Entrevista directa arte

Entrevista de wiñol tripantu David Añiñir: “Mapurbe”

En este nuevo wiñol tripantu, como equipo de directa.cl, saludamos al pueblo mapuche con una entrevista a una de las personalidades de la poesía mapuche contemporánea que nos cuenta sobre sus interesantes inicios en el mundo del arte y la poesía de la mano de la música y las actividades políticas de reivindicación del movimiento mapuche actual, principalmente en la ciudad de Santiago y desde ahí a todo Chile. David Añiñir, quien hunde sus raíces en el territorio huilliche, nos invita a conocer su trabajo y sus vivencias en primera voz junto a uno de sus textos que podrán encontrar al final de esta interesante y divertidísima entrevista.

En primer lugar queremos saber cómo fue que nació en ti el interés por el arte y la poesía en específico.

Bueno, yo también me hago esa pregunta, y no sé si es una pregunta fácil de responder frente a una asignación de tal envergadura, como es el ser artista, cosa con las que hemos tenido prejuicios, poca comprensión de lo que es el hecho de obrar un arte. Lo que si primero puedo asegurar es que la poesía llegó a mí o yo llegué, pero primero empecé con las palabras a los once años a escribir cartas a mi mami al campo, desde Santiago a Puerto Montt y empecé a descubrir este universo escritural, que es descriptivo, luego, como todo quinceañero, empecé a escribir imágenes, mis sueños fugaces, voladas, que más que nada fueron alucinógenas estas imágenes. Después, con los veinte años se dio esta reflexión con lo que significa la palabra escrita, específicamente con la poesía con la que me fui instalando de una manera muy desordenada digo yo hasta el momento porque todo esto es autoformación. Luego empecé a descubrir a poetas, poetizas, que fueron dándole una conducción, una vibración a esto que empezaba a tomar sentido que es la palabra escrita, la poesía. Esto ocurre en el año noventa, noventa y dos, noventa y cinco en un contexto latinoamericano de reivindicación política de los pueblos originarios. Todo esto fue una propulsión fuerte entre muchas vertientes que llegaron, sobre todo lo político desde Chiapas, desde México; los peñis que estaban en Guatemala; me llegaron unos discos, unos CD de unos raperos siuk; empecé a descubrir algunos trabajos de unos peñi y lamien, indígenas de Colombia y empezó a tomar todo un sentido bajo un concepto de lo que es la reivindicación cultural, política, de derechos de los pueblos originarios en esa época. Creo que eso fue la propulsión que dio origen que me comprara el cuento de poeta y saber qué es la poesía también.

Si pudieras hacernos una referencia de tus primeras lecturas y artistas de los cuales te alimentaste para tomar esta decisión de ser poeta ¿Cuáles nombres destacarías y por qué?

Bueno, como se dice, salir del closet, del ropero, como decía Lemebel, salir a ventilar mis poemas esto ocurrió en el año 96, 98, el 98 creo que con más certeza, porque tímidamente estaba presentando mis primeras poesías en espacios públicos que son los eventos culturales en los barios, en la población y principalmente en los encuentros culturales mapuche, en las peñas, en donde me atrevía y me sucedía una situación, bien particular, muy personal, que es la satisfacción y el cerebro destrozado de nuevas sensaciones, el corazón latente y un gusto adrenalínico muy fuerte que está instalado en una zona del cerebro que es como droga, no sé que será y eso me dio más fortaleza más ímpetu de seguir haciéndolo, me gustó esa sensación, no tan sólo por la satisfacción de escribir un poema y decir que te llena, no, sino que además declamarlo. Instalarlo en un espacio público, escénico y sobre todo de un altivoz sonante que se generaba con las imágenes, atravesaban y salían por mi voz. Fui dándome cuenta de la parte histriónica de mis textos, que yo los podía configurar y eso me empezó a gustar, sobretodo viniendo de influencias como Nicanor Parra, por lo grotesco, no, por lo sarcástico, por Rodrigo Lira, por hablar de la contrapoesía o antipoesía, un lenguaje no buscado, un lenguaje que está por ahí, entremedio de la cuneta, de la calle y sobre todo me influenciaron los circuitos del rock, los circuitos musicales, los recitales, el punk, deaad metal, que sin duda se instalaron en mi universo poético con mayor fuerza y bueno, Rodrigo Lira, la Alejandra Pizarnik, de De Rokha. Fueron las letras de canciones, no sólo el rock, eh, sino todo, todo lo que tuviera música, que eran las letras de la cultura cebollera de la cual vengo, de la pobla, de lucho barrios, Palmenia Pizarro, Alberto Martínez, Ramón Aguilera y creo que mucho del canto popular que entró por mí, o sea no sé cómo se podrá cohesionar eso entre lo musical y la palabra, pero ahora entiendo de que la poesía es música, la poesía es música en sí, en fa, en re, también en sol, en la, en ti y en mi. Escribí ese haikú, una vez.

