Entrevista directa

Entrevista directa / Literatura Rosabetty Muñoz: Candidata al Premio Nacional de Literatura 2020.

En esta oportunidad conversamos con Rosabetty Muñoz (Ancud, 1960) quien es una de las principales candidatas al Premio Nacional de Literatura que este año, por una regla tácita, le corresponde al género de la poesía. Con ella hablamos de sus inicios en las letras, sobre la importancia de su familia y especialmente de su madre en el cultivo de las letras, el paisaje chilote y la magia que envuelve a este territorio insular desde el cual escribe.

¿Cuáles fueron tus primeros pasos en la literatura, en la poesía y tus principales influencias para que decidieras dedicarte a las letras?

Hay etapas muy marcadas y muy claras. Primero yo creo que fue fundamental la primera infancia aquí en la isla, con el texto y la densidad de las historias orales que escuché mucho durante la infancia. Historias que hablaban de los vecinos y de los acontecimientos en la noche que estaban llenos de magia y yo creo que eso para un niño es determinante para acercarse a las historias y contar historias. Después, en la infancia siguiente, escolarizada digamos, el tema de las lecturas que daban en mi generación, donde leímos mucha literatura chilena y con un acto de confianza que hacían los profesores en la inteligencia de uno. Daban, por ejemplo, a Manuel Rojas; recuerdo haber leído “El vaso de leche”, “El padre”, cuentos de Marta Brunett. Todo eso en 3° y 4° básico; en 5°, 6° básico ya estábamos leyendo a Francisco Coloane. Recuerdo haber leído mucha mitología griega, por ejemplo en 8°, 1° medio y después en la media leímos a Cortázar, leímos “El Quijote” completo; no algunos capítulos, como se da ahora.

Y para mí fue definitivo, en el tema de la escritura, el trabajar en la literatura como un oficio al que dedico buena parte de mi vida; la universidad, el encuentro en Valdivia en la Universidad Austral con compañeros que venían del grupo Aumen, de Castro, y que venían de otros grupos, como Matra, de Valdivia, y que nos juntamos en un periodo que era muy duro en la dictadura y nos juntábamos a leernos, a leer a otros autores, a compartir hallazgos en las lecturas y todo eso fue determinante para dedicarme a la poesía.

¿Cómo se gestó el libro “Canto de una oveja de rebaño” que publicaste el año 1981, fue muy complejo, tuviste que hacer un esfuerzo extraordinario en tu vida para poder lograr publicarlo?

Me estás bromeando?

No.

Parecía que me estabas bromeando porque ese libro, como muchos primeros libros, es un poco vergonzoso para mí porque hay bien poca elaboración en realidad. Yo normalmente en un libro me demoro y me detengo mínimo un par de años; hay algunos que han sido cinco, siete años y ese libro fue escrito en dos tardes en la biblioteca pública de Ancud. Estaba con esa rabia adolescente casi, porque lo escribí como a los 19 y lo publicaron el 81’, que yo ya tenía 21, pero fue escrito antes, de un solo golpe, de una sola vez y corregí muy poco, casi nada, por eso será que es uno de los libros que menos me gusta.

Si  pudieras hacernos una síntesis sobre el motivo o contenido general de tu trabajo ¿Qué nos podrías decir, cuáles son los hitos más importantes dentro de éste?

Es bien difícil, porque pienso que he recorrido temas muy diferentes. Ta vez lo que lo une como columna vertebral es mi vivencia y experiencia respecto de mi entorno vital que es, en tanto paisaje y en tanto cultura, la vida acá en Chiloé. Creo que ese es como un eje fundamental para mi mirada sobre el mundo, pero también está muy matizada por todas las lecturas posteriores que he hecho: por leer a otros poetas, por leer narración, por estar en contacto permanente con la literatura que se genera en el país y en otras partes, todo lo que ha estado a mi alcance en realidad. Está lleno de cruces con otros libros, con otras lecturas, con otras vidas. Pienso que tal vez los más altos hitos para mi escritura, como yo considero y veo, son “Ratada” y “En nombre de ninguna” porque, en esos dos libros, trabajé durante varios años y cuando los vuelvo a mirar –pocas veces lo he hecho, pero cuando vuelvo a releerlos-, pienso que no hay nada allí que yo pueda cambiar: no con los recursos que tengo, con lo que soy capaz de hacer, esos libros están terminados y eso es difícil decirlo cuando uno trabaja en esto de la escritura.

En tu poesía también podemos observar las tradiciones y conocimiento popular. En “Ratada”, lo primero que podemos leer es: “Mi madre dice que cuando uno tiene/ una pena muy grande o mucho miedo,/ se le llena la cabeza de piojos. Ella lo/ ha visto: Todos esos bichos están/ dentro de uno, eso dice” ¿Cómo es, o fue, la relación con tus padres y tu familia en función de la poesía, qué aporte a tu poesía les debes?

Yo creo que les debo muchísimo, por no decir todo el impulso inicial, no sólo porque mi mamá me recitaba muchos poemas cuando era pequeña, sino porque creía en la educación y en la palabra y en la literatura y aunque en mi casa no había biblioteca, ni había plata para comprar libros, ella siempre se las arreglaba para que en las fechas importantes apareciera un libro o para que yo tuviera una plata para ir a cambiar revistas, cosa que se usaba en esos años, de ir al mercado y cambiar en los puestos de revistas las que uno tenía y yo leía mucho así, en mi preadolescencia y después eso motivó mucho también el tema de las lecturas, mi madre sobre todo y además el tema de creer en mí y apostar por la educación, con todo el sacrificio que significó para ellos, yo creo que es el aporte más importante.

