Pensando En Voz Alta

Retratar a un imbécil.

Aparece a los ojos de cualquier espectador como un ser engalanado hasta decir basta, cuyo rostro, elemento en que se concentra el género del retrato, proyecta imbecilidad, retraso y estupidez.

Fernando VII, rey de España, considerado unánimemente como un déspota, cruel, tirano, oportunista y mentiroso por casi todos los historiadores de la primera mitad del siglo XIX que lo abordan en sus investigaciones, tuvo por gracia el haber contado nada más ni nada menos que con don Francisco de Goya y Lucientes como pintor de cámara, quien le realizara múltiples retratos.

Si bien es cierto Goya puede prescindir de toda presentación, debemos considerar a su favor ser uno de los más grandes artistas de todos los tiempos, sólo comparable con Caravaggio, Velázquez o Rembrandt, y que gracias a su talento, podemos decir que abrió camino a las nuevas corrientes del arte, especialmente al impresionismo y expresionismo, los que estaban incubados en sus pinceles.

Muchos de los que se han detenido en su genio, han reparado en un aspecto que ha gatillado muchas discusiones y es el que se relaciona con la dimensión supuestamente irónica que aplica a los retratos de Fernando VII, quien aparece a los ojos de cualquier espectador como un ser engalanado hasta decir basta, cuyo rostro, elemento en que se concentra el género del retrato, proyecta imbecilidad, retraso y estupidez.

Permítaseme contradecir la tesis que postula la ironía de Goya para con su retratado. Es imposible que la corte y el mismo rey no hayan visto con antelación las pruebas, croquis y bocetos que luego se llevarían a la tela por el pintor, por lo que pienso que el mismo modelo, en este caso Fernando VII, dio el vamos a no tan sólo uno, sino que a varios retratos realizados por el famoso aragonés.

Pero la historia vuelve a repetirse, ahora en la persona de nuestro Presidente de la República don Sebastián Piñera Echeñique, quien haciendo gala de su poder, orquesta una visita a la Plaza de la Dignidad para hacerse un retrato en el lugar insigne de la protesta y revuelta social con la malamente oculta intención de posar como un vencedor en el enfrentamiento con las fuerzas sociales, pisoteando su dignidad.

Este acto -por la situación en la que se encuentra el país, donde las personas están llamadas a acatar un dictamen de cuarentena emanado por el mismo gobierno que él preside- es uno déspota, cruel, tirano, oportunista y mentiroso, que sólo deja ver la personalidad de nuestro mandatario que padece de una incontinencia de figuración y protagonismo que no conoce límites y que es reflejo de su abismante torpeza comunicacional.

En este caso puntual es que no tenemos dudas de que nuestro mandatario ordenó montar la locación en la que se retrataría, donde el fotógrafo obturó me imagino varias veces distintos tipos de planos, imágenes que deben pertenecer al archivo nacional de la imbecilidad, el retraso y la estupidez que casi todos los chilenos, menos los grandes empresarios, pagamos con nuestros impuestos. Ahí tienen a nuestro Fernando VII.

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