. Están los medios de comunicación corporativos que han funcionado de una manera coordinada a ratos, otras veces a la par o en el mismo sentido con el Estado y las instituciones y han reproducido el racismo sin ningún cuestionamiento. Esa función de los medios corporativos ha sido peligroso -de hecho estamos viendo las consecuencias-, ha sido totalmente irresponsable en el sentido de que, por captar más audiencia, han explotado la imagen del movimiento de una manera que esto pareciera ser un juego por captar más lectores, entonces esta dinámica capitalista en la cual yo convierto al sujeto -y esto es lo importante: cuando el sujeto es cosificado y es transformado en mercancía para ser vendido-, este juego, es el juego perverso que han tenido los medios de comunicación corporativos.

Por otro lado están los medios alternativos que son medios que plantean una visión más crítica y entre ellos tenemos una serie de medios, que obviamente compiten en desigualdad en términos de recursos y cobertura frente a los medios corporativos, pero dentro de estos medios hay un interés por verlo todo esto de una manera un poco más crítica, pero hay que pensar que no lo logran siempre. Hay que pensar que el racismo se infiltra incluso hasta en nuestro inconciente. Hay muchas cosas que no nos damos cuenta que hacemos y que son racistas y eso es lo que le pasa a los medios muchas veces, o sea, pensar que el mapuche en la lucha es el único mapuche o cosas así, también es parte de una imagen, digamos, que no es real, porque el racismo con una cosa que juega es con el imaginario de los sujetos. También, muchas veces, puede existir un racismo, pero un racismo bien intencionado, un racismo inverso, que tata de mostrar al otro o empoderar al otro y en ese sentido también es un racismo, pero obviamente que lo vemos desde otra perspectiva. Entonces en estos medios alternativos sí hay una posición más crítica, a veces puede haber este racismo que yo te mencionaba, este racismo como en un buen sentido, o que busca relevar al indígena, pero también muchas veces construye imaginarios y también eso es complejo y es necesario profundizar más ahí la crítica.

Y existiría un tercer grupo, que es un grupo mucho más minoritario, que son los grupos militantes y que son, en muchos casos, los medios que alimentan a estos medios alternativos y estos medios militantes cumplen una gran función, pese a sus limitantes en términos de recursos, tecnología y todo eso, han logrado mostrar imágenes y situaciones que muchas veces otros medios no podrían haberlo hecho, entonces en ese sentido ellos son sumamente importantes y clave para informarse, ahora, en este sentido creo que debe abrirse un debate amplio sobre los medios de comunicación y cuál es su papel en el racismo, o sea, ese debate no está instalado hoy en día, o sea, es un debate a instalar, entonces ahí los medios de comunicación podrían tener un papel muy relevante a la hora de pensar qué hacer con el racismo, cómo enfrentarlo y cómo los medios de comunicación enfrentan el racismo y cómo también impactamos en la esfera privada de los sujetos, porque como yo mencionaba, hay un ámbito público en el cual también los medios de comunicación perteneces a ese ámbito público y hay un ámbito que es el privado, pero este ámbito privado se retroalimenta también de lo público, entonces es por ello que se tiene que generar esa discusión, esa discusión tiene que motivar a los sujetos que están en familia, que están en su espacio privado a tomar posiciones, a generar prácticas para no seguir fomentando el racismo y a revisar prácticas del sentido común y que uno cree que no es racismo, pero sí lo son. Por ejemplo, me puedo referir al humor, hay mucho humor racista que no lo percibimos, incluso hay humor homofóbico, un humor sexista que muchas veces parece muy liviano y a veces no es percibido, entonces es necesario que los medios de comunicación, al abrir el debate, comiencen a influir, comiencen a generar un punto en que el sujeto en su mundo privado comience a cuestionarse frente al racismo y esto no solamente por los mapuche; hoy en día tenemos gente migrante, tenemos otros pueblos indígenas que están en el norte y en el sur, los cuales también necesitan visibilizarse y ver como a ellos también les afecta el racismo. Chile es un país racista de Arica a la Antártica, o sea, eso es Chile, entonces Chile se tiene que preguntar, y para eso los medios de comunicación pueden instalar estas preguntas y que estas bajen al espacio privado y creo que ahí hay un papel importante de los medios de comunicación, que hasta el momento está ahí, pero no ha sido resuelto en términos de debate y el desafío es cómo lo llevamos al debate.

¿Qué factores, elementos o circunstancias propiciarían el establecimiento de lazos o puentes en una mejor convivencia entre el pueblo de Chile y el pueblo mapuche en un territorio compartido como este?

