Pensando En Voz Alta

Chile Vamos: la estrategia del miedo

Por Hugo Gutiérrez, Diputado de la República.

El pueblo movilizado puja por otro orden social, lo que atemoriza a la elite y sus privilegios. Para los que tienen el poder es un tiempo del miedo, por el estallido social pasado, por el que vendrá, pero sobre todo por el cambio posible en las reglas del juego: una eventual Nueva Constitución Política y un nuevo régimen político. La demanda tiene una base legítima por parte de los excluidos del modelo, apresados en el abuso, la discriminación y las deudas. Todo el bloque político de Chile Vamos y amplios sectores del empresariado detrás, apuestan por la continuidad, pues no tienen más que ofrecerle al país; no hay más discurso, no hay más argumento, solo estrategias y argucias para evitar el pronunciamiento mayoritario de la sociedad.

Quedan dos meses para el plebiscito por una Nueva Constitución, el bloque gubernamental cierra filas por la conservación de la actual Constitución y en su gran mayoría votará por el rechazo. La derecha y la oligarquía, movidos por su propio miedo, desatan una campaña de amedrentamiento y temor en la población intentando ofrecer una imagen oscura e incierta si se aprueba una nueva Constitución. Aprobar una Nueva Constitución es el caos; el sistema político, el modelo económico y la convivencia democrática se vendrá al suelo, serán sus dichos. La elite está asustada, alega que no se puede legislar para la galería ni la calle, es decir la mayoría; porque ellos legislan para la minoría que tiene el poder y financia sus campañas.

La derecha usa y ha usado diversas estrategias para frenar el cambio y sortear las crisis. El Ejecutivo ha recurrido en varias ocasiones al recurso del acuerdo político (o social) de los partidos que tienen representación institucional, cuando quiere evadir las demandas ciudadanas, como ocurrió en noviembre de 2019. Sin embargo, la estrategia de los acuerdos sociales de la elite también se agota y todo hace proyectar que las crisis políticas y los conflictos sociales continuarán con desenlaces imprevistos y no deseables para una buena convivencia democrática; es lo que se constata dramáticamente con la situación del pueblo mapuche y la reacción del Ejecutivo con el estallido social, cuando concurre con las fuerzas armadas y el estado de excepción.

Chile Vamos busca impedir o deslegitimar el plebiscito.  Es claro que el oficialismo fue obligado por la protesta social a ceder a cambios constitucionales; desde su lógica el armado institucional de Jaime Guzmán era intocable. En consecuencia, ahora proponen exigir un porcentaje mínimo del padrón electoral para darle legitimidad, algunos van más allá pidiendo revisar las decisiones tomadas sobre su realización, usan el efecto de la pandemia como interrogantes sobre la conveniencia y seguridad para su implementación. El nuevo gabinete UDI, es un gabinete del rechazo; es decir intentarán colocar todos los recursos posibles del Estado y del gobierno al servicio de su postura. Entienden la magnitud del desafío, temen lo que va a ocurrir cuando la gran mayoría del país apruebe cambiar la Constitución; se desnuda y transparenta el carácter poco democrático de esta derecha política.

La pandemia fue un respiro para el gobierno. El virus metió en sus casas a la población y se despejaron las calles de la movilización social; el gobierno lo festejó como un triunfo con Piñera retomando el control de la Plaza Dignidad en la capital del país.  El 18 de octubre tuvo la virtud de poner la relevancia política en el pueblo movilizado y en las calles; la estrategia mediática durante la pandemia busca revertir esta situación. Vuelve el protagonismo a los expertos y sobre todo se busca dar nueva legitimidad a los rostros y personajes del neoliberalismo, a parlamentarios, alcaldes, dirigentes de partidos, ministros; todos los cuales habían desparecido de la escena pública, también de las calles, repudiados y cuestionados por la inmensa mayoría de país.

Es claro que la actual Constitución es antidemocrática en su origen, hija de Pinochet y Jaime Guzmán, fue aún más evidente en el transcurso de estos 30 años, en que operaron los cerrojos para negar mayor democracia, ella no sólo obstruye los cambios para mejorar la vida del presente, sino además es una barrera para cambiar el futuro. También es cierto que las tremendas inequidades, la gran concentración de la riqueza sustentada en procesos de expropiación y privatización de derechos, bienes y servicios colectivos por parte de la oligarquía, la antigua y la nueva que se enriqueció -entre ellos el actual presidente- durante la dictadura con el robo al Estado y la entrega de soberanía nacional – en el caso de nuestras riquezas nacionales- sólo fue posible por el modelo político y el sistema institucional pinochetista.

Un tiempo se promovió la idea que el abstencionismo electoral se debía a la ausencia de conflictos en la sociedad, que no había grandes relatos en disputa, que vivíamos en un gran consenso nacional, que el desarrollo social y económico no requería de la política para seguir avanzando. Eran los tiempos del oasis de Sudamérica. Ahora podemos afirmar categóricamente que detrás del poco involucramiento ciudadano en las elecciones hay una falta de confianza en la institucionalidad, por un lado, y falta de legitimidad del sistema político, por otro, se confirma que este modelo institucional nacido en dictadura no muestra pertinencia para favorecer el desarrollo democrático de nuestro país. Lo que viene será mejor, estará en sintonía con lo que las mayorías nacionales aspiran y han expresado; se hace necesario superar las estrategias del miedo y desconfianza que siembra la derecha, para que chilenas y chilenos, vayamos con esperanza y entusiasmo a cambiar la Constitución y podamos participar y proponer la carta fundamental que necesita el país.

Mostrar más

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba
Cerrar