Entrevista directa política

Pedro Cayuqueo: “Propuestas mapuche para problemas de todos”

En esta oportunidad conversamos con el periodista y escritor Pedro Cayuqueo, uno de los intelectuales mapuche más importante de la actualidad, que destaca en el mundo literario nacional con sus crónicas y columnas que siempre enriquecen, estremeciendo, las bases identitarias del país: “Nuestra lucha no es contra los chilenos, es contra una idea de Chile que también hizo crisis en octubre de 2019”, nos recalca, mostrándonos un Wallmapu de historia diversa, abierta, de intercambio, desde donde esgrime una propuesta inclusiva de autonomía.

¿Qué análisis tienes de los hechos ocurridos este último tiempo en La Araucanía, que incluye el incremento de la militarización en el territorio, la participación de civiles en las acciones contra comuneros movilizados y el incremento de hechos de violencia contra la propiedad mapuche y chilena en zonas rurales?

Es el eterno deja vu de un conflicto que pareciera no tener solución. La huelga de hambre, cuya legitimidad como forma de protesta me parece incuestionable, es el ejemplo más dramático de la retirada de la política, es decir, de la nula capacidad y voluntad del Estado de zanjar las controversias con nuestro pueblo vía el acuerdo político y la negociación. La violencia siempre será la derrota de la política y cuando esta adquiere ribetes raciales como sucedió en Curacautín es obligatorio encender una luz de alerta. Para mi fue un episodio triste, lamentable, doloroso inclusive pues quienes trabajamos en el mundo de la cultura creemos fervientemente en el diálogo entre culturas. Por supuesto hay quienes querrán azuzar el enfrentamiento étnico, puede incluso sea la apuesta del latifundismo regional y cierto sector del gobierno que busca alinear sus huestes de cara al proceso constituyente. No olvidemos que la región es un bastión electoral de la derecha dura, en especial las comunas donde se asentaron los colonos europeos en la década de 1880, me refiero a Traiguén, Angol, Victoria, Ercilla y Curacautín, entre otras. No debemos los mapuche caer en esas provocaciones. Nuestra lucha no es contra los chilenos, es contra una idea de Chile que también hizo crisis en octubre de 2019. El estallido social fue el despertar winka de una larga borrachera neoliberal y pese a la pandemia es un malestar que observo sigue muy presente. Para mi la pandemia profundizó ese descontento al desnudar las precariedades del modelo económico e institucional y para los mapuche sin duda trata de una buena noticia. Permite abrigar la esperanza de que a futuro no estaremos tan solos en esta ya larga lucha. 

En un momento como este en que se denuncia el racismo en Chile ¿Cuáles son los puentes, vínculos, espacios en los cuales el pueblo de Chile y el pueblo mapuche se encuentran? ¿Es posible hablar de una cultura común en el Wallmapu?

El Wallmapu siempre fue un territorio de cruce cultural, de intercambio, comercio, parlamento, un territorio lleno de vida. Cuesta imaginar hoy pero en su etapa independiente fue un gran espacio geográfico donde circularon personas y mercancias, culturas foráneas y también otras lenguas. Esto último está muy presente en los préstamos lingüísticos que existen desde antiguo en el mapuzugun; quechua, español, cunco, aonikenk, todo ello da cuenta de una sociedad mapuche capaz de interactuar con otras. Las relaciones fronterizas están bastante estudiadas por la historiografía y todos los autores, incluido Villalobos, dan cuenta de esta riqueza intercultural. Incluso en las postrimerías de la invasión militar consta que cientos de chilenos y argentinos recorrían el Wallmapu en caravanas comerciales,  misiones diplomáticas o de exploración científica. También había peones winkas que trabajaban en haciendas de importantes lonkos y ulmenes, aventureros en busca de fortuna, forajidos escapando de la justicia, etcétera. De ello dan cuenta infinidad de relatos de viajeros que retratan el paisaje social de este Wallmapu del siglo XIX. ¿Qué trato de decir con esto? Que convivencia pacífica si existió en el pasado, está documentado. Si algo caracterizó a la cultura mapuche fue la convivencia interétnica, el intercambio, el cruce cultural, algo común en sociedades de comerciantes, no olvidemos que fue el negocio ganadero y no el trabajo de la tierra nuestra principal ocupación por varios siglos. Nuestra idiosincracia hospitalaria, amigable, cercana con el otro, sin duda es herencia de aquella época. En esos principios y valores culturales está el puente para una convivencia y, por qué no, para una cultura común con los chilenos en el Wallmapu. 

¿Desde tu reflexión, cuáles son los mecanismos, modelos, instituciones, con las cuales es posible implementar la autonomía indígena y mapuche en La Araucanía?

