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Alejandra del Río Lohan*: “Renegué de Neruda, me cansaba su voz, tuve una saturación, solo toleraba “Residencia en la Tierra” y empecé a buscarle fallas; su machismo, su personalismo, su omnipresencia”

En esta oportunidad conversamos con Alejandra del Río Lohan, una de las más destacadas poetas chilenas de la generación de los 90, autora de una obra poética in creccendo que aborda a través de sus libros temáticas y dimensiones como la poesía política o la educación poética. Con ella abordamos estos temas y su relación con la vida y obra de Neruda, como uno de sus referentes iniciales y que se mantiene en el horizonte de esta autora hasta el día de hoy.

Es muy interesante que de la mano de Victoria Castro, una de tus profesoras de infancia, te internaras a la literatura y específicamente a la poesía de Pablo Neruda. Cuéntanos, por favor ¿Qué aspectos de la obra de Neruda te marcaron de tal manera que podamos encontrar en la actualidad de tu vida y poesía?

Tuve la suerte de tener una experiencia positiva con el lenguaje poético a temprana edad. Responder las preguntas de Pablo Neruda resultó un reto placentero para mi inquieta mente de niña de 8 años. Acepté que la poesía es un juego que va más allá de la respuesta correcta. Una pregunta formulada dentro de una lógica poética perfecta que, sin embargo, me hacía saltar sobre la lógica del mundo para responderla. “Si todos los ríos son dulces, de dónde saca sal el mar?” para mí la pregunta era plausible pero debía hacer a un lado la racionalidad para responderla. Este “hacer un lado” de la racionalidad hace posible la poesía y es una experiencia definitiva para el cerebro infantil de antes de los 9 años que en su esfuerzo por crear una hipótesis cae de lleno en el terreno de lo poético.

El pez-salero, las lágrimas de los niños pobres, la máquina saladora…las ideas creativas surgen al forzar el pensamiento lateral. A los adolescentes y adultos les cuesta más responder este tipo de preguntas, suelen sentirse irritados porque no pueden dar respuestas convencionales sino que se ven exigidos a aventurarse con algo alocado o ingenioso. Las inhibiciones dificultan el realizar esta operación transformadora. Pero los niños y niñas, especialmente antes del rubicon, no tienen estas inhibiciones, al contrario, la experiencia les fascina y solo refuerza lo que sabemos: que poesía, juego e infancia están relacionados en un sentido que involucra la capacidad misma de pensar y crear ideas nuevas y originales.

De hecho, las preguntas de Neruda tienen algo en común con las famosas preguntas Koan del budismo Zen. Estas son preguntas que establece el maestro al discípulo para que alcance la iluminación, como por ejemplo: “¿dónde está lo dulce: en el melón o en la lengua?” Por mucho que el discípulo se esfuerce en encontrar la respuesta correcta, esta nunca se encontraría en la lógica racional, sino en trascenderla y en ese proceso llegar a un espacio (subjetivo) donde un mundo diferente (iluminado) es posible.

Cuando yo empecé a desarrollar la Educación Poética en Alemania, recordé esta experiencia de responder las preguntas de Neruda y ella me permitió comprender cuán importante es una experiencia feliz con el uso del lenguaje a temprana edad para  aprovechar el poder creativo como motivación para el aprender. Creo que mi profesora fue una genio al desarrollar esa didáctica dialógica y creativa, confabulando con un poeta que estaba presente en mi familia y en el medio en el que yo crecí, haciendo significativo el encuentro con su poesía para todos los niños que estuvimos en ese curso.

De hecho, ya que me lo preguntas, tuve una relación cercana con Neruda. Mi imaginación era tan viva y reales las historias que nos contaba la profesora sobre su vida (para mí un relato mítico) que a veces me parecía verlo rondando mi casa. Mi primer libro de poesía fue el Canto General (edición clandestina). Me eduqué con Alturas de Machu Pichu y la versión musical de Los Jaivas, sound track de mi infancia. Después renegué de Neruda, me cansaba su voz, tuve una saturación, solo toleraba “Residencia en la Tierra” y empecé a buscarle fallas; su machismo, su personalismo, su omnipresencia. Neruda me irritaba y Silvio Rodríguez también, todo lo que tuviera que ver con la cultura de izquierda en la que me crie. Estuvo bien, sin esa irritación de por medio no me hubiera adentrado en otras poéticas y mis influencias serían menos variadas.