Cuando nos planteamos algo así, es que tenemos que pensar en un cambio estructural y el cambio estructural significa cambiar la forma  de cómo se hace política en este país y no me estoy refiriendo a los partidos políticos, sino que cómo funciona, cómo se constituye el poder político en el cotidiano y en sus instituciones. Por ejemplo, cuando nosotros planteamos que ese cotidiano está en base a una república, que funciona con una democracia representativa, asumimos que todas nuestras decisiones, que afectan al conjunto de la ciudadanía, pasa por un congreso, para por un ejecutivo y es administrada, cuando esto no se cumple por un poder judicial que tiene el poder de la fuerza y la legalidad y la legitimidad de la violencia, o sea, estamos pensando que cuando funcionamos en esa estructura de democracia representativa y de cúpulas y todo esto, problemas como el racismo no pueden ser resueltos desde una cúpula y eso incluye que se generen procesos de debate en la ciudadanía, pero procesos también de resolución y es ahí donde topamos con la democracia representativa, porque nuestra capacidad de resolución nosotros se la entregamos a un representante y este representante pasa a ser en términos concretos un diputado, un alcalde, un concejal, pero nosotros nos desligamos de esta discusión. Entonces, para que esto pueda ser resuelto, para que esto pueda ser trabajado de manera transversal tanto en las instituciones como en la vida privada, tiene que haber otra estructura de orden del país y esa constitución involucra una definición de democracia deliberativa, o democracia directa que hace que el ciudadano común y corriente participe de cabildos, participe de este tipo de preguntas, o sea, cómo, desde lo local, desde lo barrial, podemos combatir situaciones como el racismo podemos resolver conflictos y dentro de todos estos conflictos que tenemos está el conflicto con el pueblo mapuche y cómo se resuelve ese conflicto, cómo le damos salida, porque podemos entregar muchas tierras pero es probable que nunca resolvamos el problema del racismo, porque una cosa no tiene que ver con la otra. Podemos entregarle tierras a los mapuche, podemos entregarle autonomía a los mapuche, pero  la percepción racista persiste y sigue funcionando ¿Entonces cómo desmontamos el racismo? Desmontando toda la estructura y construyendo una estructura que el racismo se albergue en algún lugar y para eso es necesario un proceso donde las personas participen, discutan, donde las personas puedan discutir también al interior de su espacio privado, al interior de sus familias, al interior de sus amigos y no se sienta que va a ser presionado por discutir estos temas o porque no corresponda. En ese sentido, creo que es la única manera; porque lo otro es publicidad, o sea, “Estamos contra el racismo” y colocar cuestiones de negro o clocar un slogan como “La vía mapuche” terminan siendo marketing o publicidad, pero a la hora de los aspectos concretos eso no desarma el racismo, porque el racismo está internalizado en los sujetos, en el individuo. Está en el inconciente, y una vez que el sujeto se vuelve conciente tiene que darle un sentido al racismo, de decir “¿Por qué yo utilizaba esto?”, “¿Esto, dónde va a quedar?”, pero cuando hace eso también el tipo está desechando un montón de seguridades tras las cuales actuaba, o sea no es tan fácil cambiar la mentalidad de un sujeto. Ese sujeto debe tener alternativas y esas alternativas se construyen en el medio humano en el sentido de que se construyan soluciones culturales, entonces en esas soluciones culturales van a haber formas de cómo extirparnos al racista que llevamos dentro y van a haber múltiples situaciones donde lo resolvamos para que el racismo no sea parte constitutiva de nuestro sentido común. Como en el tema del feminismo, que todavía falta mucho, pero hoy en día las personas son mucho más concientes de lo que es un acoso, de lo que es la violencia contra la mujer, lo que es la violencia simbólica, entonces esto mismo tiene que darse, pero tenemos que construir un camino, tenemos que construir alternativas y esta estructura de Estado que tenemos no ayuda en términos concretos porque todas las responsabilidades y todas las discusiones pasan por un sujeto otro, no por uno y eso es lo que tenemos que cambiar en este país, por ejemplo una asamblea constituyente y una nueva constitución podrían colaborar en el proceso. Ojo: podría colaborar, podría ayudar si es que la discusión es la correcta, que es ahí donde se tiene que colocar el acento: cuáles van a ser esas conversaciones, cómo lo vamos a hacer, cómo hacemos que el ciudadanos participe del debate, eso es importante: cómo es ciudadano común y corriente debate al interior de su privacidad y cómo vamos dotando en escuelas a los niños de habilidades ara la convivencia, de habilidades para el debate, de habilidades para la construcción de argumentos, o sea, todo eso tiene que transversalizarse. Es plantearse una democracia directa, plantearse una democracia deliberativa implica que esto va a cambiar tanto en la familia y en el resto de las instituciones y eso es lo que tenemos que tener en vista. El racismo no lo vamos a cambiar diciendo que el racismo es malo, porque llevamos siglos diciendo eso y el racismo no cambia, o sea, el racismo se puede parapetar más en los espacios privados, pero no desaparece y vuelve a aparecer y vuelve a la escena pública en ciertas coyunturas cuando hay descontento social porque el racismo funciona también como un elemento explicativo, o sea, por ejemplo “no tenemos trabajo, porque los inmigrantes nos quitan el trabajo”, lo cual no es tan así, entonces, ojo, nosotros utilizamos el racismo para explicar situaciones cotidianas: el tema del trabajo, el tema del porqué la sociedad está como está y todo eso uno lo puede explicar de manera inconciente con el racismo, porque la culpa siempre es del otro y yo, como no tomo las decisiones trascendentes, sino que las toma un delegado, por lo tanto no me hago cargo de nada, entonces esa mirada es la mirada que hay que deconstruir, esa es la mirada que hay que reformular, entonces yo creo que es ahí donde tenemos que partir y para mi es de vital importancia que discutamos una asamblea constituyente, que discutamos una nueva constitución para el país, no simplemente para ganar derechos, sino para discutir cómo los ejercemos, cómo los ponemos en práctica, cómo se hacen cotidianos, cómo se hacen parte del día a día. Esa es la verdadera discusión. No las formalidades del derecho, no las formalidades de la institucionalidad; sino en cómo posibilitamos  que esa discusión nos ayude a discutir lo que nos rodea, que es el barrio, que es nuestra familia, que es la ciudad y cómo nos hacemos responsables de todo eso y yo creo que es ahí donde el racismo nos va a topar y no nos va a servir como explicación, pero como decía, no es fácil matar al racista que llevamos dentro.

Fotografía: Retrato de Sergio Caniuqueo, Carlos Valverde.

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