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Entrevista de wiñol tripantu. Jeannette Paillán: inicios, FICWALLMAPU en tempos de pandemia y una vuelta a los orígenes.

En esta oportunidad conversamos con Jeannette Paillán, reconocida directora y productora de cine documental y directora general del ya prestigioso FICWALLMAPU, que se realiza en el territorio mapuche desde el 2015 hasta la fecha y que es uno de los principales hitos del audiovisual indígena nacional e internacional que se da lugar acá, en Araucanía. Con ella hablamos también de sus inicios en el audiovisual, de sus primeras obras y de los desafíos que impone esta crisis sanitaria en que nos encontramos. Una verdadera historia de logros personales y colectivos del mundo indígena en general y mapuche en particular, de la mano de una gran mujer.

Lo primero que quisiéramos saber de tu parte es ¿Cómo te involucraste e iniciaste tu trabajo en el mundo audiovisual?

Yo me vinculé a la temática audiovisual y a pueblos indígenas y al pueblo mapuche de forma simultánea. Yo estudié en Santiago gran parte de mi vida y en la universidad nos encontramos varios lamienes que veníamos del sur y nos encontramos en la capital y una cosa que nos motivaba, porque estábamos en los años noventa, en el marco de los 500 años, era justamente la falta de material y contenido que abordara la situación mapuche desde una óptica propia, desde una óptica interna. Todo lo que hasta ese momento nosotros, al menos, conocíamos, no estaba siendo abordado por productoras independientes -gente muy conciente-, pero que desconocía mucho la temática de los pueblos originarios en Chile. Entonces de ahí salían los últimos pehuenches, los últimos mapuche y también había una mirada muy antropológica, muy de curiosidad, entonces esa imagen que se proyectaba no nos identificaba y nosotros también nos identificábamos como mapuche y había una gran distancia entre lo que nosotros veíamos en la pantalla de la televisión y del cine y lo que nosotros conocíamos: nuestras propias realidades, las realidades de los mapuche en Santiago, la realidad de los mapuche de nuestras familias que estaban en el sur y ese fue el principal motor y motivación que de alguna forma nos hizo anclar y pensar en cómo poder revertir esa imagen que nosotros teníamos de nosotros mismos, y coincidieron hechos de alguna forma vinculados con esa discusión mediática, que se había instalado después de la dictadura, que yo creo que también influyó, que se empezó a descubrir temas que nos estaban ocultos y surge el tema de los 500 años y, en esa discusión, en ese proceso, se gatilló en nosotros la necesidad de poder construir y revertir esa imagen: esa imagen que se tenía de los pueblos indígenas, y mostrar una mirada mucho más actualizada, que nos reflejara y que también, a la vez, diera cuenta de la situación de la que estábamos siendo objeto, porque coincidía con hechos como: las centrales hidroeléctricas en el alto Bíobío, la situación de la comunidad Meliñir en Quinquén, las que fueron para mí mis escuelas y mi gatillador para empezar a descubrir el cine como una herramienta de creatividad, pero también para aportar en este proceso de reconstrucción y reafirmación que está viviendo el pueblo mapuche y los pueblos indígenas en Chile a mediados de los noventa.

En un principio comenzaste trabajando en la dirección y producción audiovisual y hay obras que son emblemáticas para el audiovisual indígena, me refiero a “Punalka” (1995) y a “Wallmapu” (2002) ¿Cómo fueron los procesos por los cuales llegaste a estas producciones?

Hace mucho que no evocaba esos tiempos. Tengo que decir que no fueron procesos fáciles, ninguno de los dos. El primero, “Punalka”, surge del piuke con muchas cosas que una tiene atragantada y ahí, no, con ganas de decir y con impotencia, con cosas que necesitaba decir y creo que fueron ambas producciones de mucho esfuerzo, porque no conocíamos -y hablo en plural, porque lo hicimos con este grupo de comunicación mapuche que estábamos ahí, en Santiago- y no teníamos claridad sobre lo que implicaba una producción de esa magnitud.

