El Estado Del Arte

Ernesto González Barnert*: Poesía, Temuco, La Araucanía y Pablo Neruda.

En esta oportunidad conversamos con Ernesto González Barnert, poeta nacido en la ciudad de Temuco el año 1978, con quien visionamos la actualidad de las letras del sur de Chile y de La Araucanía, modelando todo su peso y volumen a nivel nacional e internacional. También hablamos sobre los últimos premios otorgados a poetas pertenecientes a La Araucanía de ayer, hoy, mañana y siempre y sobre la portentosa imagen de Ricardo Reyes y Pablo Neruda, dos nombres para el mismo ser que sigue cantando con las olas del mar, con el viento de Los Andes y su corazón, que aun palpita en los más altos pechos de la poesía mundial.

Naciste y viviste tu primera juventud en Temuco para desplazarte a la metrópoli de la capitanía y otras vueltas. Después de tiempo viviendo en Santiago ¿Cuál es tu visión de la poesía escrita en el sur de Chile en general y de La Araucanía y Temuco, en particular? ¿Qué autores o autoras destacarías?

Me la he pasado yendo y viniendo al far west desde la más temprana edad, desde que nací en el Hospital Regional de la muerte. Mi visión es la de una tierra que sigue dando semillas y frutos, a manos llenas, en el campo de la poesía. La poesía que está en todas las otras artes también, que es como el sistema nervioso central de la vida, de lo que podemos llamar vida en este mundo. Y florece cada temporada en la zona. Y sorprende y nos deleita con los acentos y subrayados epocales y de lo que seguirá ahí, pase lo que pase.

De tanto leer en mi infancia y adolescencia seguí el camino de mis hermanos mayores Pablo Neruda y Jorge Teillier y viajé a la capital como ellos a seguir formándome, porque la educación no se limita al período escolar, no se limita a la escuela, sino que es un imperativo categorico para toda la vida.

Y ya entrando de lleno, debo hacer una salvedad, no los conozco a todes. Así que perdón sobre todo a los hermanos menores que aún no he leído o desconozco. También los perdono a diario por no leerme y pedirme que los lea. No tengan miedo de no estar en el centro de la fiesta. Porque no existe tal.

Entre los poetas a los que soy más asiduo a reelecturas están Guido Eytel y su tigre viejo, ya me quisiera una de esas rayas en mi cuero de chancho como gladiador del circo cultural santiaguino, un circo donde uno ve pocas risas, mucho sacrificio personal, amor al arte. Y Luis Marín, un prosista de lujo que escribía al igual que Bolaño enamorado hasta las patas de la poesía local, con esa misma desesperación, esa misma fiebre.  Ambos nos abandonaron no hace mucho. Y los recuerdo siempre.

Pienso que el Premio Nacional a Elicura Chihuailaf y Premio Jorge Teillier a Jaime Luis Huenún de este año, confirman, un grito a voces, de su talento y trabajo poético que es maravilloso. El premio a la revista Trilce estos días a Omar Lara uno de los más grandes y silenciosos poetas de Chile, también candidato al premio nacional. El premio el año anterior de la Trayectoria de la Fundación Pablo Neruda a Leonel Lienlaf. O el Premio Pablo Neruda a un autor menor de cuarenta años dado antes a Leonardo Sanhueza, Gloria Dunkler y a mí –como a Jaime Luis o Memet– también dan cuenta de la riqueza poética de la zona, porque el talento y el duende se construye en comunidad, la obra en solitario. Aunque muchos también por razones tuvimos que seguir migrando de región o país.

