El Estado Del Arte

Premio Nacional de Literatura: una mirada feminista.

En esta oportunidad conversamos sobre el premio nacional de literatura para este año con Lina Meruane, una de las escritoras chilenas de mayor relevancia a nivel nacional e internacional, autora de la colección de relatos Las Infantas (1998) junto con las novelas Póstuma (2000), Cercada (2000), Fruta Podrida (2007), Sangre en el Ojo (2012) y Sistema Nervioso (2018), esta última traducida a más de siete idiomas. Ha recibido los premios literarios Cálamo Otra mirada (España, 2016), Sor Juana Inés de la Cruz (México, 2012) y Anna Seghers (Alemania, 2011), así como becas de la Fundación Guggenheim (2004), National Endowment for the Arts (2010) y DAAD Artists in Berlin (2017). En no ficción ha publicado los ensayos Viajes Virales (2012), Contra los Hijos (2014; 2018) y Volverse Palestina (2014), merecedora del Premio del Instituto Chileno Árabe de Cultura 2015, quien responde esta entrevista desde su departamento, ubicado en la frontera entre el barrio dominicano y el barrio judío en el norte de la isla de Manhattan.

¿A qué le atribuyes que desde Gabriela Mistral no se le otorgue el premio nacional de literatura a una poeta mujer?

Hay muchos motivos por los cuales no se le ha concedido en siete décadas este premio a una poeta. No soy experta en el premio nacional, pero puedo decir como escritora y como feminista que esta falta de reconocimiento a la poesía escrita por mujeres resulta muy sintomática de un mirar en menos la escritura de las mujeres. Gabriela Mistral no hubiera recibido nunca el Nacional si no le hubieran dado antes el Nobel, si no hubiera habido presión de afuera y adentro (Alone entre los defensores de la Mistral) para que se lo dieran. En Chile el mundo literario es numeroso, la competencia es feroz, y hasta muy recientemente el espacio literario chileno ha estado completamente dominado por hombres, escritores a los que se les daban todos los premios, todas las entrevistas, se los iba preparando para el Premio Nacional, y los jurados eran todos hombres que pensaban, entre muchas otras ideas misóginas, que las mujeres no merecían o no necesitaban premios porque alguien las mantenía en la vejez. Y ni siquiera las leían… Esto ocurre también en la discriminación salarial: cuando yo era periodista veía que a ellos se les subía el sueldo porque ellos mantenían y las mujeres no porque alguien nos iba a mantener. Es una mentalidad muy arraigada, pero no me refiero a los sueldos en si sino a la idea de una valoración del trabajo y de la obra. El reconocimiento a la escritura de las mujeres, incluso cuando era reconocida sobre la página no se premiaba por motivos morales… Me refiero a María Luisa Bombal a la que no se le dio nunca el Premio Nacional por más que era la favorita en 1978; estuve mirando la prensa de la época y el motivo era que la Bombal no tenía credenciales de buena mujer. Le había disparado a su amante -sin matarlo-, y tenía problemas con el alcohol, pero había llegado a una edad avanzada en una indigencia indecible para una autora con una obra tan importante y tan internacionalmente reconocida y ese año, para gran escándalo, escándalo incluso entre escritores hombres, se lo dieron a un académico de la lengua de apellido Oroz, que despreciaba la literatura. Así hemos llegado a 5 mujeres en 54 premios, y a una sola poeta.

¿Cuáles son los principales aportes de las narradoras y poetas a las letras nacionales durante este siglo?