Nosotros empezamos como todos a hacer algo pequeño y uno se entusiasma y nos dimos cuenta que podíamos hacer algo mejor. Estaba la poesía de Leonel, su participación, su calidad artística, creativa y un grupo entusiasta, comprometido, pero sin muchas herramientas, sin equipos.

Yo venía de una familia que no podía comprarme una cámara de foto ni de video, entonces se trabajó con muchos apoyos, creo que en la misma lógica que se continúa trabajando hoy y uno va entendiendo de que las producciones forman parte de eso, de equipos técnicos, humanos, y afortunadamente desde siempre he sabido canalizar eso, pero debo decirte que es difícil sin mucho financiamiento, pero con muchas ganas.

Creo que también la juventud nos ayudó mucho en eso, a tener buena llegada con la gente, con las comunidades, con los líderes, con las lideresas en procesos muy largos, de no poder continuar, de buscar recursos, de buscar apoyos. Debo decir que ahí, con “Punalka”, me vinculé con muchas productoras: con los Gedda, con el Pancho Gedda, con el Patricio Bustamante y su familia, cuyos lazos nos los entregó Leonel y bueno, siempre haciendo mucha producción, procesos de más de una año y comparto también lo que dice la Claudia Huaiquimilla, de que sin tener muchos referentes, y sin saber nada de cine tampoco, avanzar más bien con la intuición también. Yo te diría que eso fue “Punalka”: con muchas ganas, con mucha emocionalidad, con mucha suerte de principiante.

Con respecto al documental “Wallmapu”, creo que lo realicé ya mucho más clara en términos del movimiento mapuche, sus demandas, sus reivindicaciones, con más claridad de cómo se articulaban los diferentes grupos, puntos de vista y creo que también marca una diferencia en mi trabajo y vida. Yo también mucho más militante y tratando de escuchar menos a mi corazón y escuchando más a la gente y decirte también que “Wallmapu” tiene material de las primeras imágenes que comencé a grabar en Quinquén hasta Ralco, hasta Berta y Nicolasa, y creo que también supe estar en los momentos y fui acogida afortunadamente por las comunidades para estar en los momentos más difíciles y tener material que quizá otra gente no tenía y quizás por eso es que generó, de alguna forma, salir con material muy fresco y con un mirada distinta.

También debo decir que todo fue mucho de ensayo y error. Imagínate, trabajando analógicamente. Lo que hacía era montar y copiaba en VHS todo el material y habían una o dos o tres generaciones en que ya no se veía nada, porque me conseguí equipos para montaje en VHS y no era como ahora que tu puedes mover, cambiar, copiar y no pasa nada con el digital. Antes era grabar y copiar encima de lo que tú no habías querido, entonces regresar, retroceder… uf, desde un VHS a otro VHS y después ir a la productora donde me prestaban horas por la noche, gratis. Mientras nadie la ocupaba, yo la ocupaba.  

Y pobre, súper pobre, o sea yo, soy hija de un obrero no más, con una capacidad enorme, un hombre muy inteligente y empoderado de todo lo que implica el pueblo mapuche y creo que fue él quien nos transmitió con mucha garra y energía todo este sentir mapuche y mi madre muy aperrada, pero dueña de casa; pero el compadre súper fuerte y claro en el  sentido de lo importante que era hacer lo que uno quisiera hacer y recibiendo el apoyo que creo sin ellos ninguno de nosotros hubiese realizado lo que quiso hacer. Debo decir que yo tenía muchos frenos económicos, pero el gran apoyo para seguir adelante me lo dio él. Imagínate lo que significaba querer hacer cine en una población de Santiago.

Después has venido realizando trabajo audiovisual en otra rama de producción que es el FICWALLMAPU. Para que la gente sepa, quisiéramos saber ¿Cómo llegaste a dirigir este importante certamen?

A través de mis producciones fui participando en festivales de cine sobre la temática indígena y conociendo un importante proceso que se estaba dando a nivel continental e internacional de cineastas, productores, realizadores, comunicadores indígenas de diferentes pueblos que estaban trabajando diferentes procesos, como “Video en las aldeas” de Brasil , la gente de CEFREC, de la mano de San Ginés en Bolivia, todo el proceso de comunicación en México, en Oaxaca principalmente, que venían de las radios comunitarias, es decir que la verdad había un  semillero, un abanico de iniciativas en el ámbito de la comunicación que es bien sorprendente y me incorporé a una red que existe que se llama CLACPI, que es la Red Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas, y empezamos a trabajar en conjunto armando iniciativas.

Por el 2004 hice el primer festival en el marco de los que hace CLACPI, que son festivales itinerantes que se van realizando en diferentes países y en 2004 lo hicimos en Santiago. Hicimos un primer festival. Años antes comenzamos a hacer las primeras muestras de cine sobre la temática indígena en el Centro Cultural de España, en la Cineteca, en varios lugares y en ese proceso el 2009 asumo la coordinación y el 2015 hicimos otra de las versiones de CLACPI, ahora como un festival que visibiliza los territorios indígenas y que coloca a los pueblos indígenas como protagonistas y no a los países, como venía desarrollándose el CLACPI hasta ahora. Fue una iniciativa que surge del movimiento mapuche, principalmente de Argentina y de Chile. Te hablo de cuando estaba Azkintúe, con Pedro Cayuqueo, con Alfredo Seguel de Mapuexpress. Éramos un buen grupo, bien pro y muy empoderados haciendo diferentes trabajos en comunicación en diferentes esferas e iniciativas.

Hicimos el 2015 una dinámica bien fuerte de trabajo colaborativo, recogiendo el espíritu de los pueblos originarios con esto del mingaco o minga, como le llaman en Centroamérica. Se trabajó con esa lógica y a partir de esa lógica nos entusiasmamos y pensamos en que sería interesante poder continuar con un festival de manera permanente, anual y con un proceso muy similar, porque es prácticamente lo mismo que realiza CLACPI, que hace todo el año actividades que permitan a distintas comunidades, gente que trabaja el tema de la comunicación indígena y organizaciones, llegar al festival y generar sinergia entre diferentes iniciativas. Esa es la lógica y la propuesta y bueno, la idea es ir sumando sellos en el sentido de que hemos venido sumando distintas disciplinas.

FICWALLMAPU ha ido incorporando diferentes disciplinas del quehacer artístico, del arte. Ahora queremos ir con la poesía y poco a poco ir generando procesos interesantes y  también reproduciendo experiencias que se dan en Montreal, donde se hace un festival de pueblos autóctonos y que trabaja con esta idea de ser un festival donde participan diferentes artistas que se convocan, de la música al aire libre, etc. Y bueno, el sello propio de FICWALLMAPU es que nosotros, a diferencia de CLACPI, que trabaja con organizaciones sociales y con colectivos de comunicación indígena; nosotros armamos acá un equipo que tuviera la responsabilidad cada año de buscar los fondos y realizar todo este proceso que es maravilloso e importante y yo creo que poco a poco ha ido cautivando a mucha gente y su fuerte es su espíritu colaborativo, abierto, de diálogo y conversación, colocando las temáticas que nos interesa por los pueblos y por el pueblo mapuche. También sumamos los afrodescendientes, sabiendo que todo esto no es solamente cine, ni solamente comunicación y proyectos, sino que son procesos, entendiendo que son iniciativas que se fortalecen en el quehacer cotidiano y conectado con las necesidades de los pueblos indígenas.

Una cosa que no podemos dejar de pensar es en la versión de este año de FICWALLMAPU. En ese sentido ¿Cómo van a enfrentar el trabajo para realizar la versión de este año, considerando lo que nos ha sucedido en cuanto a la crisis social y fundamentalmente la crisis sanitaria en la que nos encontramos?

