Pensando En Voz Alta

La familia y sus dueñas de nada.

Por Fanny Campos Espinoza

Titulo estas palabras con un verso del poema “Último deja Vù”, del reciente libro que he publicado, “Ruleta Rosa” (Lom, 2019), y que va a cumplir un año justamente este 21 de marzo, mientras yo me encontraré probablemente celebrando mi cumpleaños de vida número 40, “la paridad de género”, la “Ley Gabriela”, el “estallido social” que se propulsó con el “Mayo Feminista” del 2018, el 8M que seguro será aún más potente que los maravillosos últimos años en las calles chilenas, dando paso a posibilidades que nunca imaginé poder estar viviendo, pues la mitad de mi existencia me la pasé en el siglo pasado, 20 años en el siglo XX, nacida justamente durante la dictadura que instauró a punto de fusil el sistema neocapitalista que nos rige hasta la fecha.

Así que celebro, aunque estoy consciente de nos queda tanto, nos queda todo por delante, mientras exista “La familia/ y sus dueñas de nada” como “pilar fundamental/ de esta violencia/ llamada Chile”.

Desde Silvia Federici y otras teóricas feministas, tenemos claro que “mujeres trabajadoras” nos incluye a todas las mujeres de nuestra clase trabajadora; ya no sólo las obreras y asalariadas, además de las trabajadoras informales y muy precarizadas en los campos y ciudades, sino también todas las personas que realizamos labores domésticas, maternales y de cuidado, sin percibir un sueldo a cambio (por lo general mujeres), en uno de los trabajos más duros y necesarios para la sociedad, en una suerte de esclavitud de rol de género, a jornada completa 24/7, que en la mayoría de los casos se vive como una jornada paralela o doble jornada.

Acá les dejo una selección de versos tomados de poemas de la antología Poesía en Toma (Ediciones Punto G, 2019), dedicados a las mal denominadas “dueñas de casa”  sin casa, que en verdad en estas sociedades patriarcales somos “dueña de nada”, de loza  sucia, de ropa ahumada por lavar, de pañales por cambiar, de camisas por planchar, “sin jamás internalizar el sistema/ las costras de nuestras agrietadas manos/ el calcio extraído de nuestros huesos/ la entraña rota en los partos u ocultos abortos (…)

Las mujeres hemos nacido “con las magulladuras de unos grilletes/ tobillo afiebrado proyección de una sangre/ que se desea como mero utensilio// para servir, para otorgar, para ceder”… como se lee en el poema Nacer de Angélica Panes; quien en “De una, de nosotras, escribe “(…) y te vas criando como mujer sin deseos/ mano de obra limpia y hacendosa/ creciendo entre gañanes que sin pudor/ te apuestan en el ruedo de sus fascinaciones/ cuatreras y engalanadas con aires de bendición// mandato claro para alguien que se crió cumpliendo órdenes.”

Ante siglos y siglos de sumisión frente a este rol impuesto por el patriarcado, cómo no  habremos de estar hartas. Así, dos de nuestras compañeras poetas, sin siquiera conocerse antes, coincidieron en reescribir el famoso poema de Pablo Neruda, Walking around: María José Rivera Oyarce, desde Coquimbo, escribió en su libro “Eva y su cuaderno de gestos” (Fondo editorial Manuel Concha, 2013):  “Sucede que me canso de ser hembra (…) El dolor y paraíso se conjugan en mí/ mientras sangro mes a mes/ mi aterradora condición de útero” (Walking around II), mientras que Dilcia Mendoza, desde la población La Legua de Santiago, en su texto “Sucede”, poetiza: “Sucede que me canso de ser madre y tirar una yunta de bueyes… (…)/ sucede que me canso de ser esposa y ser responsable de todo y de todos, /(…)/ sucede que me canso de ser esclava y que otros cobren mi sueldo,/sucede que me canso de ser domestica 58 horas diarias..

En un tono más irónico, Paloma Griffero Pedamonte y Macarena Reyes, escriben: “Ya no quiero tener que recibirte,/ todas las tardes/ servicial y diligente,/ cuando me pasé el día entero/ cuidando tus hijos, / limpiando la casa,/ lavando ropa, / cambiando pañales,/ jugando con los niños,/ cocinando, / Haciendo tareas, / comparando en el almacén,/ (…) sonriendo, sonriendo, sonriendo!/ (…)/ Voy dejar descansar mis manos delicadas, / debajo de esta piel callosa/ voy a dejar descansar mi vagina de ti/ voy a descansar de la maternidad/ voy a descansar… y voy a andar con cala de culo.” (Hoy quiero andar con cara de culo, de Paloma Griffero)

“(…) al cocinar, creo sistemas educativos comunitarios/ cuando limpio el baño, castigo a los políticos corruptos/ limpiando las ventanas, invento métodos de lucha social(…) y al tener la casa limpia, ya la tengo súper clara… Revolucionaria puertas adentro.” (“Revolucionaria” de Paloma Griffero)

Dicen que las conejas gozamos sacrificios fálicos/ y a la vez solemos cumplir con la productividad/ de una economía perversa/ que por horas de trote se nos compensa en zanahorias/ y por horas de sexo, en conejitos.” (Reyes, Macarena. “Las Conejas”)

No obstante, festejo que le estemos dando la vuelta a todo esto. Con lo que fuimos, con nuestra cadena de ancestras y sus dolores en nuestros árboles, o como dice la joven poeta Válery Rojas, con esa: “hilera de mujeres a lo largo, como un muro (…)” como ese colosal que nos persigue, que “son todas las madres y abuelas”/ que es ese “vacío entre las piernas”,  ese un “colosal vacío y triste” que la  persigue.

Con toda esa rabia acumulada en las venas por siglos, estamos hoy juntas cambiándolo todo. Y escucho cómo recita Karimme Morales, poeta de la zona interior de la región de Valparaíso, su poema “Ramilletes en la revuelta” y me revuelve todo:

Mi única certeza es recordar/ que nuestra carne se ha ido anudando en el amparo clandestino/ de nuestras madres/ conjugando sus nombres y sus silencios/ entre nuestras consignas y ruidos/(…)/ Y fuimos, /pequeñas, alguna vez,/ arrancadas de ramilletes simientes/ entre las cientos y miles de mujeres ramilletes/ adornando comedores, cocinas y jardines/ en silencio/ (…)/ y somos,/ el grito modulado de mil bocas insolentes/ ramilletes en la revuelta.”

Y escuché recitar a Macarena Reyes en Grito de Mujer y luego en una de las tomas de la U. de Chile su poema  “Conejas”  y la amé para siempre: (…) desde ahora en adelante/ parecerá que nada ha cambiado/ pero sepan que durante la noche, mientras los niños duermen/ y los hombres se reponen/ se está tejiendo/ la revolución de las conejas…

Así que yo celebraré todo este marzo, aunque sé que no debemos bajar la guardia, que aún queda mucho por deshilar y volver a tejer; pues durante las movilizaciones de los últimos tiempos, tal como nos lo recuerda Sofía Brito: “(…) al final/ fuimos nosotras/ las que fueron a servir la comida para que siguiera la asamblea (…)/ Y al final/ fuimos nosotras/ las que recogieron la basura después de la protesta.”  (“Agenda Mujer”)

Así que muy atentas frente a les compañeres que se dicen feministas y no lavan ni su taza; atentas para que “Nunca más sin nosotras!”, porque “La revolución será feminista… o no será”, tal como gritamos en las calles estos últimos años, y como gritaremos a todo pulmón este nuevo 8M, hasta que el patriarcado caiga y “la dignidad se haga costumbre”.

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