El Estado Del Arte

Bernardo Oyarzún: Recuerdos de la Bienal de Venecia, racismo en el mundo del arte, revuelta social y políticas culturales.

En esta oportunidad conversamos con el destacado artista nacional Bernardo Oyarzún (Los Muermos, 1963), representante de Chile en la 57° Bienal de Venecia el año 2017, quien ha irrumpido en la escena nacional e internacional del arte con un cuerpo de obra cuyos contenidos fundamentales son el paisaje, la identidad y el territorio, con un fuerte componente contemporáneo, donde destacan los relatos marginados, las urgencias geopolíticas, ambientales y contingencias en un amplio espectro.

Tu obra artística es variada y aborda distintas dimensiones, entre las que podemos apreciar la que tiene relación  con tu identidad como una persona perteneciente a uno de los pueblos indígenas de Chile ¿Qué significó para ti haber participado en la Bienal de Venecia como un artista mapuche, en representación de Chile?

Esta pregunta me la han hecho muchas veces y siempre es muy complicado de responder, porque tiene muchas dimensiones. La primera: desde el punto de vista del contexto del artista, esto está dentro de mi trabajo y estamos hablando de la Bienal de Venecia, de la más importante del mundo del arte, la más visitada, etc. y la que curricularmente hablando es la más relevante para cualquier artista, por lo tanto es difícil negarse a esa oportunidad y sacarle partido. Te estoy hablando de trabajo, contexto visual, de lenguaje…, eso es un gran tema, en realidad. Es paradójico cuando se analiza este envío en el sentido más político, de hecho este evento es una competencia geopolítica finalmente, como las olimpiadas. Mirado así, llevar una obra esencialmente mapuche, representando a este país que ha reprimido este pueblo durante toda su historia, es un gran contrasentido. Ahora, junto con el curador Ticio Escobar analizamos esto, y pese a toda esta historia bélica y prepotente del Estado de Chile, veíamos justamente esa  urgencia y la necesidad de abrir espacios en el mundo del arte al mundo indígena, convergían al mismo tiempo  muchos problemas; estéticos, políticos y hegemónicos del mundo del arte,  hace muy poco que se abrió esa puerta al mundo de la artesanía, al arte indígena y popular, todo un mundo artístico que estaba vetado, que no podía ingresar al mundo ilustrado del arte, esa ha sido una de las luchas teóricas que ha tenido Ticio Escobar desde los años 80’ , trabajando incansablemente este tema, tratando de validar, justamente todo esa belleza eludida, por lo tanto,  había mucho que trabajar en muchos ámbitos. Ingresar al vórtice hegemónico, a la capital del arte, como esta Bienal y  con esta obra, significó llevar todo el mundo indígena americano, la imagen del pueblo mapuche como una síntesis del problema indígena, íbamos en representación del los guaraní, de los yanomami, de wayú, de los aymara, quechuas… en fin, todos lo que quieras, estaban ahí y la gente en Venecia lo leía así, como una especie de levantamiento. Era la representación simbólica, escénica de un pueblo que estaba gritando, muchos espectadores me dijeron el mismo relato: parece que gritan ¡ AQUÍ ESTAMOS!. Werken fue eso el levantamiento de una bella imagen mapuche. Esta es otra arista que es muy relevantes –y esto es precisamente lo que me interesa-,  hablar de esta belleza particular que tiene la cultura mapuche, me dio la posibilidad de mostrar un aspectos bellísimos de la ritualidad y la espiritualidad mapuche. Estoy hablando de esta entidad mística, como el koyón  junto con la historia épica del pueblo mapuche a través de toda su patronímica que estaba impregnada en todos los leds, con todos estos apellidos que, si bien es cierto que algunos estaban distorsionados, pasaron por la filiación del Estado y no se perdieron, hay deformaciones, omisiones, invención y un montón de cuestiones extrañas, pero finalmente era la impregnación y la imprenta en el registro civil de estos apellidos  como otro hito territorial, como la toponimia que ingresó oficialmente al territorio y al Estado de Chile sin poder ser borrada. Esa historia territorial está impregnada ahí,  en estos dos elementos muy relevante que tiene este espacio geográfico. Si bien es cierto era una paradoja, también fue una gran oportunidad de mostrar al mundo  este pueblo y de rebote, (como así ocurrió) a los propios chilenos; que los mapuche son una cultura importante y que deberíamos sentirnos orgullosos de eso. Ahora, si además empezamos a medir el éxito que tuvo la obra, esto fue un verdadero acierto, estamos hablando que en la pre inauguración, exclusiva para la prensa, al segundo día (son tres días de prensa en Venecia), salió en la portada de cultura del Corriere della Sera, un diario súper importante en Italia y al día siguiente salió en la portada del diario La Vanguardia de España. Si sopesamos esto solamente, me siento totalmente recompensados, no por mi, sino porque estaba la imagen mapuche en todas partes. Si tu me preguntas cómo me siento ahora, estoy muy contento de haber hecho esto y haber corrido el riesgo. El afecto y el efecto de este trabajo fue transversal, mundial y local, es una obra que ya ha recorrido Chile por cuatro regiones: Valparaíso, Colchagua (Peralillo), Santiago y Valdivia, la gente se ha logrado identificar con esta obra,  para mi esto tiene varias explicaciones, premisas que manejaba como hipótesis de trabajo que tenía el proyecto Werkén, y  no es otra cosa que visualizar una imagen revolucionaria que estoy viendo a nivel cultural en las grandes ciudades, sobre todo en Santiago, el florecimiento de las comunidades mapuche urbanas y marginales que se vienen levantando hace tres décadas. Para mí,  esto responde al despertar de una memoria ancestral que estaba en las poblaciones y quedo ahí latente, que llego desde sur con los emigrantes mapuches durante la primera mitad del Siglo XX. El primer koyón que vi y que iluminó esta obra, fue en la comunidad Kiñe Pu Liwén en la comuna de La Pintana. Esos fueron mis primeros rituales mapuche en plena región metropolitana y fue también está comunidad que me respaldo e hizo posible armar este trabajo colectivo con todos los peñi desde Santiago hasta Puerto Montt .