Dicho esto leo también a menudo a brillantes poetas como César Cabello que estudió en la Universidad de La Frontera, a Rodolfo Hlousek y Marcelo Velmar, que tienen doble nacionalidad chillaneja, este último guardián secreto del Konun Huenu. Los trabajos visuales de mi amigo de infancia Gerardo Quezada Richards son poesía mayor, no sé quién más es capaz de visualizar así el wallmapu. La brillante poeta y músico que es Marcela Parra, una genia. O cada libro que suma el gran Juan Wenúan que también se ha soltado a lo Juan Rulfo como un fotografo, dando un resultado eximio. Uno de mis poetas favoritos de la vida es Ángel Valdebenito Verdugo, de Freire, que es mi compañero de ruta más querido y uno de mis maestros favoritos, siempre atento a todo lo que hace, dice o escribe, guía. Otro poeta que siempre me deslumbra es Bernardo Reyes, sobrino nieto y maestro mío, a mis 15, en un taller de poesía en la Galo Sepúlveda, donde también estaba la siempre capa Dafne Meezs, cuyo talento es desbordante. Así como el fascinante Ricardo Herrera Alarcón –apruebo un busto para él de inmediato en la plaza Teodoro S.– Sin riesgo a equivocarme de su valía. También celebro las recientes voces de Claudia Jara Bruzzone, el vasco temuquense Javier Aguirre, el nuevo libro de Ramiro Villarroel con que corona de lleno su entrada a la poesía después de años en la misma tramoya de la poesía regional. La inteligente poeta y académica Maribel Mora Curriao, ojo con ella. No sé en qué anda Selva Mora, pero era una poeta muy buena. Patricio Alvarado, poeta narrativo como el gran Luis Marín pero en otra clave. Me viene rápido para no hacer una lista interminable lo que he leído al paso de Cristian Cayupán, María Isabel Lara, Maria Teresa Panchillo, Volpi, Rubén Cifuentes, Felipe Caro, Cristian Martínez, Rayen Kuyen, Hurón Magma, Pato Gutierrez,  El hombre pájaro…. Chucha no olvidar al hombre pájaro, don Lorenzo Ayllapán, tesoro humano vivo. El feroz José María Memet, El decano Fierro o Hugo Alíster… O la visión poética de Eduardo Rapiman o la música de Nancy San Martín, Chicha con harina, Dany Pleex o Coyote rockeros… narradores como Francisco Ortega, Sergio Gómez, Antonio Díaz Oliva, Cristián Rodríguez y Maria José Ferrada (una escritora luminosa y potente). En fin, como decía Luchito Marín Cruces, después de citar a Fiodor, Nietszche o Borges: “muchos escritores para tan pocos lectores.”. Y por qué no nombrar a Clemente Riedemann que vivió entre nos, uno de los grandes poetas chilenos actuales, enseñó la posta a los nuevos talentos. O Raúl Zurita, a quien recuerdo a mediados de los 90 viviendo en Temuco y leyendo por una beca de la UFRO, lo que terminaría siendo “La vida nueva”. Me faltan también todos esos escritores que a mediados de los 90 volvían del exilio, pululaban en el café Voltaire y la bohemia azumagada y entumecida de mediados de siglo. Tantos fantasmas, escritores del pasado y mi infancia y adolescencia que se perdieron también… Augusto Winter desplumando un cisne ante un púber Ricardo Reyes… O Lucila Godoy Alcayaga (Gabriela Mistral) la directora y poeta del liceo de mujeres de Temuco, regalándole a ese mismo joven poeta liceano Ricardo Reyes, las obras completas de Dostoyevski.

–Hace unos días se conmemoró un nuevo aniversario del fallecimiento de Pablo Neruda. Por otro lado hace cuatro años que el Dr. Celis, actual diputado y en aquel entonces concejal por la comuna de Temuco, propuso quitar el reconocimiento y el título de ciudadano ilustre de la ciudad al dictador Augusto Pinochet por sus crímenes contra los derechos humanos a lo cual el actual alcalde Miguel Becker respondió que “si el señor Pinochet es ciudadano ilustre o benemérito del año 74, bueno, habría que preguntarle a las autoridades  de la época por qué lo nombraron, porque me imagino que se hizo en forma democrática, ¿o vamos a cuestionar el premio Nobel de Neruda? No sé, pucha, a mi no me parece ese premio de Neruda, ¡que lo devuelva!”. ¿Qué comentario te merece que Pinochet sea ciudadano ilustre de la ciudad de Temuco y que aun no exista un título, póstumo a estas alturas, para Pablo Neruda?