En cierto momento leí en paralelo a Neruda y Mistral y los iba encontrando como opuestos complementarios, como un padre de sol y una madre de sombra, y de a poco fui abandonando esa idea noventera de “matar al padre” para resolver la angustia de las influencias, por una idea más sistémica y amorosa: podía tomar de ellos lo que necesitara para crecer ¿para qué tanto psicoanálisis? Mi voz no tenía por qué sentirse amenazada por un padre o una madre como para matarlos con el fin de ocupar yo su lugar. Sentí que podía con tranquilidad ponerme en mi lugar, honrar la grandeza de ese padre y esa madre y seguir mi propio camino sobre la base de los mayores pero sin complejos porque acepto que ellos son los mayores. Así que hoy soy capaz de disfrutar a Neruda, como quien vista a un viejo padre para escuchar una vez más las historias que lo formaron.  

 Sabemos también que desarrollas tu trabajo en el área de la educación poética. Para quien no conoce y quisiera saber ¿En qué consiste la educación poética?

La educación poética es una metodología de enseñanza integral del lenguaje con base en la expresión propia de niños y niñas. Es muy divertida, para estudiantes y profesores. Se adapta al aula, para hacer en familia, por internet o en grupos que se juntan a escribir. Lo relevante no es el producto literario en este método, sino el proceso de adquirir el lenguaje para crear, comprender y transformar el mundo. En todas las formas posibles, desde la oralidad hasta la escritura creativa para que lleguen a ser lectores comprensivos que leen para leer el mundo, como diría Freire. La poesía es una práctica que favorece el desarrollo del pensamiento cuando se propone como camino exploratorio y lúdico y, más allá de descubrir los niñes poetas talentosos, que los hay y tienen unas características especiales, permite a todo niñe vincularse estéticamente con las palabras, a la vez que le provee de una manera eficaz de gestionar su subjetividad y expresión de emociones, que estará siempre disponible.   

Hace un par de años me hablaste de la importancia del libro “Arte de pájaros” y la importancia que le otorgabas a la condición de vidente y vaticinador del poeta en ese libro ¿Aun mantienes esa visión acerca de ese libro?

Me alucinan las mil caras de Neruda, qué sanador fue para mí descubrir en “Memorial de Isla Negra” que estaba integrando idealismo y materialismo, en una suerte de apertura hacia una filosofía de materia espiritualizada que luego descubrí en “Arte de Pájaros” en su máxima expresión. Es un mirar la naturaleza con curiosidad y deseo de comunicarse con ella. En la descripción de los pájaros trata de penetrar su personalidad o al menos interpretarla por asociación u observación directa. La poesía se vuelve un acto de conocimiento intuitivo.

Así en el poema “El vuelo” Neruda alude a los pájaros como sus maestros del vuelo, veo una semejanza con la visión chamánica del mundo que plantea que existen espíritus benéficos que toman la forma de animales, especialmente aves, que llevan a volar al chamán a dimensiones más elevadas de la existencia por un motivo de aprendizaje. Esta es la actitud de Neruda frente a los pájaros: de aprendiz, se deja enseñar por ellos y el resultado es el conocimiento directo que permite la poesía.

Otra cosa, en “Arte de pájaros” hay una suerte de ornitomancia porque Neruda a través de los pájaros dice misterios, como en el poema del “tontivuelo” (un pájaro inventado) el pájaro dictador que se jacta de que “no vuela ni una abeja sin que yo lo sepa”, verso que impacta y confunde por la fecha de escritura de ese poema, por los años 50, Neruda ya había tenido la experiencia de dictadores, sin embargo la similitud con una de las amenazas de Pinochet (“no se mueve una hoja sin que yo lo sepa”) es escalofriante. Puede que sea casualidad también, pero no creo, todo está conectado y en ese libro Neruda estaba conectado.      

