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Pewen Newen: Arte y política en la poética audiovisual de Paula Rodriguez Sickert

En esta oportunidad conversamos con Paula Rodríguez Sickert, cineasta y documentalista chilena formada en Alemania que estrena el día de mañana jueves 27 de agosto la serie “Pewen Newen” conformada por cuatro capítulos de cinco minutos cada uno, verdaderos poemas pulidos en el tiempo que esta autora realizó esta obra entre la gente y los prístinos paisajes de Icalma, en el país azul. Paula Rodríguez Sickert también es la directora del aclamado documental “El lamento de las imágenes”, basado en la vida y obra de uno de los más importantes artistas chilenos a nivel internacional, como es Alfredo Jaar.

¿Cómo surgió tu interés, fue lo que te llamó la atención de la artesanía pewenche?

La verdad es que llegué a la artesanía no por un tema que me interesara en sí la artesanía. Yo estaba preparando otro proyecto que ahora está en la etapa de producción que se llama “Memoria implacable”, que está más bien relacionad con el tema de la memoria histórica de las campañas militares, cuando son despojados de sus territorios el pueblo mapuche tanto al lado argentino como chileno, es decir lo que mal llaman “La pacificación de La Araucanía” y “La campaña del desierto”. Tengo un proyecto bastante complejo al respecto y ese fue mi primer interés, pero sentí, como yo estudié cine y viví en Alemania, en Berlín, que antes que involucrarme en este tema de la historia del pueblo mapuche, tenía que acercarme y vivenciar las comunidades del sur, entonces, a través de Maricarmen, que lleva mucho tiempo trabajando con comunidades y artesanía, yo le dije a ella que podía trabajar haciendo registros audiovisuales de su trabajo y fue una manera para que se me abriera una puerta. Yo se que ella trabaja hace mucho tiempo, que ha establecido confianzas, entonces ella es amiga de una prima que vive en Temuco y fueron como mi puerta para entrar y tener una vivencia de primer orden con las comunidades. Leí muchos libros de historia, historiadores mapuche, historiadores chilenos, pero yo necesitaba como la experiencia. Tomé contacto con gente de acá en Santiago, pero yo quería entrar a las comunidades y empecé a haciendo algo sobre las tejedoras mapuche alrededor de Temuco y después me acerqué a este proyecto de Icalma, con lo que es el tallado en el picoyo, un poco largo y es más complejo y te lo simplifiqué bastante, pero fue una manera de entrar a las comunidades para de alguna manera vivenciarlas, con el fin último de profundizar mis conocimientos del pueblo mapuche, antes de hacer mi proyecto de largometraje, que estoy ahora en etapa de producción  de “Memoria Implacable”.

Imagen de archivo de la producción del documental “Memoria implacable”

¿Cómo fue la conformación del equipo de Pewen Newen y cómo se desarrolló el trabajo de esta hermosa serie?