También es justo declarar que en mi infancia transcribía las canciones de la música romántica, de la música cebolla. Las transcribía a cuadernos y generalmente me dejaba llevar por esos paisajes, música, canciones, no sé, Camilo Sesto, de Lucho Barrios, de Perales, Fernando Ubiergo. Cuando conocí a Fernando Ubiergo le dije que había sido una gran influencia de sus canciones en mí y del cual tuvimos una anécdota: en un curso donde nos enseñaban, en sexto básico literatura y la profesora empezó a hablar de las canciones, de la literatura y yo le llevé una de las canciones que había transcrito. Esa vez Fernando Ubiergo había ganado la OTI con una canción que se llama “Agualuna” y eso fue un insumo para la profesora para introducirnos a la literatura, a la lírica, a la poesía, las canciones a través de esa música, esa letra que había transcrito a mi cuaderno.

Quisiéramos centrarnos en tu libro “Mapurbe” y saber ¿Cómo llegaste a este concepto y a la publicación de este libro?

En primer lugar este texto nació más o menos el año 2001, pero tiene un recorrido anterior yo creo de una década anterior, que es la década del noventa, que es la experiencia vivida en una población invisibilizada con esto de identificarse mapuche o no. Generalmente nuestros mayores nos decían que no siendo hablantes, no siendo del campo y manejando mínimos elementos de la cosmogonía mapuche, no éramos mapuche, éramos ahuincáo, el ahuincáo, el ahuincáo no es mapuche. Pienso que eso rompió mas o menos el sentido que nosotros pensábamos en la denominación mapuche y proponía la pregunta ¿Qué es mapuche hoy? Porque si bien nos mencionan los nombran como de un espacio museográfico y pasado respecto de lo que era lo mapuche. Haciendo una asepsia de lo mapuche que se viene repitiendo en términos de lo mediático cuando se habla del conflicto. Los mapuche buenos y los mapuche malos y en ese sentido lo cultural nosotros empezamos a darnos cuenta que era una población importante, juvenil, que empezó a generar estos espacios de reflexión, eventos, convocatoria a nguillatunes, encuentros culturales, a manifestaciones políticas y empezamos a reflexionar qué era lo mapuche, porque siempre se nos mencionaba con un sesgo folclorizante de qué era lo mapuche, entonces en esa época del 2000 se venía consolidando una nueva etapa del movimiento mapuche y empezamos a visibilizarnos los mapuche que estábamos en las poblaciones directamente participando en los eventos y marchas y manifestaciones públicas también en los eventos culturales, entonces empezamos a preguntarnos y cómo figuramos nosotros ahí, entonces en Cerro Navia nosotros teníamos un colectivo cultural que no nos sentíamos muy identificados con la imagen de ese mapuche rotulado tanto por los mismos mapuche y también por el discurso dado, el discurso de la academia, e discurso del Estado, que los mapuche son esto y esto y esto y paren de contar, entonces este colectivo cultural odiócratas de la población acá en Cerro Navia empezó también a hacerse estos cuestionamientos. Éramos varios integrantes, artistas