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Eduardo Rapimán Marín, artista visual: “Los artistas podrían desplegar y desarrollar nuevas prácticas al servicio de esta transformación social”

En esta oportunidad conversamos con Eduardo Rapimán Marín, destacado pintor mapuche, que ha expuesto en Chile y el extranjero, cuya obra se liga íntimamente con la historia y el sentimiento del pueblo originario al cual pertenece, dotándolo de una mirada contemporánea, absolutamente en línea con los estándares y exigencias de los circuitos más exigentes del arte internacional.

Primero que cualquier cosa, quisiéramos saber, en tu calidad de artista ¿cómo ha sido la situación de las y los artistas de la región de La Araucanía, desde el estallido o revuelta social del 2019 y la pandemia del sarscov-2 y sus variantes, hasta el momento?

Lamentablemente las dificultades para crear y desplegar el trabajo creativo viene de mucho antes del estallido social y que se ha acrecentado con la pandemia. Con muchos ejemplos se puede apreciar que un problema sanitario de estas características tiene medidas improvisadas que erráticamente permiten la conglomeración de gente en el transporte, antesala de los bancos, incluso servicios públicos, pero los espacios de difusión cultural como teatros, salas de exhibición, conciertos, quedaron cerrados y en la absoluta inopia. Podemos apreciar  bares y restaurantes que han recibido respaldo económico pero los artistas que costean sus vidas amenizando estos espacios han quedado en una dramática indefensión. Son cientos las voces de creadores y un andamiaje de trabajadores del arte que simplemente no han tenido respuesta pues los modelos de cómo se ejerce el arte y la cultura en regiones no se condice con las industrias culturales y menos con planes de negocios.

¿Cuál crees es el mayor problema que deben enfrentar las y los artistas, gestores y cultores tanto para desarrollar su obra en regiones y poder sobrevivir de su arte?

La creación artística actual es un oficio de alta exigencia, tanto el tiempo de aprendizaje, así como el desafío de cómo cultivar talentos, saber comunicar y articularse en una comunidad cultural, requiere el despliegue de múltiples capacidades que se logran dedicando todo el tiempo a una comprometida vocación, esto no se condice con el reconocimiento social y la consideración al artista como trabajador. El arte cumple un rol social en la difusión de memorias y conocimientos y el artista, en su propia naturaleza, es un servidor público. Pienso que la institucionalidad debe volcarse a comprender al artista como agente clave de la transformación social y relevar su experiencia como profesionales autoformados, respaldarlos en los ámbitos laborales y de empleabilidad.  Sin embargo la poca articulación de los artistas como sujetos de derechos, como también el paradigma neoliberal, han reducido las expresiones del arte como hobby, show alegóricos, decoración o simplemente eventos catárticos sin contenido.

¿Qué proyecciones y expectativas tienes respecto al próximo gobierno en materia de arte, las culturas, los patrimonios y las economías e industrias creativas?

Altas expectativas, no solo por un programa atingente y en sintonía con la ciudadanía cultural sino también por las posibilidades que nos pueda dar el marco de una Nueva Constitución. Esto es clave, pues permitiría ampliar la mirada de la diversidad cultural que históricamente nos constituye, nuevas herramientas y derechos para abordar la relación del arte, el patrimonio y el complejo discurso de las industrias culturales. Los artistas podrían desplegar y desarrollar nuevas prácticas al servicio de esta transformación social, sobre todo en la comprensión de la pluriculturalidad y los nuevos derechos que se están consagrando.

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