Fue un grupo de cuatro mujeres primero que hicimos un trabajo de las tejedoras  de los alrededores de Temuco, lo financiamos nosotras, pero salió súper bonito. Estaba la Maricarmen, que es la persona que estaba trabajando con las tejedoras, como te dije, que ella trabaja en el área cultural con pueblos originarios y estaba Lala Salinas, que es una camarógrafa muy joven, que conocí acá en Santiago cuando llegué de Alemania y mi prima, la Paula Vergara, que fue la que hizo la foto fija e hizo también la producción y fue la que nos conectó a todas en verdad, ella y yo, que venía llegando, entonces hicimos esto de las tejedoras y resultó muy bonito. La Lala Salinas tiene una cámara muy poética y como que generamos una confianza con la gente. Nos dimos cuenta que teníamos una manera, una sensibilidad y algo nos generábamos de convivencia, que yo creo que en este tipo de rodajes es súper importante, con un respeto y una cercanía al mundo mapuche. Fuimos a Icalma, donde Maricarmen y su pareja llevan tiempo trabajando en la región y yo casualmente para “Memoria implacable”, el otro proyecto, había trabajado con el padre de uno de los artesanos. O sea yo venía con mi proyecto y la Maricarmen venía por su lado con sus experiencias y las dos nos cruzamos en la misma familia en Icalma y ahí decidimos volver a filmar de nuevo con nuestros propios bolsillos, pero decidimos esta vez postular a los fondos para poder trabajar bien y más profundamente y tener los medios para viajar y estar allá y buscar prosproducción, edición entre todas nosotras y por eso postulamos a los fondos, nos salieron y fue una experiencia súper bonita. Quisimos ir en os momentos del año porque Icalma cambia mucho en invierno y en otoño. Icalma es un lugar con el que estoy ligada desde la niñez. Creo que es un lugar único en el mundo que se ha logrado preservar gracias a que todavía no llega el camino de asfalto, que creo lamentablemente están construyendo ahora. Entonces creo que es un mundo que está en estado más puro tanto la gente que vive ahí, que es una comunidad pehuenche que se ha logrado aislar de todo el resto, hay como un propio mundo ahí, hay una poesía tremenda en ese lugar y una de las cosas que nos motivó y a mí precisamente también era que en medio de todo esta investigación en torno a Icalma, el lugar, la gente también nos informamos que las araucarias están con una enfermedad terrible, creo que el 80% de las araucarias, por los datos que manejamos últimamente, estaban enfermas, entonces para nosotras hacer este trabajo también era una manera de llamar a atención sobre el lugar y sensibilizar a la gente de que acá existe un mundo, de que hay que cuidarlo y que de alguna manera este es un lugar más amenazado por este sistema que tenemos extractivista, de no respeto y creo que en ese sentido el pueblo mapuche, como otros pueblos originarios, están enseñándonos eso: el respeto por el entorno, una manera de relacionarnos completamente distinta, que el hombre blanco ha hecho todo lo contrario, destruyendo todo al paso de lo que ellos llaman el progreso. Entonces se juntaron esas casualidades de la vida que nos llevaron a ese lugar, la relación con el lugar y que son unas personas maravillosas Don Belisario, su hijo Hugo, otros hijos, Marisol, su pareja, que nos han recibido y fuimos muchas veces y hemos construido un lazo muy bonito, que yo creo también es lo que le da la belleza que tiene el trabajo, con una honestidad, con sensibilidad, con un respeto mutuo al lugar, a ellos, a su trabajo. Para mí es un homenaje a Icalma y un llamado de atención a que esos lugares hay que cuidarlos y respetarlos.

También mencionarte el hecho que me encanta que seamos ocho mujeres. Creo que ahí también hay una sensibilidad especial, una intimidad y el hecho de que también se sumaron cuatro mujeres más que es la Tamara, editora; su hermana que hizo la música y dos mujeres más en la posproducción, así que me encanta eso y es súper bonito destacarlo. Creo que tiene relación con el resultado y con esa poesía y delicadeza e intimidad que tiene.

¿Qué te sucede a ti, qué sientes estar estrenando esta serie sobre el pueblo pehuenche en este contexto de crisis?

Creo que un conflicto como este, que dicen que es el conflicto más largo sin resolver de la historia de Chile y que no ha sabido resolver ninguno de los gobiernos, es un conflicto que todos evitan poner cara y yo creo que la ciudadanía va por delante de los gobiernos, porque justamente el estallido social me causó mucha alegría ver que se llenaba de las manifestaciones de banderas mapuches, que puede ser simbólico, pero que al menos para mí refleja, en las nuevas generaciones, una relación distinta con el pueblo mapuche. Creo que hay una deuda histórica, me causa mucho dolor ver como nos hemos comportado con relación a ellos, creo que hay mucho dolor en ellos también y espero que se resuelva y creo que hay mucha gente valiosa que está aportando ahora y espero que con este cambio de la constitución se logren cambiar temas sustanciales desde este conflicto que finalmente nace justamente del tema de La pacificación de La Araucanía cuando son despojados de todo. El 95%  de sus tierras y son marginados a vivir en unas reducciones después que les había arrebatado todo y la marginalidad y nunca integrándolos de ninguna manera a la sociedad chilena y me alegro que ellos tampoco se quieran integrar, porque ellos son un pueblo en si mismo con su propio idioma, con su propia cosmogonía y espero que se defina un Estado plurinacional y se pueda de alguna manera pagar la deuda histórica que hay con ellos. Para mi es eso la película: son pequeñas cápsulas de cinco minutos, cuatro capítulos y todos son más bien poéticos, son como haber captado un espíritu que está ahí, con mucho respeto al otro, que creo que es lo que falta: mucho amor y respeto por el otro, que convivimos en un mismo territorio y eso es lo que ha faltado de parte de la sociedad chilena; no solo de los gobiernos chilenos, sino que también de la sociedad chilena que es muy racista. Hay todo un mundo ahí, que hay que respetar y dejar vivir, ser.