precoces, incipientes dentro de esta reflexión cultural al interior del pueblo mapuche y con timidez nos acercamos a las organizaciones mapuche y empezamos a preguntarnos si no somos la mapuchicidad que se valida y que e s la de las comunidades o lo que consagra de los mapuche que fueron, entonces ¿Qué cresta somos nosotros? Y en una noche de esas compartiendo ciertas degustaciones -¿Y si no somos mapuches de allá, y si no somos mapuches de acá y dónde cresta estamos?- y nos denominamos mapurbe. Y salió una risotada bien fuerte ah “buena!”, “muy bien!”. A eso le hicimos  un lienzo de unos cinco metros. Hacíamos hartos lienzos en esa época, para las manifestaciones y colocamos MAPURBE en este colectivo también éramos garreros, gente de la barra brava del colo. Yo vivo en la población Colo-Colo acá en Cerro Navia, entonces casi la mayoría era de la barra y también empezamos a visibilizarnos más con estos lienzos esta forma de ser mapuche cruzados por el rock, cruzados por la música popular, por las expresiones culturales no mapuche y así nació el poema “Mapurbe”, donde también, una amplia población nacida en la ciudad –pienso que somos la primera, bueno, entre la primera y la segunda generación de mapuche hijos del éxodo forzado que tuvieron que realizar nuestros mayores en los años 60, entonces el texto y su imagen y su provocación empezó a agarrar sentido, mucho, en las actividades mapuche y en la actividades no mapuche también, en las universidades, empezamos a incorporar música a estas lecturas o tocatas que hacíamos con lienzos, colocamos música mapuche, nos fusionábamos con bandas de rock, entonces lo mapurbe empezó a tener significación en una amplia población mapuche juvenil y también sentido tanto en la propuesta de revisión histórica del propio proceso y también preguntarse qué era lo mapuche en esa actualidad. No éramos solamente citas de grandes académicos, no, o figuras de un museo, entonces la provocación del texto instó a indagar con mucho ahínco esto de cuestionarnos el sentido de pertenencia e identidad mapuche contemporánea y al alero de ese texto empezaron a sumarse un recorrido de otros textos elaborados durante este proceso de participación política para finalmente el año 2002, 2003 ya configurar veinte poemas y fue el primer librillo autoeditado en el año 2005 “Mapurbe. Venganza a raíz” y luego, el año 2008, 2009, figuras, pensadores, intelectuales mapuche de la academia empezaron a tomar en cuenta este texto. He recorrido comunidades, universidades, centros culturales tanto en Santiago como en regiones, comunidades en el sur y empezó a tener simpatía y a tomar sentido entre los demás peñi del sur y bueno, la academia instaló esto y decidió publicarlo en la Editorial Pehuén, la que después tomó ya una figuración mucho más masiva a través de los textos de educación

¿Cuál es tu relación entonces, desde la población Colo-Colo, desde Cerro Navia, desde Santiago con la tierra y especialmente con fechas y momentos de la naturaleza como es lo que se nos viene en días más, como es el nuevo wiñol tripantu?