Pablo Neruda es el poeta más invisible de Chile, todos hablan de él, pero nadie lo lee a ciencia cierta o realmente lo ve en toda su magnitud, escapa a cualquier regla o medida, algunos sostienen que lo leyeron de cabro, nunca dicen muy bien qué… Muy pocos para ser exactos somos los que atravesamos su corazón sin quemarnos, su vara, a diario. Todo lo que hoy se dice de él es de oìdas, generalmente desalentador y mediocre en términos de sustancia, investigación, contexto cultural y lectura… Ya no quedan los que lo conocieron en vida para pararles el carro a los tontitos de siempre, al chaquetero que no falta en este país, al moralista de la paja ajena y no la viga en el propio. Cada poeta en esta tierra está llamado a cruzar el desierto nerudiano si quiere tener un puesto en el muro –del fuerte– de la poesía, a lo Jon Snow. Cada poeta debe aprender a ser derrotado por este estudiante del Liceo de Temuco. Amado incondicionalmente por maravillosas mujeres de su tiempo, generoso, niño eterno, que dio todo por dejar un país mejor, por hacer una cancha pareja, por valorar lo nuestro. Y que nos abrió los ojos frente a esa derecha sempiterna que nos gobierna de siempre, vendepatria, que lleva años alimentando el cuco del horror de un gobierno contrario, donde lo poco que uno tiene no será tuyo, cuando ya estamos en un país en que no somos dueño de nada y no nos da nada. Cada uno se salva con sus propias garras y ni siquiera eso, porque según lo que heredamos podemos o no tener algo mejor. Es un mito que con sueldo minimo chileno puedes no ser otra cosa que un esclavo toda la vida.

Toda crítica sin contexto cultural es solo una parrafada, hoy abundan, internet es la nave de los locos. Puedo visualizar en el futuro a los brutitos del futuro, no sin cierta lógica, condenarnos por comer carne, los plásticos, la basura espacial, por votar por autoridades de extrema derecha como lo es la gente de la UDI, RN O EVOPOLÍ, por tener empresas mineras pagando entre un 3 y 4% de impuestos… es decir, regalandole la plata nuestra, nuestra riqueza natural a precio de huevo. Por ser cómplices de las mentiras con que se han inventado una guerra de pacotilla en el sur, para ganar un sobresueldo los pacos por zona y empresas de seguridad. Por llenar de pino y eucaliptus. Por tener gente que sale de 4to medio en Chile y llama a esas plantaciones: bosques.

Lo del alcalde es triste, desalentador. En fin, gente que gana tanta plata y tan pobre de espíritu, que no tiene tiempo para leer y contemplar cosas hermosas, apreciar tesoros culturales como “Residencia en la Tierra”, poemas de amor, “Canto General”, “Odas elementales”, “El libro de las preguntas”. No aprende del Winnipeg o sus discursos parlamentarios. En fin, una casa sin libros como la del alcalde debe ser una casa pobre. Me aterra la posibilidad de estar dentro de su cabeza con ese desconocimiento del poeta y de tantos otros que en la frontera nacieron, extendieron sus alas, nos mostraron la verdad y la belleza, codo a codo con el paisaje y la tierra.

Ojalá el Sr. Alcalde y su séquito corrija el garrafal error con que celebraron a uno de los míos, poniendole a la calle: “Bombero Barnet”. Cuando es Bombero Barnert, con rt final. Es un incendio que lleva muchos años en mi cabeza dándome vueltas. Y ojalá celebren alguna vez una retrospectiva de otra de mis tías abuelas: Leonor Barnert, pintora sagaz del wallmapu.

