El Estado Del Arte

Karina Santos Lara: humor y política.

Hoy conversamos con la académica Karina Santos Lara, periodista especializada en humor en su campo teórico. En la actualidad integra fundaciones nacionales e internacionales que investigan sobre esta importantísima dimensión humana y su relación con diversos aspectos de la vida social y cultural. Con ella analizamos el caso de militares opinando contra un sketch, el humor en tiempos de pandemia y sobre los aspectos del humor a incluir en la redacción de la nueva constitución.

Hace un par de días supimos de dos hechos que han afectado gravemente el derecho a la libre expresión y al derecho a la comunicación. Uno, el ya comentado caso de presiones por parte de La Moneda en la figura de Magdalena Díaz, jefa de gabinete de Piñera, que el viernes 19 de marzo llamó  a los dueños de La Red para reclamar después de que Alejandra Matus expusiera los alcances del reportaje llamado Caso Enjoy en el programa Mentiras Verdaderas. El segundo  episodio, ocurrido un mes después, Sergio Gutiérrez Sepúlveda, General de Brigada y Secretario General del Ejército, a primera hora del domingo el 18 de abril recién pasado envía una carta a la misma estación televisiva denunciando  injurias en el sketch del espacio “Un militar de verdad”, del programa Políticamente Incorrecto de La Red. En palabras del General Gutiérrez: “la manera en que se denosta al Ejército y a sus integrantes no demuestra otra cosa que el ánimo de deslegitimarlo y degradarlo , aprovechando la facilidad que le otorga para ello un medio de comunicación, reflejando además ignorancia del quehacer institucional y del sustantivo aporte que diariamente llevan a cabo miles de militares en aras del desarrollo nacional en distintas áreas, que desde ya, le invitamos a conocer”.

Las cartas de las tres ramas de las Fuerzas Armadas  enviadas el 18 de abril recién pasado contra el sketch “Un militar de verdad”, del programa Políticamente Incorrecto de La Red, justificadas por el gobierno mediante las declaraciones de su Secretario General de Gobierno Jaime Bellolio, si bien es cierto vulneran la libertad de expresión y el derecho a la comunicación, también abordan lo que es la censura del humor como una manifestación humana básica. En este sentido ¿Qué comentario te merece que un general del ejército envíe una carta de reclamo por un sketch a un canal de comunicación, desde la perspectiva del humor?

Me parece un chiste la reacción, reí en cada una de las declaraciones. Podríamos decir que si bien entre “broma y broma, la verdad se asoma” (para el sketch) entre verdad y verdad una broma se esconde (para las figuras de poder). Aquí hay un juego político-filosófico operando desde ambos lugares, pero con elementos basales en común. Por una parte, citando a Slavoj Zizek (2015), mis chistes son mi filosofía, es decir, asumimos una posición de significaciones de la realidad que nos posicionan en las múltiples dimensiones de nuestro ser (ideologías, emociones, experiencias vitales y todas las que seamos capaces de habitar) y desde ellas (¡por ellas!) vamos construyendo nuestros marcos ético-estéticos. Y, es de Perogrullo decirlo (pero siempre las perogrulladas son necesarias de pronunciar), todos somos seres tan, pero tan diferentes, que esas éticas-estéticas son directamente proporcionales a la cantidad de humanos que las gestamos. Por otra parte, es necesario adentrarse a la base ontológica de la sátira. Cito aquí a Peter Berger (1997) la sátira es “lo cómico como arma”. Esto me hace recordar una tremenda frase del caricaturista argentino radicado en España, Darío Adanti, quien en su libro Disparen al humorista. Un ensayo gráfico sobre los límites del humor (2019) dice: “El mejor satírico es el satírico muerto”. Quien hace humor, sabe cuál es su arma y cuáles son sus balas disponibles (y necesarias) para llegar directo al blanco.

