Industrias Creativas

Javier Llaxacondor: Gestor del Festival internacional de Poesía de Santiago.

En esta oportunidad conversamos con Javier Llaxacondor*, poeta peruano y gestor del Festival Internacional de Poesía de Santiago, evento que se realizó entre el 10 y el 13 de diciembre del año recién pasado, adecuándose a las condiciones pandémicas.

Primero que cualquier cosa quisiéramos saber ¿Cuáles fueron los principales obstáculos que tuviste que superar para la última versión del Festival Internacional de Poesía de Santiago 2020 (FIP), en esa oportunidad, transmitido vía on line?

2020 fue un año tan extraño que pareciera haberse extendido hasta ahora. Creo que el mayor obstáculo fue esa relativización del tiempo y la consiguiente incertidumbre. Unas dos semanas antes no estábamos seguros de hacer el FIP 2020 (por streaming), pero lo decidimos en último momento y lo hicimos igual, con  el espíritu que ha caracterizado las versiones anteriores. Participaron poco más de setenta poetas del mundo incluidos países tan diversos como Birmania, Bangladesh, Dinamarca, Brasil, Francia, Puerto Rico, Bolivia o Estados Unidos. Poetas extranjeros leyeron junto con poetas nacionales de reconocidísima trayectoria, pero también con poetas promisorios pero desconocidos de Santiago y Regiones. Esto último creo que fue lo más interesante. Tener a Charles Bernstein, Piedad Bonnet o Forrest Gander (Premio Pulitzer 2019), entre otros leyendo con poetas emergentes de Puente Alto, Chiloé o Alto Hospicio fue importante. Así como también la participación de varios infrarrealistas y amigos cercanos a Bolaño, como Bruno Montané (Chile), Rubén Medina (México) o Jorge Boccanera (Argentina) que están muy presentes en el imaginario literario de los jóvenes.

A principios de diciembre el año pasado, cuando se realizó la versión online del FIP, ya llevábamos más de nueve meses bajo el influjo del virus del covid-19 ¿En ese momento cuál era el sentimiento que expresaron las y los poetas por la pandemia que atraviesa humanidad?

Percibimos reacciones diversas, en la mayoría de casos una suerte de “entusiasmo de la resistencia”  y solidaridad con una situación que afecta al mundo y, en otros casos,  varias declinaciones de poetas que se disculparon por no participar en una versión por streaming por encontrarle muchos vacíos de conexión con la audiencia.

En el balance creo que alcanzamos mucho más audiencia mediática en nuestras versiones virtuales porque así se difumina esa otra virosis, la virtual que queda grabada y en las redes sociales. En la versión 2020 hay alrededor de 17 mil reproducciones de los recitales.

¿Cómo evaluarías el apoyo por parte del gobierno al sector artístico, cultural y de las industrias creativas a nivel nacional?

Creo que Chile, junto con Colombia y México (hay que sacar a Brasil de ese listado con la cambiante política cultural de Bolsonaro) tiene una visión sostenida de apoyo a la cultura. Esa es mi perspectiva como extranjero. No significa que el modelo no pueda y deba mejorarse en Chile. Pero lo que ocurre en otros países de la Región es sencillamente la inexistencia de cualquier tipo de apoyo parecido al Fondo del Libro, FONDART o Corfo para las artes en general.

En mi país (Perú), por ejemplo, el Ministerio de Cultura, a pesar de tener en general excelentes profesionales a cargo, no tiene presupuestos para proyectos culturales, sino para solo sostenerse administrativamente. Esa es la política kafkiana que decide la asignación de los presupuestos a alto nivel, no tiene mucho interés realmente en el arte o la cultura del país. Muchas veces hay más apoyo de los privados que del Estado.

Entonces puedes tener excelentes ideas, pero no hay un sistema estatal que te permita desarrollarlas. Creo que en los últimos años algo se ha avanzado en ese sentido, pero cualquier desarrollo en políticas culturales  es mínimo frente a la gestión de fondos destinados a cultura en Chile.

El revés de mi argumento, es que en muchos casos los artistas o gestores nacionales no llevan a cabo sus proyectos si no se ganan el mesiánico fondo. Eso podría generar cierta dependencia y conformismo porque en el caso nuestro nunca nos hemos ganado un centavo en los fondart y hemos producido y financiado tres versiones del FIP. Somos, como puedes ver,  profesionales perdiendo todos los concursos públicos.

¿Cuáles crees tú que han sido los efectos de esta pandemia para el mundo literario, editorial y eventos relacionados a la literatura y el libro?

Me da la impresión que los efectos han sido positivos en cierto modo. Por ejemplo, en el caso del libro. La lectura ha entrado en la penosa categoría comercial de “actividades de ocio”, entonces además de ver películas o series, también puedes leer si te aburres en casa. Prueba de eso es que aparecen más ofertas de librerías online con material de todo calibre. Muchas editoriales han liberado parte de sus libros virtuales y me atrevería a decir que han subido sus ventas.

Respecto a los eventos relacionados a la literatura, además de recitales, conferencias y transmisiones en vivo los ganadores han sido los talleres literarios de todo tipo. De autor –escritores mediáticos o más o menos conocidos que dictan sus talleres online- , pero también talleres temáticos de cine y poesía, teatro, narrativa y un largo etcétera. Creo que esos dos factores repercuten positivamente en el circuito literario, por lo menos en el aspecto económico.

Por el lado de la creación y la escritura, he visto los casos más increíbles de personas que han incursionado gracias a la pandemia en la poesía o la narrativa y en ciertos procesos introspectivos. Bien por eso también.

¿Cómo vislumbras el devenir del FIP Santiago de aquí en adelante?

De manera optimista. Somos un equipo sólido (que ha costado construir, pero creo que se ha logrado) con una mirada al futuro basados en amistad y en tres ideas claves. La primera es que el FIP debe ser un espacio donde la participación ciudadana se priorice. El público que lee poesía casi siempre también la escribe y debemos hacerlo sentir parte del proyecto. Por eso tanta insistencia en ser inclusivos y diversos. En segundo lugar, el FIP debería hacer de la interculturalidad una fortaleza. Creo que de alguna manera es lo que ha ido ocurriendo en las versiones pasadas. Cuando el festival, por ejemplo, permite que una poeta sami (pueblo originario de Laponia) converse con poetas mapuches o aymaras. O que poetas de comunas periféricas conversen con otras más tradicionales. Esta interrelación genera otro tipo de aspectos, a veces inesperados, en los autores, pero también en el público que los descubre. Por último, buscamos ser una plataforma en la que todos los artistas y poetas tengan espacio. Es espíritu del FIP es, como puedes ver, radicalmente transversal. Actualmente tenemos talleres y seminarios (llamados “La Poesía según…”), así como workshops gratuitos dictados por poetas o gestores, entre ellos Mauricio Redolés, Elvira Hernández, Omar Lara o Alejandro Zambra, Francisco Jiménez Buendía o Julio Carrasco, Victoria Herreros (de Ancud) entre otros.

https://www.fipsantiago.com/

*Javier Llaxacondor (Lima, 1982)

Poeta y viajero peruano. Estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, negocios en la Universidad del Pacífico y Apicultura y ecología en el Colegio de la Frontera Sur de Chiapas (México). No finalizó, en general, ninguno de esos estudios y se volvió autodidacta. Viajó como profesor y técnico rural por Sudamérica, especialmente entre Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia. Publicó manuales para la producción de miel orientados a docentes campesinos.

En poesía sus textos han sido traducidos parcialmente al italiano, rumano, francés, chino, árabe, inglés  y alemán, así como publicados en Perú, Chile, Venezuela, Italia, Rumania, Francia, Canadá, Marruecos, China y España. Es autor de Pez del éxodo y el vacío, obra plástica basada en su relación con los lenguados y su vida como pescador.  Vivió en Manchester (Reino Unido) donde trabajó como obrero.

Fue socio fundador del Festival Internacional de Poesía de Lima – FIPLIMA y su gerente hasta 2016.

En Santiago de Chile, donde ahora vive, dirige el Festival Internacional de Poesía de Santiago – FIP SANTIAGO.

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