Ojalá en esta vida que me queda también tengamos una calle, pasajito, avenida, llamada Jorge Teillier, Elicura Chihuailaf, Jaime Luis Huenún, Gloria Dunkler, Guido Eytel, Bernardo Reyes, Omar Lara, Leo Sanhueza, Miguel Arteche, Venancio Lisboa, María José Ferrada, Juvencio Valle, Gerardo Quezada Richards, Luis Vulliamy, Luis Marín, etc.

Por supuesto, también celebro cosas como la adquisición del archivo compuesto por más de 600 imágenes inéditas de Pablo Neruda y otros poetas nacionales por parte de la Biblioteca Central de la Universidad de La Frontera, tras ser transferidas por su autor, el fotografo Jorge Aravena Llanca, que las mantuvo 48 años en su poder y que atravesaron el Atlántico para dejarlas en la casa de estudios temuquense, ciudad en donde fueron capturadas dichas fotos.

Este año se cumplen 70 años de la publicación del “Canto General” ¿Cuál es la vigencia y proyecciones; cómo y en qué autores se refleja, según tu criterio, el legado de Pablo Neruda en las letras nacionales de la actualidad?

“…un poeta del extremo Sur de América

hijo de un ferroviario de Patagonia,

americano como el aire andino,

hoy fugitivo de una patria en donde

cárcel, tormento, angustia imperan…”

[Que despierte el leñador]