En este caso, al parecer, estaríamos jugando a delimitar los alcances del lenguaje satírico. Aquí me gustaría citar a mi querido colega de la Red de Investigación y Estudios del Humor (RIEH) Jorge Montealegre quien define la sátira como: “una representación crítica, irreverente y burlesca de la realidad. Crítica porque manifiesta una opinión, generalmente disconforme, respecto de lo representado. Irreverente, porque desacraliza; resta formalidad a situaciones consagradas como dignas de un trato solemne. Esta irreverencia rompe o disminuye las jerarquías (se niega a la reverencia) haciendo el diálogo más horizontal. Burlesca, porque detecta y revela los aspectos cómicos que encierra la risa pública con mordacidad. Por último, la sátira es una representación de la realidad, porque tiene un anclaje en ella y propone asociaciones pertinentes con dichos o hechos reales” (2008). Tenemos la historia de Occidente para ejemplificar que la sátira cumple una doble función: por una parte ser ese espacio para fugar nuestras emociones contenidas reprimidas, contrariadas, nuestras molestias (recordando, nuevamente, a Montealegre y su idea de túnel) y, por otra, un espejo de la realidad como lo señalara mi colega argentina Mara Burkat quien a través de sus interesantes investigaciones da cuenta de las representaciones e imaginarios sociales que su cultura expresa a través de la caricatura (para ser justa, Montealegre también lo hace en nuestra producción satírica chilena).

Siento que lo dicho por el poder (gobierno y militares varios) en esta ridícula protección a la libertad de expresión es como si mi mamá me hubiera dicho en mi juventud -“hija, tienes derecho a decir lo que quieras, de expresarte en libertad, de ser quién quieras ser…” y yo le hubiera contestado -“gracias vieja culiá que me tienes harta con tu genio” y ella, en su libertad y derecho de libre expresión me responde con un castigo… Así no más vamos con la libertad de expresión chilena… (éste era el chiste que veo desde el inicio).

Cierro esta pregunta con una profunda satisfacción y alegría: no hay nada más bello que ver cómo el humor satírico, “políticamente incorrecto” ha incomodado a su blanco. Me regocijo como ciudadana, como estudiosa del humor, como humana ante estas reacciones, pues la transgresión (entendiéndola desde una perspectiva foucaultiana) está evidenciando cuáles son esos límites y cánones que tensionan las relaciones de poder.

¿Cuál es el rol que el humor ha tenido en tiempos de pandemia?

Para esta pregunta, quiero compartir mi experiencia de este último año como docente de humor en la Universidad de La Frontera (donde llevo diez años de trayectoria). Desde el año 2017 y hasta hoy, imparto “Humor en Equipo”. Es un electivo de formación general (orientado para todas las carreas y años) que fortalece la habilidad de trabajo en equipo y liderazgo. El curso se divide en dos grandes unidades: la primera aborda todo lo que es teoría y epistemología del humor; y, la segunda, la sátira. En todo el proceso los estudiantes analizan y crean humor, pero la guinda de la torta está en el proyecto final que es crear un audiovisual satírico de temáticas que para ellos son incómodas. Aquí se ha disparado a diestra y siniestra a todas las figuras de poder, pero también a estereotipos o comportamientos sociales (y muchos temas más). Luego de toda esta experiencia, al finalizar el electivo, ellos completan una encuesta de la experiencia vivida. Hasta ahora van tres versiones de este electivo de manera online, justamente debido a la Pandemia. Entonces para responder a esta pregunta, comparto algunos datos obtenidos a partir de esta encuesta y que estamos trabajando con mi colega de la Fundación jaÜja, Javiera Peña, titulado: El humor como túnel emocional: percepción de los estudiantes sobre clases virtuales de humor en Pandemia. La muestra de los participantes fue de 159 y en ella se les hizo, entre otras, las siguientes preguntas: (1) ¿Qué ha significado para ti esta asignatura durante la modalidad de clases virtuales en tiempos de pandemia? (2) ¿Qué importancia ha tenido para ti estudiar, crear y reflexionar sobre lo cómico-humorístico en tiempos de pandemia? (3) ¿Qué valor tiene lo cómico-humorístico para tu vida cotidiana? (4) ¿Cuál ha sido el mayor aporte de la asignatura para tu vida? Las respuestas, debo reconocerlo, superaron lo que podría esperar de mi modesto curso. Para mis estudiantes el rol del humor fue fundamental para sobrellevar su semestre académico, ellos esperaban la clase de la semana que les permitiera reír, crear humor, compartir en esta “comunidad de la risa” (en palabras de la colega polaca de la ISLHHS[1], Joanna Wilk-Raciesca). Por lo tanto, el rol del humor vendría a ser ese punto de fuga necesario para enfrentarse a lo adverso que también se le denomina desde la psicología como un estilo de humor de autoafirmación (Rod. A. Matin, 2008) y, por otra parte, una construcción de comunidad, de lazos emocionales positivos que promueven el goce, el placer de compartir y celebrar la vida en un contexto adverso o como lo señala Montealegre (2018) en su bellísimo libro Derecho a Fuga. Una extraña felicidad compartida (2018) sobre testimonios de presos políticos en la Dictadura de Pinochet donde se releva el sentido de la resiliencia comunitaria.

