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Los Lagos – Entrevista de wiñol tripantu: Javier Milanca: literatura, wiñol tripantu y los desplazados, los marginados mapuche.

En esta oportunidad conversamos con el escritor Javier Milanca, profesor de historia y geografía, quien vive en Los Lagos y trabaja en la ciudad de Paillaco, ambas localidades de la Región de Los Ríos, sobre su trabajo escritural, su visión de la cosmología mapuche y sobre el contenido de sus nuevos trabajos en lo literario.

¿Cuáles fueron tus primeros acercamientos a la literatura, cuáles fueron las primeras fuentes de las que bebiste para poder comprender el mundo literario y decidir dedicarte al arte de a literatura?

Yo empecé a escribir bien chico. Mi mamá, con ese orden de las mamás, tiene unos textos que yo escribía cuando era chiquitito. Apenas aprendí a escribir hice unos cuentos  y mi mamá los tiene guardados, me los mostró la otra vez y ¿sabes qué? no ha cambiado mucho mi literatura, por decirlo así. Mi primer acercamiento y los primeros libros que me rayaron la cabeza fue cuando estaba como en octavo y una profesora nos leyó “El vaso de leche” de Manuel Rojas y yo dije: esto es lo  que hay que hacer. A Manuel Rojas lo leí con devoción yo creo que desde mi infancia y parte de mi adolescencia. Creo que leí todos los libros de Manuel Rojas en ese tiempo. Toda la saga de “Hijo de ladrón” y lo encontraba maravilloso y lo volvía y volvía a leer. Esa parte de la herida de “Hijo de ladrón”, por ejemplo, es tremenda y yo creo que eso me marcó, porque yo escribo sobre personajes marginales, borderline, que están al borde, porque me maravillaban los personajes de Manuel Rojas.

Y leyendo a Manuel Rojas yo decía cómo alguien no escribe como Manuel Rojas pero sobre el pueblo mapuche, los marginados mapuche, la pobreza mapuche, así que como que de ahí yo me agarré un poco, ose no un poco, más bien dicho bastante de Manuel Rojas. Hay un cuento de Manuel Rojas que se llama “Laguna” que es tremendo y que resume un poco lo que yo he hecho. Yo quiero escribir como ese cuento “Laguna” de Manuel Rojas que incluso era un peñi, el personaje principal es un peñi, es un mapuche que conoce Manuel Rojas en sus andanzas de carrilano. Un cuento maravilloso y yo creo que es desde ahí que yo vengo escribiendo los capítulos siguientes de “Laguna” de Manuel Rojas.

Y de ahí yo leí de todo como: Fuentes, Bukowski me voló la cabeza como dicen los argentinos, y así a veces  se ríen cuando lo digo por que somos amigos, yo creo que cuando descubrí la poesía de David Añiñir, como que di un salto por que dije: se puede, ve se puede, si David Añiñir lo hizo como no va a poder hacerlo uno: reventar el lenguaje mapuche, el lenguaje coloquial que es lo que yo hago en realidad y el otro escritor que tengo ahora que estoy leyendo bastante ahora es Camilo José Cela.

Cela sobre todo por los personajes y la manera de escribir de los personajes, tiene unos libros que son maravillosos Cela que es muy poco leído acá en Chile, porque hay una idea de que es franquista -creo que en un principio fue franquista, pero después ya no-, hay como una reticencia en Chile de leer a Cela y Cela tiene unas vueltas, unos giros en cuanto al uso del folclor que también yo uso bastante.

Tú ya, podríamos decir, te has consagrado relativamente en el mundo literario nacional por el libro que publicaste aquí en pehuén no: “Champurria” ¿Cómo llegaste a construir ese libro, cuales son los entretelones de la construcción de este libro?

Yo partí escribiendo un libro que se llama “Historias bellacas” donde tocaba un poco el tema y después escribí “Quiltros”, después escribí uno que se llamaba “Champurria”, como que de a poquito se iban planteando esas inquietudes que yo tenia de plasmar en cuentos la vida marginal de los peñi de las calles que yo había conocido de niño. En realidad yo me alimento de los  personajes, compañeros de curso que conocí acá en mi pueblo Los Lagos y los quise siempre como enaltecer, llevarlos a un altar estético literario, por una cosa de que la gente no los ve y de repente el pintor , un fotógrafo, un poeta, un escritor los puede ver y manifestarlo  porque es la vida misma, hay está en irrupción y “Champurria” es como mi… mira “Historia bellacas” son pura historias sucias, “Quiltros” son historias de gente que no tiene claro su pedigrí, y después “Champurria” es como un resumen de eso, “Champurria” es el resultado de “Historias bellacas” y “Quiltros”: los champurria , los wiñolche. la gente que esta eternamente volviendo. Bueno, “Champurria” es el resultado de estos textos anteriores, pero también es el resultado de una observación que yo hacía del mundo mapuche y eso a mí me gusta recalcarlo. Lo que pasa es que hasta hace un tiempo decir “Champurria” en el mundo mapuche era un insulto, una forma de desprestigiar a alguien, era una forma de insultar a alguien, entonces yo a raíz de eso también tomé el nombre y el tema y es lo que yo trabajo: el mestizaje, la pobreza y dije yo que acá hay un tema que rescatar. Mira, y no sé si viene a partir del libro, pero ya venía una corriente para decir que los champurria existimos, los champurria son los chilenos, los champurria también son los mapuche, es un poco lo que yo quise reflejar: la sociedad pobre y marginal de Chile y me hace mucho sentido que la revuelta, el estallido es un estallido mestizo, un estallido champurria, el aburrimiento de las clases por la opresión de una élite. No fue como decían los marxistas que iba a ser el pueblo, los obreros, sino que fueron las clases que estaban ahí, oprimidas, viviendo al día los que levantaron ese estallido y tiene mucho sentido con este grito del mestizaje chileno, finalmente somos mestizos.

Por lo que puedo observar tu libro, como te comenté recién, tuvo una muy buena aceptación y repercusión en el mundo literario chileno, quisiera preguntarte ¿Cómo sentiste la recepción de tu última publicación por parte de la comunidad y del país?

Bueno uno siempre escribe pensando en lo máximo, no. Como decía un amigo, un escritor de acá: el escritor que no piensa en el premio nobel está perdiendo el tiempo. Yo quería sacudir un poco, esa era mi intensión, incluso el nombre es medio insolente. Hoy día ya no, pero yo quería sacudir un poco, esa era mi intensión: sacudir. Yo nunca pensé que iba hacer tan bien recibido, de verdad, porque en primer lugar no soy como un intelectual, no soy un literato, yo leo bastante pero no me considero, de hecho soy profesor de historia, pero podría haber sido profesor de literatura, pero yo la idea que tenía era sacudir. Un poco remover estas cosas, llamar la atención, que es lo que uno hace: llamar la atención en el sentido de decir este es un tema, es un tema que no han solucionado los mapuches, no ha solucionado la sociedad chilena y después cuando empiezo a ver que el libro tiene aceptación –lo que a mí me encanta-, porque tiene aceptación en el ámbito académico, hay varias tesis, chicos estudiando. A mí me da risa porque una argentina me mostraba un día un estudio sobre el libro “Champurria” y su tesis tiene como 800 páginas y el libro champurria tiene con “cuea” tiene cien, cachay, entonces yo le decía y el resto de donde salió y me respondió: no bueno, en fin, como son los académicos, entonces como que yo no busco eso academicismo tampoco, Entonces me gusta,  por ejemplo esta chica está haciendo una tesis de doctorado en literatura, imagínate y me lo lee una lamien de una comunidad, yo me siento completamente satisfecho de haber  llegado a un público variado, desde la academia hasta la calle, hasta la comuna, hasta la ruka de fogón.

Oye, pero tocaste un tema muy interesante y que es sobre el estallido champurria, o sea yo quisiera que nos comentaras también ¿Qué te parece a ti que este estallido, al mismo tenor de mostrarnos banderas, pancartas de todo tipo, la wuenu folle, la bandera mapuche sea la que más resalte en este proceso, que aun estamos viviendo en el país?

Mira, yo creo que igual la bandera, como que la wuenu folle, concita más interés, legitimación, porque yo creo que es la bandera del mestizaje, es la bandera que corresponde, imagínate que te acuerdas que Pinochet dijo que aquí no hay mapuches, aquí todo son chilenos, imagínate que la bandera chilena es la que levantan los fachos en sus marchas fascistas, es como la bandera chilena, el himno nacional como esa uniformidad, como esa cosa de poner un pendón que nos represente, en el fondo representa la bandera chilena y más encima dicen que es la mas linda del mundo, representa el país falso que tenemos, el país construido a partir de una élite que hostiga a la otra, la gobierna, la maltrata más encima. Comparado regionalmente, por ejemplo, Argentina,  ellos tienen una relación con el Estado un poco más amigable, porque ellos se sienten parte del país, aquí en Chile hay un país, una élite que gobierna al resto y el resto no se siente parte de un país, entonces la gente en estos estallidos empieza a imaginarse otro país, el país de verdad, el de la tierra , el de acá y claro que surge ese símbolo de la wuenu folle, esa bandera que representa la tierra real y no el país construido por una elite aristocrática.

Pasando a otro tema ¿Qué es para ti, cómo vives tú el advenimiento del wiñol tripantu y qué significa para ti, y si acaso también puedes comentarnos tu pensamiento para poder trasmitírselo a todos?

De alguna manera el wiñol tripantu se ha convertido en un antes y un después. A partir del año 90, desde que tengo razón, por que antes lo comentaban los antiguos, los abuelos comentaban que se celebraba el wiñol tripantu, que la fiesta de San Juan, que aquí en el sur es muy fuerte, era una forma de encubrir el wiñol tripantu, o sea el San Juan era una forma de que el wiñol tripantu quedara detrás de, como hicieron con toda la conquista, como por ejemplo acá en Valdivia la catedral la hicieron donde estaba el guillatuwe, entonces era como encubrir las ceremonias mapuche con otras y el San Juan les caía súper bien, que justo es el veinticuatro  también, pero el veinticuatro occidental. Entonces a partir de los 90 yo recuerdo que agarró fuerza el wiñol tripantu. Después cuando ya empecé a trabajar de educador tradicional como que es el mes que se pone de moda el tema  wetripantu, pero sin embargo, yo lo trabajé y lo viví desde siempre con esto de que yo tenía unos tíos que se iban a bañar en la mañana al río, estas cosas que  ocurrían apariciones en el cielo, entonces siempre para nosotros fue muy importante trabajar el wiñol tripantu como un nuevo ciclo. Hoy día yo creo que tiene una validez total y hoy día hay como esta coordinación sospechosa, pero no es una coordinación sospechosa, porque la mayoría de los pueblos originarios del hemisferio sur celebran esta época, por que es el nuevo inicio y no es  algo que termine y algo que empiece, sino que también, como  sabes, esto es circular, entonces es una cosa que va girando, va dando vuelta, no es cíclico, no, por que el ciclo es como renovación; yo creo que es en espiral, el wetripantu es una ceremonia en espiral en que se van dando de nuevo las cosas  pero cada una con su característica. El wiñol tripantu para mi es súper importante, yo lo celebro bastante con vino y con chancho,  como tiene que ser acá en el sur, no sé,  es la época de comerse un chanchito y compartir y vienen los nuevos brotes y se ve en los árboles, o sea  uno camina y se ven los árboles, empieza alargarse el día, viste,  así que es súper importante y yo lo tengo siempre en la literatura, de hecho en el nuevo libro  que estoy escribiendo, que  se llama “Wiñolche”, en el fondo digo que todos los hombres y las personas, cuando digo la humanidad, para que no se mal entienda, digo que la humanidad está en completa renovación. Wiñolche significa: gente que vuelve y esos son los mapuches, gente que está volviendo.

En relación a “Wiñolche” ¿De qué va, o sea, de qué trata, cuáles son los principales elementos, sus personajes, sus locaciones, qué destacarías tú de lo que estás escribiendo ahora para esta nueva entrega? 

Siempre cuando a uno le preguntan cual es el libro que te gusta más, es el último que estás escribiendo. Estoy reentusiasmado con este proyecto de escritura por que habla sobre el eterno retorno. Yo, mira, como te decía, yo soy bien poco serio, serio en el sentido de que me gusta hacer chiste de todo. Por ejemplo yo vi que Nietzsche era Nietzs-che, o sea es un peñi y él habla del eterno retorno y  los mapuches hablan toda la vida y todo el tiempo sobre el eterno retorno, o sea, por ejemplo, de que no existe el concepto muerte en mapudungún, porque nadie se muere  y todos estamos volviendo a lo que hicimos, a lo que fuimos, volveremos de otra forma y me hace mucho sentido con lo que decía Nietzsche del eterno retorno, entonces yo jugué un poco con eso y formé el vocablo wiñolche, resulta que después conversado con harta gente, hartos peñi, ellos hablaban del wiñolche. Porque hay un fenómeno interesante, la sociología tendrá que encargarse de eso, de que los hijos de los panaderos santiaguinos por ejemplo, o los nietos ya que llegaron a la universidad, o vivieron otras cosas, ellos quieren volver a Temuco,  quieren volver a Valdivia, quieren volver a Osorno, te fijas y eso está ocurriendo: un fenómeno interesante eso, entonces yo lo tomé con toda esta mezcla y wiñolche va de eso: son historias de gente que vuelve de Santiago, son historias de gente champurria, siempre champurria no, pero están volviendo a recuperar su territorio, a recuperar su historia, su memoria y es interesante. Eso es sociológicamente interesante. Yo siempre pienso que la sociología se atrasa un poco y la poesía se adelanta más. Te acuerdas que cuando se desgranaba la cabeza diciendo de los mapuche de ciudad y mapurbe (David Añiñir) dijo mapurbe: son los mapuches de la ciudad y yo creo que hoy día hay un fenómeno interesante con esta vuelta de volver al  lugar, uno mismo lo está pasando, no, esta generación es una generación  wiñolche, que vuelve, gente que vuelve, eso significa wiñolche.

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