El punto ineludible: ¿Podemos separar a obra de la vida del autor? Y esto te lo pregunto a propósito del texto donde Neruda consigna haber cometido una violación ¿Qué nos puedes comentar al respecto?

Creo que no se puede separar la vida del autor, pero sí se puede dejar de considerar a los poetas como dechados de virtudes o como algún tipo de héroe que haya que defender o, por el contrario, ofender. Ningún poeta llega a serlo porque sea bueno o sano. Neruda es un hombre de su tiempo, ni más ni menos, y así como confiesa que forzó a una mujer y que estuvo mal, también sabemos que por su gestión se salvaron miles de españoles perseguidos por Franco en el barco Winnipeg, entre muchas otras cosas humanas de diverso calibre que hizo a lo largo de su fecunda vida. De todo lo que vivió, de sus altos y bajos, de sus cambios e intensidades, de alturas y miserias escribió Neruda y yo me quedo con eso, que nada humano le es ajeno y puede ser abordado en la poesía.     

¿Qué relevancia para el país podemos encontrar en la obra de Neruda actualmente?

Independiente de que su obra sea lo suficientemente universal como para que cada uno encuentre algo que le identifique, es hora de que se lean y rescaten otros y otras poetas que Chile ha dado con generosidad, poetas que permanecieron a la sombra de esta figura todopoderosa y hegemónica que tanto inspiró como opacó a muchos hasta hoy. La poesía en Chile es como un tesoro que permanece oculto y que de pronto alguien descubre y reparte para enriquecimiento de muchos. Tal está siendo el caso de Mistral que, tras décadas de ser estereotipada, se la está empezando a aprovechar en su legado poético-político recién ahora.

Sospecho que en el caso de Neruda esto que aparece en “Arte de Pájaros”;  un Neruda conectado y en comunicación, siendo discípulo, hermano de las creaturas, no ya para explotarlas sino para preservarlas en honra y aprecio, creo que será algo que necesitaremos cultivar para sanar nuestra relación con la naturaleza. Al igual que la manera empática y fraterna con que Neruda mira a las personas humildes, validando sus anhelos de justicia social y vida digna, como el luchador que fue, siempre apoyando a los trabajadores y desposeídos. Pero también el amor con que describe las cosas sencillas y cotidianas, cuando se detiene en un pan o una bicicleta, esa mirada sobre “las cosas sin pureza”, que han sido marginadas de las posiciones hegemónicas. Ese amor por la tierra que se llama Juan (muy brechtiano ese poema) tanto tiempo excluido y que hoy está volviendo a ser protagonista.            

* Alejandra del Río Lohan (Santiago, 1972) es una poeta de la generación del noventa. Es licenciada en Lengua y Literatura por la Universidad de Chile y Master of Arts por la Escuela de Trabajo Social Alice Salomon Hochschule de Berlín. Su trabajo como didacta de escritura creativa la ha llevado a difundir la “Educación Poética Temprana” entre niños y profesores en diferentes partes del país. Con formación en terapia poética antroposófica, psicología humanista transpersonal y sanación energética, es especialista en terapias expresivas. Actualmente desarrolla su propio método de escritura terapéutica, tanto para grupos como en forma individual en su consulta privada.

Del Río es autora de los libros de poesía “El yo cactus” (1994), “Escrito en Braille” (primera edición 1999; 2° edición 2020 EUV), “Material Mente Diario” (2009), “Dios es el Yotro” (2010), “Llaves del pensamiento cautivo” (2015), “Dramatis Personae” (Editorial UV, 2018) y “Capuchita Negra” (2019). Sus poemas han sido incluidos en numerosas antologías de poesía, nacionales e internacionales. También es autora de los libros infantiles “Un forastero en el panal” (2004) y “El club de la tinaja” (2004)

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