Fotografía: Adrián Gutiérrez

¿Qué crees que fue lo que al público en general y al especializado le sucedió para que  se detuvieran en tu obra, definiéndola a su vez como una, sino la más importante de esta instancia artística internacional?

Yo creo que fue el contenido profundo que tenía Werkén, porque en general la bienal estaba muy leve o liviana en contenidos, lo que primaba eran obras vacías con coberturas estéticas, no había mucha apuesta arriesgada, era más bien espectáculo. Rescaté pocas obras, me gusto  mucho la obra de Nueva Zelanda que estaba inspirada también desde su historia ancestral y colonial, con una mirada muy crítica, un país que, a propósito, admiro muchísimo porque es la contra cara de Chile, el tema nativo lo  ha tratado de forma brillante a diferencia de Chile que es un desastre. Otra obra del Líbano,  Rusia y no me acuerdo más, en ese contexto de bienal de mucha parafernalia, sin contenido, aparece Werkén con una profundidad impresionante. La gente leía así y desde el punto de vista estético era bellísima, cautivadora. Tenía algo escénico envolvente, la gente se quedaba atrapada ahí. Como te decía, cuando llegaron los especialistas en esos tres días de prensa, se quedaron ahí todo el tiempo, tuvimos mucho público. Y creo que obedecía a eso, a una especie de imán trascendente y esencial.

Creo que apuestas de este tipo son también alternativas cognitivas diferentes, como una tercera vía dentro del lenguaje visual. Dentro de la misma bienal, parecía un camino posible, que diversificaba también la puesta en escena de toda la bienal. Aparecía como una obra muy distinta, habían otras propuestas indígenas, como la obra de Ernesto Neto, pero  y que me perdone este gran maestro, para mi gusto caía un poco en lo exótico, pero tal vez eso quería el artista , Exotizar el mundo indígena parodiando lo que hacen los Estados en todo el mundo. Acá había una obra absolutamente nítida, transparente, limpia. Me refiero a sus aspectos formales que son muy simples, binaria, dos componentes que se contraponen y se atraen brutalmente, una simpleza que tenía una claridad que eclipsaba, que te seduce y te atrapa totalmente, te invitaba a otra dimensión. Había algo mágico, tal vez estaba cargada de los místico del pueblo mapuche.

Fotografía: Bernardo Oyarzún

Hemos vivido duros momentos estos últimos días, espacialmente relacionados al racismo del pueblo y las instituciones de Chile, en desmedro del pueblo mapuche ¿En el sistema del arte, también podemos observar prácticas racistas y coloniales, y de existir, de qué manera operan?

