El Estado Del Arte

Marcelo Leonart: Escritor y dramaturgo del conflicto Chile / Wallmapu.

En esta oportunidad conversamos con Marcelo Leonart, escritor, dramaturgo, guionista de telenovelas y director teatral chileno. Autor de una decena de libros de narrativa en los géneros de cuento y novela entre las que destacan “La Patria” (2012), “Lacra” (2013), “Pascua” (2015), “El libro rojo de la historia de Chile” (2016), “Weichafe” (2018) y “Los Psychokillers” (2019). Así mismo, podemos destacar igual número de creación, escritura, realización y presentación de obras de teatro, entre las que destacan “No salgas esta noche (1991), “Cuerpos mutilados en el campo de batalla” (2007), “Todas las fiestas del mañana” (2008) y “La noche mapuche” (2017), esta última dirigida y presentada por el autor e interpretada por la “Compañía la Pieza Oscura” en el GAM de ese mismo año. Por estas mismas razones ha recibido los premios Oscar Castro, los Juegos literarios Gabriela Mistral, Juan Rulfo de Cuento, el Premio Altazor, el Premio Revista de Libros y varias veces el Premio del Consejo del Libro.

Quisiéramos saber ¿Qué fue lo que hizo clic en ti para concebir una novela como “Weichafe”?

Recuerdo el momento exacto del clic. Aunque cuando uno escribe una novela o una obra de teatro o un cuento son varios los momentos de clic, incluso al principio. En este caso estaba acostumbrado a leer en las páginas mercuriales o en los noticieros televisivos, siempre muy destacados, como titulares, la quema de graneros o de maquinaria en la zona de Wallmapu. (No la llamo, bajo ninguna circunstancia “Araucanía”.) Cuando sucede el asesinato de Matías Catrileo, la noticia se cubrió como una nota lateral, prácticamente de policiales. El hecho me violentó. Mucho más que un incendio. Tiempo después, recordando este hecho a partir de nuevos hechos de violencia, me pregunté cómo y por qué a mí, desde Santiago, me podía afectar el mal denominado “conflicto mapuche”. Lo que hice, entonces, fue instalar a un mapuche en el living de un departamento santiaguino para oír, de primera fuente, las circunstancias de la violenta noche mapuche. Fue un cuento que fue creciendo. Mientras escribía, sucedió lo de los Luchsinger. Y el atropello de Martín Larraín a Hernán Canales. Dejé que todo eso fuera entrando en la novela. Mis novelas, creo, son más bien porosas. Son ficción. Pero a veces recurro al archivo. Lo hago parte de mi ficción. Me gusta que se entrometa la realidad.

Poco después pensé que esa situación en un departamento de clase media podía transformarse en teatro. Pero no me duraron nada las ganas de una adaptación. Tomando cierto espíritu de la novela, trasladé parte de esa atmósfera a un departamento muy clasista y racista del barrio alto (de descendientes alemano-suizos, para ser más exactos) y escribí la obra Noche mapuche, que estrenamos el 2017.

¿Cómo fue el proceso de construcción de esta novela, cómo fue el trabajo de investigación de la misma? ¿Qué obras literarias  históricas relacionadas al pueblo mapuche tuviste que visitar y que comentarías con nosotros?

La verdad es que parto de un plan general, con cierta investigación previa, pero muy intuitiva. Escribo sobre temas que me van interesando y por ahí voy a armando dispositivos de ficción en torno a eso, siempre abierto a lo que la realidad me va provocando. Me interesa mucho el relato polihistórico, pero esta vez no lo usé. No hay referencias de ese tipo. La materialidad de los hechos del presente terminaron por apoderarse de la novela. En Weichafe en particular hay una parte —la que se denomina como Tercera batalla— donde relato el caso del atropello y posterior fuga de Martín Larraín a Hernán Canales, el asesinato por parte de las Fuerzas Especiales de Carabineros del weichafe Matías Catrileo y luego el incendio que le costó la vida al matrimonio Luchsinger McKay. Para los tres me basé mucho en material periodístico y/o judicial. Hay un diálogo entre la escritura y la realidad que me interesaba poner en tensión. En esa parte (la única en la novela que no contiene ficción, pero si especulación) era tremendamente necesario ser riguroso con las fuentes supuestamente objetivas (la prensa o la judicatura) para establecer cuál era el relato del poder y a la vez confrontarlo. El solo hecho de ordenar y yuxtaponer esos relatos en la novela pone en evidencia toda su brutalidad y el modo en que los medios y a veces la Historia terminan operando en función de sus intereses.

