Entrevista directa

Entrevista directa / Literatura Elvira Hernández: Candidata al Premio Nacional de Literatura 2020.

Hoy hablamos con Elvira Hernández (Lebu, 1951), poeta de larga trayectoria que nos ha entregado páginas desgarradoras y lúcidas sobre momentos álgidos de la historia contemporánea de Chile y también otras de una belleza vital y zoológica, como en su última entrega “Pájaros desde mi ventana”, publicado por Alquimia Ediciones. También conversamos sobre el proceso de uno de sus libros más leídos y sobre las nuevas generaciones de escritoras mujeres, entre otras cosas.

Quisiéramos saber cuáles fueron tus primeros pasos en la literatura, en la poesía y tus principales influencias para que decidieras dedicarte a las letras.

Escribí poemas desde mi adolescencia. Era una exploración con la palabra que me sumergía en el mundo del conocimiento y también del autoconocimiento. Fue también una compañía. Después con la lectura de los poetas chilenos y latinoamericanos se me reveló la potencia que adquiría la palabra poética. Era lugar de pensamiento y reflexión. La dedicación exclusiva a las letras –una locura- no fue influenciada por lecturas de algún autor en particular, sino que creo ocurrió empujada por las condiciones de vida de esos años de dictadura. Tenía un horizonte de cesantía por delante, en un país descalabrado por el crimen y la corrupción que se hundía en la pobreza cultural. Sólo quedaba en ese momento, resistir de la mejor manera posible al borde del precipicio. No creo haber tenido una clara conciencia de lo que hacía, ni de esa compleja atracción por las palabras, pero fue en lo único en que me sentí viva: salir a la búsqueda de palabras verdaderas para mí, palabras que entonces estaban bajo censura.

Si  pudieras hacernos una síntesis sobre el motivo o contenido general de tu trabajo ¿Qué nos podrías decir, cuáles son los hitos más importantes dentro de éste?

¡Qué puedo decir! Que no me quedé arrinconada con mi subjetividad. Aprendí que lo que siente y piensa quien escribe, no tiene una importancia superior por el sólo hecho de ejecutar la escritura, ocupa el mismo lugar de cualquiera persona que da vueltas por la calle con sus preocupaciones cotidianas. Por ese territorio me deslicé y me deslizo. La vida está hecha de cotidianidad. Me muevo en un espacio público con pasado y presente; con arquitectura, moda, tradiciones, vida de sociedad. Ahí está mi poesía y en esos vericuetos me encontré también con un mundo que todos creían perdido y que iniciaba una nueva protesta imposible de ser acallada: aquélla del pueblo mapuche, la otra raíz. Sin embargo, no veo hitos en lo que he escrito –y no me parece tener que mirarla así-, sino una persistencia de mi parte porque la poesía es tentativa y la sensación de no haber dicho lo que había que decir, es permanente.

En tu poesía podemos ver varios motivos y uno de ellos es lo político, en especial en tu libro “La Bandera de Chile”. Quisiéramos saber ¿cómo fue que se gestó y escribiste ese libro, cuáles fueron los entretelones de su construcción?

La poesía que dice lo que no se ha sido dicho para nuestro preguntar de sociedad se vuelve política, no importa su tema. La época determina en medida importante ciertas improntas. Neruda, Gabriela Mistral, Huidobro tenían el amor como uno de los ejes de sus escrituras y allí movieron el fiel de la balanza. “La Bandera de Chile” fue lo único con lo que pude hacerle frente a la dictadura que nos dominaba. Las circunstancias, en este caso estar detenida en una cárcel secreta y haber logrado salir de allí, fue sólo el puntapié para escribir sobre el oprobio ciudadano total que nos tocaba a diario, no sobre mi caso particular, del cual no me olvido. Pero me quedo con el recuerdo de la fuerza y concentración logrado en el instante creativo, para agarrarse a la poesía y a la historia de nuestro país y que no se escapara lo que se estaba escribiendo.

¿Cómo fue, o es, la relación que tienes con los escritores y escritoras de tu generación?

A los poetas de mi generación –llamada NN, o del 80, que a mí me parece debió ser la del 73-  los he leído, a todos sin excepción. Eso es lo más importante. Un grupo numeroso que entregó páginas brillantes que habla de eso que somos.  Escribíamos en un mismo momento histórico sustentando puntos de vista distintos que no pudimos discutir entonces; las preocupaciones eran otras que nos restaban de examinar nuestros ángulos de observación del mundo y posturas poéticas. De aquellos años conservo entrañables amistades poéticas y amistades a secas. 

Sabemos que has ganado varios reconocimientos en Chile y el extranjero ¿Cómo ha sido para ti el recibimiento de tu trabajo en las distintas esferas de recepción, me refiero al público en general, a la academia y también a la crítica?

En el día de hoy hay mucho trabajo crítico, académico y periodístico sobre mis libros. Es un retorno que en mi fuero interno agradezco. Son lecturas penetrantes, escudriñadoras, que remecen lo escrito, los versos, para ver qué cae de ahí y someterlo a juicio. Me permite repensar caminos de escritura hechos un poco a tientas. Ese movimiento analítico suele devolverme a esa instancia de creación en que he sido ciega, proporcionarme ciertas correspondencias que equivaldrían a la observación de un negativo, unos bordes de luz desconocidos que me impulsan a descifrarlos, seguir escribiendo.

¿Qué nos puedes comentar en relación a las nuevas generaciones de poetas mujeres, conoces a alguna o algunas que te interesen especialmente?

Mi generación contó con muchas poetas mujeres. Hoy, cuando ya sabemos que las mujeres han hecho un avance cuantitativo de mucha significación para nuestra sociedad, tras la crisis social reciente, también queda claro que se vuelve indispensable para que ocurran cambios estructurales válidos, que la participación de la mujer se vuelva cualitativa y la sociedad chilena adquiera un nuevo sello. Y allí las mujeres escritoras, poetas, han hecho gala de escritura y son muchas. Mundos muy diversos; así sucede cuando hay riqueza de expresiones y también muchos proyectos colectivos. Son voces consolidadas y otras que han emergido con mucha notoriedad. Nombrar tiene el riesgo de la omisión, pero no hacerlo es mezquindad. Hay que leer a Julieta Marchant, Priscilla Cajales, Greta Montero, Fanny Campos, Daniela Catrileo, Sofía Brito, Milagros Abalo, Carmen García, Victoria Ramírez y buscar otras, que las hay.

Tu nombre ha sido comentado en los círculos literarios en relación a tu merecimiento del Premio Nacional de Literatura ¿Qué cometario te parece este premio nacional, considerando que la última poeta en recibirlo fue Gabriela Mistral?

Si mi nombre ha sido mencionado para el Premio Nacional, como autora tengo que guardar silencio. Es el momento que sólo hablen los libros.     

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