Lo ocurrido en Chile estos días es algo abyecto absolutamente marginal y que avergüenza, difícilmente podría replicarse algo así en el arte, sin embargo no escapa a las perversiones que tiene la convivencia de los humanos. Hay varios temas que tienen que ver con una suerte de discriminación en el mundo del arte: los espacios hegemónicos son dominantes y categorizantes y nosotros somos tercer mundo en el mundo del arte, sobre todo Chile  que además no es fuerte como escena (me refiero a que no tenemos artistas excepcionales) y eso se demuestra de muchas formas, además la competencia es muy fuerte. Ya te había contado  lo difícil que ha resultado para el arte indígena, para el arte popular entrar al círculo del arte ilustrado,  por temas de cánones o imposiciones dominantes, pero  también hay racismo y xenofobia, en el contacto con la primera línea de trabajo que son los artistas. Te voy a contar una anécdota que viví en Venecia. No fue con gente especializada; fue con un productor de la bienal, muy desagradable, tuvimos muchos problemas con este  personaje italiano, que trabajó con el pabellón de Chile, era muy prepotente y violento. Nosotros teníamos recursos muy limitados y por ahí tuvimos algunos roces y que no podíamos hacer tal cosa o no podíamos dinero para otra, etc., este tipo se salió de sus casillas totalmente y se sacó una desde su alma colonizadora una frase absolutamente xenofóbica y racista, y dijo “Yo les voy a enseñar a ustedes de dónde vienen” estaba Ticio presente, y  bueno, quedamos perplejos. Después de la inauguración y el éxito que tuvo Werkén en Venecia andaba pidiendo disculpa y que le firmáramos unos papeles para protegerse si nosotros decidíamos acusarlo, porque ahí se quedaba sin pega para siempre en la bienal. En Chile con lo clasista, arribista y racista,  eso es común para mí, o lo fue con más persistencia en los comienzos de mi carrera (hoy soy más conocido, eso me protege un poco) viví muchos episodios discriminatorios en mi trayectoria en el mundo del arte, muy, muy  fuertes.  Es un mundo que está tan podrido como todo el planeta, no tiene nada de especial cuando hablamos de relaciones humanas,  pero se hacen cosas para mi muy relevantes y necesarias en ese mundo, es una paradoja…. Por otra parte a niveles institucionales también hay mucho que hacer, también está corrompido por el dinero, en fin, siempre te vas a encontrar con mucho lastre, como en todos lados.

¿Qué cambios significativos puede acarrear para el mundo del arte la revuelta social ocurrida desde el 18 de octubre, lo afectará de alguna manera, y de ser así, cómo lo vislumbras?

Hay que distinguir dos cosas, el mundo institucional del arte y el mundo de los artistas. Yo no creo que a nivel institucional se pueda producir cambios muy importantes, a no ser que se desprendan de una nueva constitución transformadora, eso sí podría reestructurar las instituciones, incluyendo la artística o cultural, un reformateo de todo en realidad es lo que se necesita. Ahora, respecto al mundo subjetivo  de los artistas, yo creo que no hay ningún artista que no le afecte algo así, las repercusiones que van a tener yo creo que van a ser realmente importantes. A mí me conmovió en el alma y en el cuerpo todo el estallido social, me recordó tiempos pasados épicos, fue impresionante, junto al estado de shock, alegría, rabia, impotencia… y después vienen todas las repercusiones biológicas, todo este tipo de situaciones alteran, conmueven, estamos hablando además de una revolución social y eso va a tener  efectos en la producción de arte  y en nuestro cotidiano y tengo claro que no vamos a volver  a lo que  teníamos, ya no será posible, soy muy optimista en eso.

Un ejemplo claro de los efectos que tiene el contexto en los artista es Colombia con generaciones  de artistas muy potentes y obras visuales impresionantes, estamos hablando de realidades  latinoamericanas y arte impregnado de lo local eso es lo que viene para Chile.

En el hecho de que se aprobara una nueva constitución junto a una asamblea constituyente ¿Qué aspectos crees pertinentes destacar para incluir en esta carta fundamental, a favor del sistema del arte y los artistas?

Yo partiría con uno de los principales problemas, el centralismo del arte en Chile, que tiene su capital del arte en Santiago, hay que impulsar el desarrollo de las comunidades artísticas regionales, por mínimas o pequeñas que sean y por otro lado también fomentar estas comunidades con todas sus entidades, para que funcionen como tal, esto significa impulsar la colección, el mercado, la conservación, la producción local, itinerancias, movilidad de obras y artistas, infraestructura física, como galerías, museos. Fomentar el respeto y la conservación del patrimonio intangible y físico, la memoria como un componente transversal de nuestra cultura, ahí converge todo, lo cultural y lo político. Tenemos problema  gigantes sin resolver,  como nuestra pluriculturalidad indígena  ignorada, tampoco sabemos como reaccionar correctamente con la oleada de emigrantes y todo lo que nos traen de regalo. Nichos olvidados como la arqueología, la etnografía, ellos son heroicos guerreros que trabajan en el abandono. Nos falta un desarrollo estructural macro que parte por el respeto y el cuidado de las personas y el patrimonio cultural. A modo de  ejemplo hoy día se está hablando de la necesidad de instalar un museo en Monteverde, donde está el hallazgo más importante que se ha encontrado en América de la presencia del ser humano desde hace 18.000 años atrás. Lo que estoy diciendo, es algo de una magnitud impresionante, de alguna manera hay que empezar a trabajar, reparar, conservar, respetar, etc., nos falta demasiado. Es difícil imaginar un país como Chile sin lenguas indígenas oficiales. Eso nos habla de un desinterés increíble, Nueva Zelanda tiene oficializado hasta el lenguaje de señas. Tenemos vecinos que tienen lenguas oficiales indígenas.

Estructurar todo el mundo artístico, es solo una parte, necesariamente implica otros aspectos, aparte de rediseñar otro mapa de la escena nacional, porque a las regiones les llega muy poco de todo.

Retrato de Bernardo Oyarzún: Adrián Gutiérrez.

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