¿De qué manera se puede, desde el humor, contribuir en la redacción de una nueva constitución? Ó, dicho de otra manera ¿Qué aspectos del humor deberían incorporarse en la redacción de una nueva carta Magna para el país?

Creo que las dos preguntas dialogan desde una perspectiva metodológica y una temática. Parto con lo primero, digo metodológico en cuanto a considerar otro tipo de formas de construir aquellas relaciones con las bases que serán consultadas, las discusiones, la puesta en común, la interacción entre los participantes… ¡Alto! Creo que al ir imaginando esto siento que estoy pidiéndole peras al olmo, parece que nuestra sociedad no está aún capacitada para comunicarse con humor como en Argentina, Inglaterra u otras sociedades (y, por favor, distingamos de la idea de atenuar con humor). Así es que, con esta frustración (y utopía para nuestra sociedad chilena), paso a la segunda pregunta y respondo: el humor DEBE ser considerado en las artes, en la salud y en la educación. En las artes se le considera como un arte menor que alimenta a las otras, basta con mirar las bases de los Fondos de Cultura donde vemos que no hay espacio para los creadores del humor (caricaturistas, comediantes) ni para nosotros los estudiosos de lo cómico-humorístico. En la salud, debe de considerarse como un tema preventivo y de apoyo a las terapias (y no sólo en la salud mental), los estudios sobran para argumentar esto; y, finalmente, en la educación, más que el humor en sí como metodología de enseñanza-aprendizaje, es las emociones y la creatividad como metodología. En cualquiera de los tres aspectos me siento un poco soñando y persistiendo con las peras. 

Bibliografía mencionada:

Adanti, Darío (2019). Disparen al humorista. Un ensayo gráfico sobre los límites del humor. Argentina, Editorial Planeta.

Berger, Peter (1999). Risa redentora. La dimensión cómica de la experiencia humana. España, Editorial Kairós.

Martin, Rod. A. (2008). La psicología del humor. Un enfoque integrador. España, Orión Ediciones.

Montealegre, Jorge (2008). Historia del humor gráfico en Chile. España, Editorial Milenio.

Montealegre, Jorge (2018). Derecho a fuga. Una extraña felicidad compartida. Santiago, Asterion.

Zizek, Slavoj (2015). Mis chistes, mi filosofía. Argentina, Anagrama.

*Karina Santos Lara es Fundadora y Directora Ejecutiva de Fundación jaÜja, Centro de Estudios Humorísticos; cofundadora de la Red de Investigación y Estudios del Humor (RIEH, Chile) y Secretaria Ejecutiva de la Sociedad Internacional de Estudios del Humor Luso-Hispano (ISLHHS). Periodista de formación; Magíster en Ciencias de la Comunicación y actual doctoranda en Ciencias Humanas mención Discurso y Cultura en la Universidad Austral de Chile, Valdivia. Desde el año 2011 es docente de diversas asignaturas de humor en la Universidad de La Frontera (Temuco) y facilitadora de talleres de humor y comunicación.


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