Nuestra energía está en función de poder realizar un festival presencial, como lo realizamos el año pasado. Idealmente nosotros nos cambiamos ahora para el mes de enero, hemos hecho algunas modificaciones, hemos disminuido la cantidad de salas y como tú sabes hacemos eventos y proyecciones al aire libre de algunas películas por la noche en plazas con nuestra pantalla inflable.

Ahora la pandemia, afortunadamente, dentro de todo, a nosotros como equipo nos pilló relativamente bien, porque acabamos de trabajar en una plataforma web que nos permitiera subir todos los contenidos de las películas que hasta ahora han llegado a FICWALLAMAPU, desde el 2015, de manera de tenerla disponible para el público y nos pilló a tiempo para poder, rápidamente, salir con ella y liberar parte importante del material, gracias a la aprobación de los realizadores y productores y, como sabes, de alguna forma estamos realizando, junto con eso, en el mes de abril, “Cine en tu ruka”, que busca estimular a la gente que se quede en su casa en la medida que puede y colocarle contenido a las redes y a internet sobre la temática de pueblos originarios. Empezamos convocando a cineastas mujeres y nos ha permitido pensar desde el punto de vista positivo que podemos llegar a un público y romper distancias y límites, llegando a un público al que no estábamos llegando, así que de a poco hemos ido integrando la tecnología a nuestro quehacer.

Lo que proyectamos para el 2021, desde enero, es una modalidad mixta donde estamos preparando presentaciones presenciales y si no nos es posible y nos vemos obligados a hacerlo de manera on line, estamos trabajando para poder comprender y trabajar esa lógica, que tiene una dinámica distinta, porque deberíamos contratar una plataforma, pedir una autorización de las directoras y productoras y tener menos películas, menos tiempo y claro, con una dinámica distinta y lo que estamos desarrollando este año nos permite ir pensando en cómo poder optimizar para llegar a los públicos y audiencias del territorio que tienen problemas con la conectividad, que es algo que se ha evidenciado y ha quedado al descubierto, el desequilibrio que vive Chile, porque hay un porcentaje importante de la población que no puede quedarse en casa porque tiene que salir a trabajar y vive más hacinado, sin las condicione para poder llevar un periodo de cuarentena como se requiere y necesita, o como se supone, cómo debe ser y también está esto de la brecha digital, de que hay unos lugares donde no hay conexión y para eso nos estamos preparando: haciendo alianzas y establecer cooperación con radios y medios comunitarios y así trabajar una modalidad distinta.

El hecho de haber trabajado, de venir del analógico y haber hecho el tránsito a lo digital, por parte del equipo, creo que nos permitió también pensar en que podemos transitar entre estos estados. Vemos que hay otras alternativas de comunicación, con las que veníamos trabajando, recogiendo lo que pasaba en los 80, que tú te debes acordar, con Teleanálisis. Pensar otras posibilidades de que no estén obligados a usar internet, sabiendo que hay muchos lugares y sectores, principalmente lugares remotos, en que no hay internet. Ahí estamos trabajando para ver cómo llegamos a los lugares con otras alternativas para hacer este tránsito. De hecho vamos a intentar avanzar este 27 de junio, porque estamos preparando el wetripantu on line, donde vamos a hacer alianzas con algunas radios y medios comunitarios para poder llevar este trabajo a las comunidades y localidades que tienen estas limitaciones.

Y tú, como realizadora ¿En qué te encuentras?

Bueno, yo estoy pensando en regresar a la producción a la realización. Tengo un par de proyectos que se vieron interrumpidos con la situación actual, pero que están ahí en el horizonte. No sé cuándo, porque también hay momento y cosas que van funcionando y por cierto siempre está el deseo de regresar a los orígenes.

Pueden ver los contenidos de FICWALLMAPU en la plataforma web: www.ficwallmapu.cl/catalogo/

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