Pensando En Voz Alta

El ministro sí tiene quien le escriba.

Se suman casos, se restan contagiados, se suman muertes, se suman asintomáticos… nadie sabe qué pasa realmente. Hace tiempo que el liderazgo político en nuestro país ha decaído, y no por asuntos particulares de gobierno, sino que simplemente porque los asesores no son realmente pasteleros.

Es rara la pandemia, pero más rara es la manipulación de información. Ya quedó demostrado en la primera parte de nuestro estallido social que los medios masivos de comunicación tradicionales mienten. Sí, esa es la palabra: “mienten”. Se mostraron protestas que nunca existieron, datos alterados sobre daños estructurales y peor aún, soluciones que nos afectarían de manera directa, como por ejemplo el alza de algunos impuestos. En base a esto, está muy claro que los ministros son únicamente la representación física de todo el conglomerado de ideas desfavorables para la sociedad que existen y se debaten detrás de ellos.

La idea de reabrir el comercio por ejemplo, para no sufrir un colpaso económico, no fue del presidente, sino de los “otros presidentes” que existen en nuestro país… perdón, en este “su país”. Ideas de aquellos que gobiernan sin elecciones democráticas,  que dirigen bajo el anonimato, esos que trabajan por su Chile mejor. Y lo mismo ocurre con el ministro de salud, quien, junto a la gente que lo protege (porque eso dijo en tono amenazante cuando encaró a un periodista aquella vez),  manipulan los datos de manera voraz. Cada vez que lo escucho hablar recuerdo a Corleone cuando dice: “le haré una oferta que no podrá rechazar”. Y claro, eso es, una oferta que no podemos rechazar, ya que no nos queda otra que creer en la información de la cual dudamos.

Toda la asesoría de paneles de expertos relacionada con la salud, más que médicos son empresarios, los cuales saben que la muerte de las personas es inminente, pero no así la de sus empresas. Ya lo dijo Carlos Soublette – gerente general de la Cámara de Comercio de Santiago – : “No podemos matar la actividad económica por salvar vidas, después lamentaremos que gente muera de hambre”. Una vez escuchado esto, no me queda más que pensar en la mayoría de la sociedad y su no culpabilidad, ya que los culpables son los asesores, que no miden las consecuencias de sus órdenes.

Hoy, cuando vi la muchedumbre inocente comprando en La Vega, recordé a Galeano y su poema Los Nadies, el cual termina con un verso que nos representa muy bien en este momento: “Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”.

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