Sabemos que has ganado los premios Pablo Neruda, Altazor y Manuel Montt, éste último que otorga la Universidad de Chile, pero en lo íntimo ¿Cómo ha sido para ti el recibimiento de tu trabajo en las distintas esferas de recepción, me refiero al público en general, a la academia y también a la crítica?

Yo diría que todo para mí ha sido medio milagroso, de verdad, porque teníamos la experiencia durante todos los años de formación en la universidad y con los grupos que se estaban formando y los escritores que nos estábamos formando en los ochenta que, históricamente, los artistas, en general, tenían que irse a Santiago o a las capitales de Chile para que fueran escuchados, vistos, leídos y nosotros hicimos una especie de declaración de intenciones en esos años de permanecer en la provincia haciendo el trabajo acá. Acá armar circuitos de difusión, producción, acá trabajar por el desarrollo cultural de nuestros lugares de origen, de nuestro territorio y hasta el día de hoy yo sigo aquí en Ancud creyendo en esos principios. Por lo tanto nosotros renunciábamos a este reconocimiento del canon literario o de los lectores que fueran más allá de la provincia, pero tengo que decir que en  mi caso ha resultado bastante grato para mí, tengo que decirlo, me ha acompañado mucho en la alegría durante estos últimos cuarenta años que llevo escribiendo y trabajando en poesía. El hecho de que se ha ido paulatinamente y de a poco ampliando el grupo de lectores, que Jorge Torres decía: “en el sur tenemos cuatro lectores, y los conocemos con nombre y apellido”, cosa que yo siempre encontré brillante, es decir, uno también sitúa un poco su escritura pensando que está escribiendo para los más cercanos, para la gente que está primero al lado de uno, y después ir ampliando el círculo. Mirando para atrás, eso ha sido muy fructífero para mí; ha ido ampliándose, lentamente. Como se sabe, la poesía no es un espacio donde hayan lectores masivos, pero me parece muy significativo y también reconozco que en los reconocimientos, en los premios, siempre ha estado este ingrediente de estar mirando hacia otros espacios y otros lugares, lo que me parece sano para la literatura y, como digo, ha sido una fuente de alegría para mí y de impulso para ir trabajando cada uno de esos premios.

¿Qué nos puedes comentar en relación a las nuevas generaciones de poetas mujeres, tanto de la isla, como del país, conoces a alguna o algunas que te interesen especialmente?

Yo creo que el espacio de trabajo se amplió mucho precisamente con las anteriores, con toda la generación de mujeres que escribíamos en los 80’. Eso le dio un piso a todas las que están hoy día y que son impresionantes en su vuelo, creo yo, porque hay muchísimas editoras, poetas, gestoras culturales. Todo el tiempo está siendo alimentado el ambiente literario, digamos la literatura más bien, con libros, con libros de ediciones de tirajes pequeños, que es lo único que siento porque a veces se agotan en pequeños círculos y no alcanza uno a tenerlos. Yo acá en estos días de encierro he conseguido, comprado, en La Komuna, que es una distribuidora de libros de editoriales más pequeñas, editoriales alternativas. He conseguido hartos libros de las últimas generaciones de mujeres y me parece súper interesante. Yo podría nombrar a mujeres más de acá, de mi entorno, como la Siomara Piña, que es una chica que ha estado trabajando en el Taller Mistral que llevo, pero ella ya venía con una inquietud literaria impresionante, una cantidad de lecturas. Yo creo que ella es de una fineza, de una sensibilidad que me gusta mucho; también podría mencionar a Victoria Herreros que también es ancuditana y que está trabajando mucho ella en Valparaíso en asociaciones de mujeres feministas y escritoras. Creo que ellas representan una fuerza vital, una fuerza femenina que se ha instalado y ya no se puede obviar, no se puede dejar fuera.

Tu nombre ha sido comentado en los círculos literarios en relación a tu merecimiento del Premio Nacional de Literatura ¿Qué cometario te merece este premio nacional, considerando que la última poeta en recibirlo fue Gabriela Mistral?

Lo primero que tengo que decir es que a Universidad de Los Lagos hizo un gesto no sólo literario, no sólo cultural, sino que también político al poner mi nombre en representación, porque así lo hemos conversado y así lo fundamentó, de la creación general que se hace en el sur de Chile. Creo que en esos términos a mí me parece un motivo de orgullo estar dentro de los postulantes a este premio.

Segundo: la importancia del premio nacional. Uno podría decir que a estas alturas, con lo que está ocurriendo, no tendríamos porqué estar preocupados de eso, pero en la precariedad en que vive la literatura en Chile, el premio es una legitimación importante frente al país. Pienso sólo en los estudiantes y en los vecinos de Ancud, de la manera que se sienten orgullosos y que han ido a la librería local a comprar libros ahora, aún cuando yo he estado viviendo y trabajando acá más de treinta años. Lo que hace este premio, en realidad, es que te coloca en un lugar en que la gente se empieza a interesar en la poesía también. Este gesto que hizo la Asociación de Autoras Chilenas, que me parece tan bonito, de poner a las tres candidatas que hasta ahora están mencionadas al premio nacional, al respaldarlas a todas, pensando no en una competitividad, sino que en un bien que se le hace a la literatura nacional, que existan esos tres discursos, esas tres palabras y que acerquen a la gente a que lea, es lo más importante de todo.

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