Es natural que después de escribir esta novela continúes interesado en el tema mapuche y las diversas dimensiones de la vida de este pueblo ¿Qué cuestión ocurrida después de publicada esta novela destacarías en el campo de acción  generado entre el Estado de Chile y el Pueblo Mapuche?

Creo que luego de la escritura de Weichafe primero y Noche mapuche después (las menciono juntas porque son obras hermanas en su derrotero) se ha desarrollado —por partes— una toma de conciencia social acerca de la problemática de la violencia sistemática del estado chileno en contra de las comunidades mapuche. Una violencia que tiene un componente racista y otro económico de una brutalidad extrema. Cuando estrenamos Noche mapuche (casi al mismo tiempo que Weichafe fue premiada por el Consejo Nacional del Libro, aún inédita) salió a la palestra la Operación Huracán y su burdos montajes (uno de nuestros actores, Daniel Alcaíno, fue hasta espiado ilegalmente por Carabineros) mientras, al otro lado de la cordillera, desaparecía Santiago Maldonado. Poco antes de nuestra última temporada —y coincidiendo con la publicación de la novela— fue el asesinato de Camilo Catrillanca. Resultaba curioso y terrible haber escrito una novela y una obra de teatro que constantemente se espejeaba con el presente. Nuestros personajes ficticios ya no se espejeaban (como era su intención original) en Matías sino Santiago o Camilo y los que vinieron después. De alguna manera la violencia de la noche mapuche seguía perpetuándose. El caso de Camilo Catrillanca le abrió aún más los ojos a la sociedad que no se informa por los medios tradicionales (habituales cómplices de la violencia de estado) acerca de la brutal represión en Wallmapu, la impunidad ante la justicia y la presión del empresariado de la zona por más mano dura en contra de los luchadores sociales. Lamentablemente no se ve una solución pronta al tema. Hay un impulso depredador y economicista del estado chileno que no parece compatible con una cosmovisión, ya no digo mapuche sino que sustentable a secas. Resulta evidente que cierta violencia es una respuesta defensiva ante la violencia que históricamente ha ejercido el estado chileno en esas tierras desde hace cientocincuenta años. Creo que toda esa lucha ha sido tremendamente inspiradora para el resto del país a partir del dieciocho de octubre.

¿A qué le atribuyes una crítica tan promisoria por parte de las y los críticos más agudos del país a tu novela, qué sientes que despertó en ellos, ellas y el público?

Punto aparte la crítica. Hay muy poquita. Y de hecho muchos de los medios tradicionales ignoraron olímpicamente la novela. Las reseñas que han aparecido son lecturas que agradezco y que pudieron descifrar los operativos literarios y políticos que tiene la novela. Lo mismo puedo decir del público. Agradezco que estén interesados en un texto que no busca evadirse de la realidad sino más bien auscultarla. Conectar con ellos para mí es un regalo.

¿Qué opinas del envío de personal del ejército a las provincias de Arauco en la Región del Bío Bío y de Malleco, en La Araucanía, hecho ocurrido a fines del mes de abril de este año?

Me aterra, me indigna y no me sorprende. El estado chileno siempre ha tenido una visión militar a la hora de resolver sus conflictos. Alberto Espina —un ser nefasto que parece que se excita con los uniformes y los fusiles, igual que todos los ministros de Defensa— fue senador por la zona y sabe perfectamente que los milicos son una provocación. Será responsable, igual que Piñera, igual que los gobiernos de la Concertación en el pasado, cuando vuelva a suceder una tragedia. Cosa que me aterraría, me  indignaría y no me sorprendería. En mi última novela Los psychokillers doy mi opinión acerca de los milicos:

“Todos los milicos son unos asesinos en potencia. Nada que porte armas y uniforme al mismo tiempo me produce confianza. Basta que te pongas el uniforme para que te conviertas en un hijo de puta.”

La realidad no tiene que esforzarse para darme la razón.

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