Yo adhiero a la idea de una propuesta de autonomía regional pluriétnica, es decir, un modelo autonómico para la Araucanía siguiendo el modelo de las comunidades autónomas de España, al estilo de Catalunya o el País Vasco. Es decir, un autogobierno para el País Mapuche. Es una propuesta que data de los años noventa, originada en el Centro de Estudios Mapuche Liwen y que aterrizó muy tempranamente esta idea de la “autonomía” a una propuesta política concreta. Hablamos de un tipo de federalismo atenuado, un macroterritorio con un estatus político-administrativo diferenciado del resto del país, con parlamento propio, autoridades electas, presupuesto local, etcétera. Me gusta porque incluye a toda la población regional, mapuche y chilena, y genera una comunidad política donde podríamos disputar el poder y aspirar también a ser gobierno. Hay otros modelos, por cierto. La autonomía, que es el ejercicio de la autodeterminación interna, no confundir con separatismo o secesión, también puede ser a nivel de lof, a nivel de comunidades, incluso a nivel de futalmapu si se quiere recuperar y fortalecer una estructura social propia. También se puede partir de lo ya existente en la ley indígena, por ejemplo las Áreas de Desarrollo Indígena podrían ser laboratorios de traspaso de competencias a las jefaturas mapuche locales, en fin, hay infinidad de fórmulas que se podrían explorar. Lo relevante es que es un camino posible de transitar, hay muchísima experiencia comparada; la Comarca Kuna en Panamá, la autonomía miskito en la Costa Atlántica de Nicaragua, los resguardos indígenas en Colombia o el autogobierno de las tribus en Estados Unidos y Canadá. El desafio es lograr que sea una demanda compartida por la población chilena en Wallmapu, no solo una aspiración mapuche. A ellos hay que explicarle que autonomía no es partir Chile por la mitad, es básicamente traspaso de competencias y descentralización efectiva, un mejor vivir para todos y todas, sean mapuche o no los habitantes del territorio.

Para los próximos meses, ¿qué expectativas y situaciones visibilizas en el Wallmapu y las regiones qué comprende en Chile?. ¿Imaginas salidas o alternativas a la situación actual de procesamiento de comuneros y acciones de violencia contra la propiedad y el capital privado?

Estamos en el punto de mayor deterioro de las relaciones entre el Estado y nuestro pueblo, con las confianzas por el suelo y una huelga de hambre que ha sido pésimamente abordada por la actual administración. Yo en verdad no espero nada del actual gobierno, lo escribí en una reciente columna, el segundo mandato de Piñera ya terminó, políticamente murió tras el estallido social y parafraseando a un ex mandatario creo que serán otros hombres y mujeres los que van a superar este momento gris y amargo. ¿Qué nos queda por delante? En lo inmediato el plebiscito y la constituyente, dos oportunidades muy valiosas para encaminar este conflicto por otro carril, uno donde las luchas del pueblo chileno y las reclamaciones mapuche se puedan encontrar, puedan dialogar y consensuar un piso mínimo aceptable. Se requiere un nuevo pacto, una nueva relación y qué mejor espacio para discutir aquello que una asamblea constituyente inédita en la historia republicana de Chile. Yo sé que algunos mapuche no creen que sea relevante la constituyente, desconfían de la instancia y plantean más bien el ejercicio del derecho a la libredeterminación de muto propio. Está bien, es legítima esa postura, pero también lo es aquella que busca ser parte activa y no restarse de lo que viene. Son posiciones no excluyentes que apuntan finalmente hacia un mismo objetivo: allanar el camino para que en un futuro no tan lejano los mapuche podamos ir tomando las riendas de nuestro propio destino.

¿En este mismo sentido, cuáles son los desafíos políticos y discursivo del movimiento mapuche para avanzar en sus demandas?

Hay que partir por un dato de la realidad: los mapuche no tenemos poder, ni económico, social, político ni cultural, mucho menos militar y ello nos vuelve actores de segundo o tercer orden frente al Estado y las élites winka. Cuando tuvimos poder económico, político y especialmente militar, fuimos reconocidos como contraparte política. Ello fueron los Parlamentos, un reconocimiento de la corona española a un otro con el cuál era preferible pactar a tener que guerrear eternamente. Chile también lo hizo en Tapihue en 1825, pasa que después nos invadieron y del derecho de gentes, del derecho internacional que regulaba esta relación, pasamos directo al derecho penal. De guerreros a delincuentes. Llevamos un siglo y tanto entrampados en ello. Que sea una huelga carcelaria la que hoy pone el tema en la agenda pública dice mucho de este déficit de poder mapuche. ¿Qué hacer al respecto? Es una buena pregunta y su respuesta plantea desafíos de articulación, de alianzas, de mayores grados de consenso entre las propias organizaciones mapuche. En primer lugar, avanzar hacia un frente común, uno capaz de respetar nuestra diversidad interna, ya sea a nivel de liderazgos públicos o de estrategias de lucha frente al Estado. Volver a parlamentar entre nosotros es clave. Que vuelvan los Füta Trawün, las grandes juntas de antaño. Hay una memoria antigua que debemos recuperar. En segundo lugar y de cara al proceso constituyente debemos ampliar el alcance del discurso mapuche de modo que también haga sentido en la sociedad chilena. Hay mucha propuesta mapuche para problemas mapuche y poca propuesta mapuche para problemas de todos. Puede que sea el mayor desafío discursivo que enfrenta la dirigencia actual, ser capaces de proponer también a los chilenos solución a sus demandas, satisfacción a sus aspiraciones. Propuestas mapuche para problemas de todos, hay que madurar un discurso político en esa dirección.  

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