Conmemoramos este 2020, “Canto general”, libro fundamental del corpus poético nerudiano. Escrito en 1950, durante su exilio. Que partió en Argentina, después de un cruce mítico desde Chile por la cordillera en verano –no en invierno como en la estúpida película “Neruda” de Larraín–, perseguido como político, comunista, escritor, por el gobierno de Gabriel González Videla. Un exilio que sostuvo en otros países por más de tres años. Y que catapultó aún más el aura de héroe del pueblo de nuestro vate que peleó por causas justas, un progresismo que alcanzara todas las capas de la sociedad, igualdad ante la ley, educación para todos, abolición de los privilegios de cuna. El volumen desde sus inicios fue prohibido en Chile, evidentemente. Muchos de estos “cantos” hablan claramente de su rabia, dolor e impotencia hacia la situación política de Chile desde los albores de la patria, de su amor y esperanzas puestas en el cambio social y condiciones materiales del pueblo, no sólo en Chile sino toda Latinoamérica. Un entramado poético de América. Una toma de consciencia y orgullo, tan emocional como filosófico. Un canto material que constituyera una profunda reflexión de la situación socio-cultural y político-ética del nuevo continente hacia delante, no hacía atrás. Un fuerte y duro “no más al abuso” con nombres y apellidos. “Canto general” es un clásico de la literatura hispanoamericana y de la poesía universal de siglo XX, al que Neruda llamó en sus memorias mi “libro más importante”. Obra de carácter enciclopédico-histórico donde mezcla múltiples temas, géneros y técnicas bajo un denominador común, una misma idea: América. Constituyéndose así en una historia de las historias líricas del continente, pero también social y política. Y dentro de este inmenso canto, con sus alturas y mesetas, una de las cumbres casi insuperables del idioma: el gran canto que es “Alturas de Macchu Picchu”, una proeza inspirada e inspiradora del castellano escrito en Chile para el mundo. En el prólogo de la edición de Cátedra, Enrico Mario Santi, sostiene que son 15 secciones, cerca de 330 poemas y más de 15 mil versos. Además de traducido a los idiomas más importantes del mundo, ilustrado por grandes artistas y del que importantes compositores han musicalizado sus partes. Simplemente, un trabajo formidable del vate, visto desde las cifras, fundamental para nosotros. Y que rápidamente despertó el fervor de las mejores mentes de su generación como del pueblo que encontró eco aquí de su sentir más profundo y americano del todo en una misma masa madre. Pablo Neruda tenía claro el objetivo al escribir este libro: “En la soledad y aislamiento en que vivía y asistido por el propósito de dar una gran unidad al mundo que yo quería expresar, escribí mi libro más ferviente y más vasto: el “Canto general”. Este libro fue la coronación de mi tentativa ambiciosa. Es extenso como un buen fragmento del tiempo y en él hay sombra y luz a la vez, porque yo me proponía que abarcara el espacio mayor en que se mueven, crean, trabajan y perecen las vidas y los pueblos.” Juan Villegas, escribe: “Hacia los años cincuenta la figura del autor del “Canto general” dominaba el ámbito poético tanto por su producción literaria como por la imagen humana y personal. La aureola de poeta e intelectual comprometido, sus vínculos con los republicanos españoles, el haber sido perseguido en su propia tierra por las fuerzas del mal condicionaron de una u otra manera a las nuevas generaciones poéticas a aceptarle como maestro indiscutible determinando el modo de hacer arte literario en un buen número de principiantes.” Sí, conmemoramos los 70 años de este inmenso trabajo de la lengua americana que una gran mayoría de poetas al menos chilenos hoy ya no leen ni dominan, con un Neruda leído mal y poco, tergiversado por la propaganda de la derecha y los plutócratas, los discursos someros a base de eslóganes, sacado de contexto histórico y real, en la destrucción de todo lo que huela a meritocracia en un país controlado por una élite económica y endogámica de la misma condición social para asegurar sus privilegios, apoyado por ese vicio de intolerancia santurrona que campea en sectores de izquierda. Todo esto contra lo que Pablo Neruda luchaba y lo llevó a ser un héroe en vida para los más humildes e intelectuales, para las minorías golpeadas, para las mayorías sumidas en una pobreza denigrante aún cuando trabajen de sol a sol. Por ahora me interesa ya de lleno revisar algunas de las opiniones del poeta que admiro, en contemporaneidad, con la poesía de “Canto general”. Así descubro que, por ejemplo, Canto general, fue la obra que más le fascinó a Octavio Paz, a pesar de su desencuentro político, “Mi conclusión es que Neruda es el mejor poeta de su generación. ¡De lejos! Mejor que Huidobro, mejor que Borges y que todos los españoles”. En “Los hijos del limo”, sostiene que este libro es «enorme, descosido, farragoso, pero atravesado aquí y allá por intensos pasajes de gran poesía material: lenguaje-lava y lenguaje marea.”. Jorge Teillier sostiene: “el héroe poético de mi generación era Pablo Neruda, que perseguido por el traidor se dejaba crecer barba y atravesaba a caballo la Cordillera. (…) llamaba a cantar con palabras sencillas al hombre sencillo y en nombre del realismo socialista convocaba a los poetas a construir el socialismo. Hijo de comunista, descendiente de agricultores medianos o pobres y de artesanos, yo sentimentalmente sabía que la poesía debía ser un instrumento de lucha y liberación y mis primeros amigos poetas fueron los que en ese entonces seguían el ejemplo de Neruda y luchaban por la Paz y escribían poesía social.” Por su parte, a modo de contracara, Enrique Lihn, que esperó ocupar el lugar que dejaba Neruda con su muerte, par excellence, el cual le fue negado por ceguera e inquina de la izquierda más rancia a los errores y terrores de Cuba y la mirada del crítico (y poeta), tolerado por el régimen dictatorial de Pinochet, Ignacio Valente. Además claramente la cada vez mayor presencia de Nicanor Parra y Gonzalo Rojas, más allá del marco de los entendidos, la entrada rutilante en la escena de Raúl Zurita –el niño mimado de la poesía chilena–, por su debut literario colosal e indiscutible que lo posicionó entre los grandes de su época, con razón. Así, en esa situación intelectual y emotiva, contrapuso Lihn a Canto general su canto particular, en una movida sardónica y audaz, inteligente, al Paseo Ahumada, en el centro de Santiago de Chile. Y acabó interpelándolo y interpelándose, en su ominoso “Diario de muerte” en contrapartida a la del poeta de La Chascona, Isla negra y La Sebastiana, con el poema “Muerte no te desasosiegues…”: “ocupar con toda propiedad / el lugar del Neruda del Canto General.”, con motivos de sobra para ser el pope de las letras nacionales. Nicanor Parra, diez años menor, al igual que Octavio Paz, sostiene que Pablo Neruda, amigo literario por lo demás, a propósito de su “Discurso de bienvenida a Pablo Neruda”, que “tarde o temprano todos tenemos que ser medidos con ese metro en expansión permanente que es Neruda”, cuando “Canto general” era apuntado como el gran poemario americano. Por esos días, el crítico Mario Ferrero, señalaba que es, “una obra densa y monumental, la de mayor amplitud temática y síntesis americanista que se haya realizado en el continente”. Y más acá, otro de los aludidos, nuestro inmenso Raúl Zurita apuntaba a boca de jarro: “Una poesía –la del “Canto general–, indudablemente grande” y agrega “Pablo Neruda al escribir su Canto General no sabía que ese libro iba a ser la prueba de que los pueblos que a través de él lo escribieron y que allí se mencionan, debían atravesar todavía otra “muerte general” –las nuevas dictaduras y su interminable secuela de asesinados y desaparecidos- dándoles a todas esas víctimas, a los oprimidos y marginados de nuestra historia, la sanción póstuma de encontrar en la poesía la vida nueva que debía esperarlos y que no los esperaba.” Hace poco, Héctor Hernández Montecinos, me respondió: “El Canto general le da a la geografía americana una historia. Sin embargo, no se trata de los hombres y sus acciones sino de sus reacciones ante una naturaleza que los sobrepasa. Una naturaleza también humana que es la del poder. Asimismo, le da a dicha historia un nuevo decir desde la poesía y convierte los monumentos de nuestras luchas por la libertad desde el siglo XVI hasta el XX en documentos para una ciudadanía continental desde Cholula hasta Lota. Su triunfo en la poesía le hace un contrapeso a lo común de la derrota. Después del Canto General somos todos más americanos, sin lugar a dudas.” No podríamos estar más de acuerdo con el profesor y poeta novísimo. Jaime Quezada, lo resume con dominio y brevedad: “Canto general viene a ser la primera epopeya moderna fundamentada en una concepción dialéctica de la historia de los pueblos americanos”. O nuestro Armando Uribe Arce, “Canto general es poesía de pasiones, retrata una parte genuina de su ser en conversaciones.” Porque como bien dice el chilote Carlos Trujillo desde el mismísimo Chiloé ahora, después de tantos años en EEUU: “A casi medio siglo del fallecimiento de Neruda y con tantísimo libro sobre el poeta y su obra, cualquiera pensaría que queda muy poco que decir sobre él. Cualquiera podría pensarlo. Sin embargo, cada lectura de Neruda nos ilumina más y mejor su universo poético, su compromiso con la vida y la belleza y las causas más nobles de la humanidad. Hoy celebramos los setenta años de Canto general, libro admirado u odiado por igual durante los oscuros años de la guerra fría, pero una vez acabada esa época sería una tarea muy difícil para cualquier lector negar la grandiosidad de ese proyecto poético inigualable no sólo por entregarnos la visión de una América enorme, variada, sufrida y permanente atropellada, ya por los conquistadores, ya por los poderosos de turno de nuestros propios países. Neruda nos entregó un libro tremendo no sólo por su volumen y su enorme cantidad de poemas sino muy principalmente porque obligó al mundo (y también nuestro propio continente) a abrir los ojos de una vez por todas para aceptar que la historia de “nuestra América” no comenzó con la llegada de Colón sino que había comenzado a escribirse muchísimo antes de la llegada de los europeos, pero que hasta la publicación de Canto general era totalmente negada hasta en los libros de historia. Salud, poeta, “sube a nacer conmigo, hermano”.