Mi relación con la naturaleza es desde el día que nací, un día domingo a las nueve de la mañana. Llovía caleta. Nací asfixiado. Casi no sigo, ah. Quedé con cuatro sentidos. Nací ahogado y mi relación con el mundo mapuche yo creo que se da desde niño porque mi barrio, mi población, como te contaba, no, es una población importante de parte del éxodo de este proceso migración forzada (bueno, por falta de tierras también), entonces acá se daban prácticas culturales con el híbrido, claro, se conmemoraba San Juan, se hacían estos juegos de la papa, del papelito cortado, igual este encuentro de la sopaipilla de atún, amanecías, üllkantún, chupaderas, harto mapudungún, compartíamos una relación con la gente mapuche, con prácticas mapuche, siendo nosotros, o sea, el tuwún de mi mamá es en Puerto Montt. Puerto Montt, otro proceso huilliche y con mi padre, que él falleció cuando nosotros éramos niños, entonces siempre tuvimos una relación de afecto con la mapuchada. En el barrio fuimos marcados como el pasaje de los indios y esto, lo actual, la relación con el wetripantu, wiñol tripantu, no es algo que se tuviese antecedentes, nos pasaba por el híbrido de San Juan. Esto fue parte del proceso que instaló el Consejo de Todas las Tierras cuando se inició esta nueva etapa del movimiento mapuche contemporáneo y bueno, a fines de la dictadura y entrando a la dictadura cuando se emancipó del movimiento social el movimiento mapuche y empezó a instalar sus propias reivindicaciones de derechos, no, y viene todo este auge no menos social, que no fue mapuche tampoco, fue latinoamericano respecto de las reivindicaciones de los pueblos originarios. Ahí calamos nosotros, la figura del momento era Aucán Huilcamán, el movimiento de Quinquén, la recuperación territorial en Quinquén y una de las ganadas que se obtuvo en esa época, que se mantiene igualmente vigente y le da nuevo vigor al movimiento mapuche, la wenu folle, la bandera y el wiñol tripantu, que tímidamente empezó a instalarse, no, al interior del mundo mapuche y a la sociedad en general y ahora, hoy, se instala como una fecha importante en los jardines infantiles, en las escuelas, en las universidades, en las comunidades estaba instalado esto y nosotros formamos parte de esa vinculación, de esa construcción cultural nueva, de rescate del wetripantu. La relación con la tierra, con la gente, con mapuchicidad directa se da con la zona huilliche, desde San Juan de la Costa hacia el sur. Mi madre, de Llanquihue, de la localidad de Fresia, de la comuna de Fresia, y de niño estuvimos transitando esos espacios, teníamos una configuración también con lo que es la identidad huilliche, que tiene sus procesos; no es lo mismo que le sucede a los lafkenche o a los pehuenche, que participaron de otros procesos, quizá. Entonces hemos estado en contacto con la tierra, con la naturaleza, cosa que es muy complicada, muy compleja porque la gente hoy en la zona donde vive mi madre hoy, de donde viene, está toda forestada, está toda vendida y la gente, las generaciones del campo de donde viene mi mami, que le sucedió igual a ellos están todas viviendo en las grandes ciudades, , en las poblaciones, trabajando en la industria salmonera y un proceso que le ha sucedido a distintas identidades mapuche, lafkenche, pehuenche, nagche, picunche y huilliche también. Eso es el proceso que hemos estado viviendo y manteniendo en esta experiencia que ha sido todo el proceso que le ha sucedido a la mapuchada de estas dos o tres décadas.

LEFIMAN

Hubo esos días en los cuales tú no sabes si el sol se equivocó al salir o al entrar.

Hubo esos días R de revuelta, cuando la sangre revienta por los ríos o simplemente revuelve su cauce río arriba por puro gusto y disgusto.

Hubo noches llenas de sueños donde nunca supimos de asesinatos y el hogar no pasaba de ser tan sólo un catre donde empotrar el cuerpo.

Hubo visiones, Perimuntú, alusiones y esquizofrenias que no fueron de categoría y diagnóstico médico.

Hubo de esas donde la piel se mimetizaba con la noche y el futapewma, sin que ningún perro salga con su Fusil AK-47  y te ladre a media noche: “¡Carabineros de Chile, andando indio conchetumadre!”.

Hubo recuerdos evocados para enseñarnos cómo se debía obrar

donde el cerezo aún nos enrojecía el beso

y los viejos no sufrían porque uno se ausentara.

Hubo mágicos movimientos estelares bajo los cuales se podía distinguir claramente cómo antiguos cometas barbechaban la tierra de allá arriba, y hacían llover para regar nuestra seca carne mientras los arcoíris peinaban las nubes: su chasca de espuma.

El tiempo pasado fue mejor, musitaba la larva rumbo a ser mariposa debajo del tronco herido.

Hubo esquinas plagadas de fuego por las noches para puro celebrar la trawunión de amigos y qué más da.

También hubo diamantes que colgábamos en el pecho para no extraviarnos en el río de plata mientras nadábamos precoces en el paraíso depredado ¡Ya poh Lefiman, pégate la cachá! engulle esta plegaria, enjuágate la sonrisa y los ojos para ver nuevamente lo que falta por construir…

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba