Entrevista directa

Patriarcado, colonialismo y militarización en La Araucanía. Una perspectiva feminista.

Todo el mundo sabe lo qué es el feminismo. Ya no son algunas “brujas-locas-antihombres”, sino que las jóvenes se identifican y se llaman feministas aunque no sepan o no conozcan la historia del feminismo, cualquier mujer te dice que es feminista en la cola de un supermercado, o sea, en los matinales te hablan de feminismo, por lo tanto esa es una gran conquista porque ha logrado que el feminismo sea algo que tenga que ver con nuestra vida cotidiana y no como algo lejano que sólo un grupo de mujeres sabía de lo que se trataba.

En esta entrevista de www.directa.cl con la periodista Sandra López Dietz, Doctora en Procesos Sociales y Políticos en América Latina de la Universidad ARCIS y actual directora de la carrera de Periodismo de la Universidad de la Frontera, conversamos sobre el movimiento feminista, la noción de género, las condiciones actuales y los desafíos del feminismo y de cómo podemos hacer una lectura de este movimiento desde y para La Araucanía.

¿Tu podrías acercarnos un poco a lo que significa lo que es un enfoque de género, el feminismo y otros conceptos como discriminación, por ejemplo?

Bueno, cuando hablamos de feminismo hablamos básicamente de un movimiento social, de un movimiento político que tiene una larga historia, que tiene precursoras antes de que se llamara feminismo como tal, que se arraiga de alguna forma en el proceso de la revolución francesa cuando se define que las mujeres van a ser excluidas de la ciudadanía y sus derechos políticos  y desde allí algunas mujeres que habían luchado en aquella época por que las mujeres fueran consideradas ciudadanas, empiezan a desarrollar un pensamiento que luego decanta en lo que llamamos pensamiento y movimiento feminista. O sea, hay un pensamiento y un movimiento feminista que están articulados. Movimiento pero a su vez pensamiento que va fundamentando los argumentos del feminismo. Ese movimiento social ha tenido un desarrollo de gran masividad en este momento. Se habla de las olas feministas para dar cuenta de los momentos que tuvo un mayor desarrollo.

Fue en el movimiento feminista en que las mujeres lucharon a fines del siglo XIX y a principios del XX por los derechos políticos, por la conquista del derecho a sufragio. Posteriormente, en los años setenta, una segunda ola que tiene que ver con los derechos sexuales y reproductivos por este cuestionamiento de las mujeres a que no es nuestro ámbito natural sólo el hogar; se habla de que lo personal es político. Se empieza a poner en cuestión también la vida personal, las relaciones de pareja, la sexualidad y una de las principales exigencias tenía que ver con el derecho al aborto, el control de la natalidad y lo que luego se llama una tercera o cuarta ola y hay un debate ahí porque luego hay una corriente teórica que empieza a plantear el tema del género como noción más que de “las mujeres”, lo que se dice del género, al que me voy a referir después, y lo que actualmente estamos viviendo, que tiene que ver con la lucha del movimiento feminista a nivel por lo menos mundial y sobre todo occidental, que tiene que ver con plantear esta idea de la violencia de género como eje, no. Esto del “ni una menos” como emergente y el mayo feminista que vivimos el 2018, con un pensamiento -con autoras clave como Simone de Beauvoir, como Angela Davis, actualmente Rita Segato, Silvia Federici, hay muchas autoras-, ha logrado que las mujeres en distintos momentos avancen también en conquistar espacios, o también obviamente a luchar cuando hubo retrocesos.

La noción de género que hoy está muy en boga tiene más que ver con empezar a cuestionar, tanto dentro de feminismo y ahí citamos sobre todo a Simón de Beauvoir que en el año 47’ publica un libro que se llama “El segundo sexo” donde plantea esta idea de que no se nace mujer si no que se llega a serlo, de alguna manera dando cuenta que lo que se considera femenino no es algo natural –ser madre, estar en el hogar-, si no que tiene que ver -ser sentimental por ejemplo- en cómo la sociedad espera que sean las mujeres y qué tiene que ver con la estructura que es el patriarcado, que jerarquiza al varón como la cabeza de una familia donde bajo su autoridad están las mujeres y los niños y niñas, y también otra vertiente de lo que hablamos hoy como noción de género. Son dos pensadores, investigadores más bien, un psicólogo y un psicoanalista norteamericanos que son Stoller y Money que en los años cincuenta empiezan a investigar lo que en aquella época se llamaba personas hermafroditas, que eran personas que nacían con ambos órganos sexuales y estudian a partir del alto nivel de suicidios y depresión lo que ocurría y se dan cuenta que como a estas personas se les definía una identidad –masculino o femenina-, se las operaba también y empezaban en algún momento a tener discrepancias entre lo que había sido definido para ellos o para ellas: se dan cuenta que hay una cosa que se llama sexo biológico y otra cosa es el género, que tiene que ver con la identidad de género que tiene que ver con esto de la feminidad o la masculinidad, también pensando en algo binario, como que la única posibilidad es ser o femenina o masculino y por lo tanto también una norma que señala que lo heterosexual sería lo normal y todo lo demás sería anormal, patológico y habría que castigarlo, no. Eso básicamente. Entonces, si se quiere, la noción de género de los años cincuenta es posterior al movimiento feminista, pero en algún momento empiezan a tocarse y articularse y hoy básicamente hablamos de género solamente para diferenciar este tema de la sexualidad biológica, por lo tanto el género sería una construcción social y cultural de aquello que se supone es ser mujer o ser varón en nuestra sociedad.

¿En qué condiciones se encuentra el movimiento feminista y qué consideración tiene la opinión pública acerca de esto?

Mira, yo creo que estamos en un muy buen momento nuevamente. Yo diría 2017, 2016 cuando emerge a partir de la lucha contra la violencia y contra los femicidios  y el #niunamenos como un movimiento internacional muy masivo en España, en Argentina el derecho al aborto, en América Latina, en México, en Chile, en EEUU el movimiento #metoo que denuncia también el tema del acoso laboral y sexual y empieza a tener un apogeo con movilizaciones muy masivas, que decantan en el caso de Chile en el mayo de 2018 donde sobre todo en las universidades se produce un cuestionamiento a las estructuras patriarcales y a las situaciones de acoso que se vivían y eran naturalizadas e invisibilizadas y el movimiento ha ido creciendo. El año pasado tuvimos como hito un 8 de marzo que fue muy masivo, que hace mucho tiempo no se veía tanta masividad en las calles y obviamente tuvimos este año la emergencia de Las Tesis que se convirtió -un violador en tu camino- en un referente mundial. De hecho vimos en países como la India, como en el Líbano, tu veías también en Europa, en África las mujeres se identificaron con esta denuncia. Las estructuras en el fondo no tan sólo individuales de la relación de pareja, sino también a las estructuras en el fondo de las instituciones como las fuerzas represivas, como el Estado, verdad. En el caso de Chile la denuncia también a carabineros por su rol en el estallido social y además tu ves que el feminismo es algo popular. Todo el mundo sabe lo qué es el feminismo. Ya no son algunas “brujas-locas-antihombres”, sino que las jóvenes se identifican y se llaman feministas aunque no sepan o no conozcan la historia del feminismo, cualquier mujer te dice que es feminista en la cola de un supermercado, o sea, en los matinales te hablan de feminismo, por lo tanto esa es una gran conquista porque ha logrado que el feminismo sea algo que tenga que ver con nuestra vida cotidiana y no como algo lejano que sólo un grupo de mujeres sabía de lo que se trataba.

Pero ¿esto significa nuevos desafíos, no?