Toda autora, todo autor, es un mundo y aporta con su escritura la mirada singular, específica y a veces incluso contenciosa sobre el tiempo y el o los espacios que habita. Ahora, la variante de género implica -como muchas otras variantes, la de clase, la de raza- que hay la mirada condicionada por una serie de experiencias. En términos de género, las experiencias de las  mujeres, tanto en lo privado como en lo público, es decir, en sus vidas domésticas, maternas, profesionales, en las violencias que sufren dentro y fuera de la casa, todas ellas modelan su mirada y la creación de un universo particular pero no han existido en la representación cultural de nuestro país. Cuando pensamos, incluso yendo más atrás, cuando leemos a un Alberto Blest Gana pero desconocemos la obra de su contemporánea, tan importante, Rosario Orrego, confirmamos que sólo se contó una mitad de la historia y casi diría un cuarto de la historia porque tampoco hemos vindicado el relato mapuche, el relato de la migración, y otros, pero por sobre todo no tenemos el relato de esa mitad que somos las mujeres. Entonces no me voy a detener en lo que aporta cada escritora, que, insisto, es un mundo, pero sí la invisibilización de de temas, afectos, estéticas, que parecerían no existir y que de hecho no han existido públicamente porque las mujeres no lo han podido contar o no se ha escuchado su relato. Y esto, más allá de los literario, tiene una serie de efectos en lo social: los hombres escritores han tenido modelos de toda índole; las mujeres, en cambio, hemos carecido de modelos. Es a partir de los años ochenta que aparecen las escritoras de manera masiva, pero hemos tenido que hurgar para encontrar a las narradoras, las poetas, las dramaturgas, las ensayistas de los años cincuenta y sesenta, que eran muchas y muy potentes. Las mujeres no hemos tenido modelos para pensarnos como escritoras, ni para validar nuestros acercamientos a la realidad y nuestra imaginación.

¿Qué medidas propondrías para que este tipo de premio logre justipreciar el trabajo literario de las mujeres en Chile de aquí hacia el futuro?

Aquí me gustaría apuntar a cuestiones que hemos hablado entre las escritoras en términos gremiales –me refiero a la agrupación de autoras chilenas feministas AUCH! Desde nuestra perspectiva, a la que por supuesto me sumo, habría que hacer una serie de modificaciones a la ley de los premios nacionales.

Uno de esos cambios es volver a hacer este premio anual: en 1972 se dictó una ley que determinaba que se daría cada dos años y esto se hizo porque aumentó el número de premios nacionales a nuevas disciplinas. Este premio bianual se implementó en la dictadura, que poco interés tenía en la producción literaria nacional. Pero resulta que el país tiene, hoy, el doble de habitantes que tenía a principios de los setenta, exactamente el doble. Es decir, tenemos el doble de creadores y con el ingreso masivo de las mujeres al campo literario el embudo se hace terriblemente estrecho y eso hace que la competencia sea feroz y que a las escritoras se las excluya más. Entonces, una de las cuestiones que nosotras querríamos ver transformadas, y por la que vamos a trabajar, es por que el premio vuelva a ser anual.

Otra de las cuestiones que nos parece fundamental es que se asegure que el jurado sea paritario. Este año, de manera excepcional, porque tenemos una ministra de cultura y porque la última premiada es Diamela Eltit, una mujer, y porque la ministra eligió a otras dos jurados mujeres, este año se cumple la deseada paridad; pero nos parece que esa paridad tendría que estar asegurada por ley. Sabemos que una mujer no es garantía de un voto para una mujer pero suponemos que una mujer tendrá mejor disposición a considerar con atención la obra de una mujer en vez de descartarla de antemano.

La tercera cuestión fundamental es que ese jurado paritario sea un jurado entrenado en la lectura literaria, porque lo que pasa es que los rectores de las universidades o sus delegados no necesariamente tienen saberes literarios. ¿Cuál es la cualificación de esos jurados para elegir esos premios literarios? ¿Cómo evitamos que seas premios políticos o mediados por la amistad? Y esto vale para todos los premios, jurados entrenados en el área. Jurados que puedan valorar el aporte y la contribución tan decisiva de las mujeres en las artes de nuestro país.

¿Y cómo crees que se podría comenzar a saldar una deuda con las autoras mujeres, en este caso? Una de las cosas que nosotras hubiéramos querido para este año, hubiera sido que pudieran darse tres premios, pero no como lo establece la ley, dividiendo un premio en tres y que en realidad sólo se aplica para casos de artistas que han trabajado juntos o juntas. A nosotras nos hubiera encantado ver este año la disposición de entregar un premio individual e indivisible a cada una de las tres poetas nominadas, tres poetas impresionantes, influyentes; creemos que eso habría empezado a saldar la deuda de una manera muy contundente y dando una señal muy poderosa de cambio. No entiendo –y es una manera de decir–  por qué no se pueden hacer esa excepcione a la ley, pero claramente, en el sistema tan legalista en el que estamos, en este Chile tan burocrático en que vivimos, esas excepciones sólo se hacen cuando se tratan de favorecer al mundo económico, no al mundo cultural.

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