Sí, espero que este clásico criollo se lea más entre nosotros y se redescubra a la luz de todo lo que sigue viviendo nuestra América –esta áfrica premium–, de polo a polo, de este a oeste. Un libro monumental a escala humana, un hilado de sueños y esperanzas para nuestra tierra. Un apretón de manos –como pedía Celan al poema–, a cada uno de los que nos tocó en esta tierra, con estos poemas o cantos, en alguna parte del sistema nervioso o del corazón. Sobre todo para los que sufren estos días, para los que pelean por el bien común, trabajadores, cesantes, que no han podido enterrar a sus seres queridos, como tantas veces en esta tierra nuestra. Soledad Fariña a propósito de estas reflexiones, pensando en Pablo Neruda, me decía: Nos llega aún el eco permanente de su Canto, tal como nos lo susurró hace años al oído: “testigo de estos días/yo soy y siento y canto…”. Me permito por último un recuerdo personal, adolescente –a propósito de esta conmemoración de los 70 años de Canto general– en este país que en su interminable agonía de resistir día a día los golpes de los dueños de Chile, emociona–. Y es la de haber sido parte de un Teatro Caupolicán lleno, cantar al unísono: “Sube a nacer conmigo hermano”, a fines del siglo XX, con la instrumentación celestial de los Jaivas, con el Gato Alquinta en vivo y directo. Un poema que no nos enseñaban en la Escuela o Liceo. Y eso que pasé por el mismísimo Liceo Pablo Neruda de Temuco, A-28, el mismo donde estudió Neruda al lado del compañero, poeta también Juvencio Valle. En fin, todos esos días nos sabíamos “Sube a nacer conmigo hermano” sin querer memorizarla, ayudados por los Jaivas, claramente, desde la adolescencia o niñez. Y era como una llave que nos acercaba los unos a los otros en nuestro dolor y desesperación, un tema –el más icónico– del álbum, que nos daba fuerza y esperanza, luz, a pesar de las cosas que sucedían tanto puertas hacia adentro en nuestras casas como en esta democracia en la medida de lo posible. Nunca tuve el casete pero al igual que muchos de mis amigos, entendíamos que “Sube a nacer…” era un himno intergeneracional, más allá de clases o diferencias, estaba por sobre nuestra pequeña vida, era un llamado visceral de lo americano, una invitación al valor y coraje, a ser pueblo más profundo, a la belleza del mestizaje y valorar las diferencias. Y así lo intuíamos. Cada vez que la oímos la cantamos a todo pulmón, desafinados, emocionados, catárticamente, ebrios tantas veces, ese día y tantos otros, aquí o allá, cuando alguien la rasgaba en guitarra de palo. Acá me encontré con el video de esa tarde noche inolvidable:

También les dejo al propio poeta –Pablo Neruda–, recitar ese poema completo, sostener por casi 30 minutos uno de los tesoros aportados desde nuestra lengua castellana escrita en Chile al mundo:

Cierro tu pregunta, Ramiro, con estos versos de Neruda:

“Soy nada más que un poeta: os amo a todos,

ando errante por el mundo que amo:

en mi patria encarcelan mineros

y los soldados mandan a los jueces.

Yo no vengo a resolver nada.

Yo vine aquí para cantar

y para que cantes conmigo.”

[Que despierte el leñador]

* Ernesto González Barnert (30 de agosto de 1978, Temuco, Chile). Ha obtenido por su obra poética el Premio Pablo Neruda de Poesía Joven 2018, Premio Nacional del Libro a Mejor Obra Inédita 2014, Premio Nacional Eduardo Anguita 2009, entre otros, además de varias menciones y becas. Entre sus últimos libros está “Éramos estrellas, éramos música, éramos tiempo” (Chile, 2018), la reedición de Playlist en EEUU (Floricanto Press, 2019) y en Chile, esta última bilingüe (Plazadeletras, 2019), además de la antología: Ningún hombre es una isla (BuenosAiresPoetry, 2019) y “Cinco mamuts en fila” (Plazadeletras, 2020) y en HD Argentina, de Bahía Blanca. Es cineasta y productor cultural del Espacio Estravagario, editor de la Revista Cultura@fundacionneruda.org. Reside en Santiago.

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