Por supuesto, nuevos desafíos que tienen que ver con cómo logramos que las demandas del movimiento feminista efectivamente se concreten. Por ejemplo, los femicidios siguen sucediendo. La brecha de género es muy importante. O sea uno pudiera pensar que en el siglo XXI tenemos igualdad y sin embargo tu ves que incluso en nuestra universidad donde trabajamos y en todas las universidades no solo en Chile sino en el mundo todavía para las mujeres en general la relación es 30%, 70%. Tienen menores jerarquías. Están en un 30% en subcontratas en relación a los varones. Lideran muchos menos proyectos, publican mucho menos y además muy pocas son rectoras o decanas, o sea los cargos políticos son muy pocos -el año pasado fue noticia que una mujer fue electa rectora-, o sea en el siglo XXI. Y la brecha salarial en general para todas las mujeres es altísima, incluso lo interesante es que la brecha, si tu lo piensas en el ámbito laboral, hay menos brecha entre hombres y mujeres que tienen educación media o que son trabajadores o trabajadoras en un supermercado, que entre quienes tienen un doctorado: mientras más educación tienes, mayor es la brecha y mayor es lo que se conoce como techo de cristal, lo que significa que la violencia de género, el acoso laboral, el acoso sexual, las violaciones, los femicidios -y que van in creccendo-, no disminuyen; estados que no logran tener políticas reales que aborden este tema; una violencia de género desde el propio Estado. Un aborto que no se ha logrado plenamente en países como Argentina o como Chile donde es muy limitado y los derechos políticos donde recién hoy, ayer, entre ayer y hoy tuvimos como hito que logramos un 50%, que logramos paridad. Siglo XXI. O sea cuestiones que ya deberían estar instaladas y que incluso en el mundo ya es algo que en los países nórdicos o Islandia se ha logrado efectivamente una paridad, entonces los desafíos  todavía son muy grandes partiendo de esta conquista que se ha vuelto mucho más popular y conocido el feminismo que es un gran gran logro.

Esta popularidad ha tenido una mayor comprensión por parte de distintos actores sociales. Ahora yo he escuchado también que es muy importante para algunos definir al feminismo como una corriente o discursiva o una corriente verdaderamente política ¿Qué opinas tú al respecto?

Es que el feminismo es político y es un movimiento social básicamente. Es un movimiento social y político, pero también es un movimiento filosófico. Tiene todos los planos: es un movimiento social, es un movimiento político que es organizado, que hace acciones de protesta, que lo ha tenido siempre, desde que nace, pero siempre ha tenido pensadoras feministas que han dado el sustento argumental, digamos de las ideas, de porqué la igualdad, o por qué la diferencia, entonces hoy es un pensamiento teórico, es un pensamiento filosófico, es un pensamiento político, pero es un movimiento social. Tu no puedes separar al movimiento feminista como si fueran dos cosas separadas. Es intrínsecamente un movimiento social y a su vez un movimiento teórico político o discursivo también, porque siempre fue ambas cosas. No hay una cosa separada de la otra.

¿Hay alguna cuestión característica de La Araucanía específicamente que podamos definir como singular con respecto a los otros feminismos?

Claramente. O sea el contexto nuestro que tiene que ver con que es el territorio del pueblo mapuche donde hay una represión estatal, hay una militarización desde hace ya varias décadas o un par de décadas a lo menos acá en Wallmapu. Obviamente le da una particularidad que implica que también aquí se trata de denunciar cómo las mismas mujeres mapuche, pero también las comunidades, han sufrido históricamente el colonialismo además del patriarcado. No es sólo la violencia que pueden vivir desde sus parejas o podamos vivir, sino que también tiene que ver con una violencia institucional muy fuerte, que se ha expresado en la prisión política de mujeres mapuche que son líderes, que se ha expresado por ejemplo en un parto engrillado como lo vimos hace un par de años y que se expresa en la represión a las mujeres en las comunidades, a sus mismas hijas, a las personas mayores, que por lo tanto hace que, en particular aquí, se articule mucho más el problema del colonialismo y la militarización de parte del Estado chileno.

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