No podemos dejar pasar por alto tu trabajo “El lamento de las imágenes”, sobre la vida y obra de Alfredo Jaar, artista chileno que también ha dedicado su obra a retratar genocidios y explotaciones de pueblos, como son sus obras basadas en Ruanda o la extracción de piedras preciosas de las canteras de Minas Gerais, en Brasil, entre otras ¿Planificaste de alguna manera dedicarte a trabajos que a primera vista parecen muy distintos, pero que tratan sobre pueblos oprimidos como denominador común?

“Jaar. El lamento de las imágenes” es mi último documental. Jaar plantea que el arte puede cambiar al mundo y de alguna manera el documental busca responder esas preguntas si es posible de qué rol juega el artista, que ro juega el arte en el mundo que vivimos especialmente hoy día y el mundo de la cultura que también tiene esa complejidad de desde dónde hablar, cuál es el lugar del arte, qué rol puede jugar y cuál es la relación arte política. Esas son las preguntas que se plantean a lo largo del documental. Si bien es un retrato a la trayectoria de Alfredo Jaar, que son más de treinta años, estuve con él en distintos países siguiendo a este artista de renombre internacional, el artista chileno más renombrado que existe, no.

Yo lo conocí tempranamente en Berlín cuando estudié arquitectura (antes de estudiar cine estudié arquitectura), él también es arquitecto y como que de alguna manera su obra, cuand yo estaba en los inicios de mi carrera él me inspiró mucho, porque él es una persona que su obra logra un equilibrio entre la información y la poesía y yo desde temprana edad decidí hablar sobre temas sociales. A lo largo de mi vida me han inspirado distintas cosas en este ámbito. Hice un documental sobre femicidio de la Deutsche Welle, fui a Bosnia después de la guerra o hice una película sobre la generación de los ochenta que pelea contra la dictadura de Pinochet, o sea, siempre son todos temas sociales, porque me baso en la idea que plantea Jaar: que el arte puede jugar un rol para cambiar el mundo y no soy ni científica, ni política, pero sí me interesa ser parte de la sociedad y lo hago desde el mundo de la cultura. Esa ha sido mi opción y a veces uno se cuestiona si eso es verdad o cuanto tu puedes afectar y yo creo que para mi en términos personales hice la película de Jaar, por un lado para dar a conocer su obra que creo que como me inspiró a mi, yo espero que inspire a mucha gente porque estoy conciente que él es un artista conceptual y que para ir a verlo hay que ir a un museo o tienes la posibilidad de que él venga a Chile y se vea, en cambio hacer un documental de él es una plataforma que tu la puedes llevar a otros públicos, a otros lugares, como sacarlo del museo. Él trabaja mucho también con lo que son las instalaciones, intervenciones públicas y él también trata de sacar el arte de ese espacio del museo y de la galería, entonces la película quiere hacer eso, darlo a conocer a través de otras plataformas por medio del audiovisual y fue una experiencia muy buena y la película ha circulado mucho, estuvo en Miradoc y viajé por muchas ciudades de Chile y fue una muy bonita experiencia con mucha gente joven que resultó muy inspiradora.

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